1 de junio 2010 - 00:00

Escándalo mundial: penoso tour de los barras en Sudáfrica

Buenos muchachos. La imagen que tomó TN es clara: los simpatizantes llegaron a la concentración de la Selección y fueron recibidos. Le puede costar el puesto a Bilardo.
Buenos muchachos. La imagen que tomó TN es clara: los simpatizantes llegaron a la concentración de la Selección y fueron recibidos. Le puede costar el puesto a Bilardo.
En el fútbol argentino ya nos acostumbramos a que los barras bravas tienen privilegios y cuando se buscan responsables todos juegan al gran bonete: «Yo señor, no señor». Esta vez parece que la sangre llegará al río, porque la presencia de los barras bravas en el avión que viajaban los jugadores y ayer en la concentración para retirar dos bolsos con banderas «que se confundieron con los de la Selección» hicieron que Julio Grondona reaccione y le ponga punto final a la situación.

El presidente de AFA llega el jueves a Pretoria y dicen que rodaría la cabeza de Carlos Salvador Bilardo, el director general de Selecciones. A él apuntan todas las miradas y aunque el domingo declaró «no conocer» a los barras, todos los testigos (incluidos algunos periodistas que viajaron en el mismo avión) lo vieron charlar amablemente con ellos.

Además, los dos bolsos eran idénticos a los de la Selección nacional, por lo que no parece casual que se mezclaran con la utilería (sería una forma de pasarlos sin revisar).

Grondona está muy enojado por la trascendencia pública que tomó la cosa y por el «garrón» que se está comiendo cuando él les había pedido a todos los dirigentes que no colaboren con las barras. Encima fue denunciado como responsable por la ONG de Familiares de Víctimas por la Violencia en el Fútbol (FAVIFA), patrocinada por el abogado Juan Manuel Lugones.

En 1986, la Agencia Dyn hizo una investigación seria que demostraba cómo algunos dirigentes, algunos jugadores, parte del cuerpo técnico y algunos políticos habían solventado el viaje de un grupo de barras a México, que incluso en el caso de los de Boca que manejaba «el Abuelo», volvieron a la Argentina para ver a su equipo y regresaron a México. Se hizo la denuncia a la Justicia y nunca salió del cajón del olvido.

Ahora hay una indignación general que puede hacer que esta vez se investigue en serio y que la Justicia actúe si hay delito. Es cierto que las autoridades de Seguridad no pueden impedir el viaje de los barras si no tienen cuentas pendientes con la Justicia, pero también es cierto que no se puede darles entidad como lo hizo ayer el jefe de Seguridad, Pablo Fernández (teniente de la Policía Federal), al recibirlos en la puerta de la concentración. Y hasta trascendió que habían pedido dinero para la estadía.

Los barras bravas se sienten los dueños del fútbol, creen que son más importantes que los jugadores («esta hinchada se merece ser campeón») y en vez de combatirlos se los alimentó haciéndolos figuras célebres. Es hora de que las cosas se pongan en su lugar.

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