14 de noviembre 2014 - 00:00

Europa, de nuevo en una encrucijada

 La Unión Europea no sale de su atasco. Ya no se puede culpar a Lehman y a los desaciertos del capitalismo anglosajón. Tampoco tiene nada que ver la corrida contra la deuda soberana de la periferia. El BCE de Mario Draghi, dos años atrás, contuvo la embestida con la promesa de hacer lo que hiciera falta para salvar la moneda común. Y alcanzó con su palabra. Menos mal: como se escribió en su momento, no hubiera podido cumplirla. Como fuere, dos recesiones no bastaron para catalizar un repunte vigoroso, y hoy asoma el peligro fehaciente de una tercera que, de concretarse, bien podría ser la vencida en materia de deflación.

Desde 2011, la inflación minorista opera en baja, y el proceso, lejos de estabilizarse, se profundiza. La foto a septiembre es patética. De los 28 países de la Unión Europea, ocho sufrieron caídas de precios al consumidor en los últimos doce meses. Otros cuatro no registraron variaciones. Sólo seis tuvieron una inflación superior al 0,8% anual. La combinación de estancamiento -y el riesgo de una tercera recesión-, junto con la desinflación a niveles irrisorios -y el riesgo de deflación-, recuerda cada vez más al fracaso del Japón de los años noventa.

Los apuntes de Tim Geithner, el primer secretario del Tesoro del presidente Obama, que salieron a la luz esta semana echan sombras sobre la capacidad europea de gestionar una salida definitiva a sus vicisitudes. Se trata de anotaciones personales que quedaron al margen de su libro de memorias -"Stress Test"- y que se filtraron con el lenguaje franco con que las escribió. ¿La promesa de salvar al euro? Draghi le confesó a Geithner que la sacó "de la manga", bajo la presión del momento y sin haberla pactado con sus pares. Quiere decir que el apoyo de Merkel y Hollande -que bloqueó la hostilidad del Bundesbank- también se habrá cocinado ex post, sobre la marcha.

Todo indica que el "modus operandi" de Draghi -el instinto acertado y la improvisación inconsulta- se ha repetido. De ahí el grito en el cielo que formularon sus pares tras embarcar al BCE en la expansión cuantitativa. El conato de motín luce, en lo formal, abortado. Pero ya se dijo: la expansión habrá que confirmarla ábaco en mano. Y la semana que pasó, la hoja de balance del BCE no creció, sino que se redujo en 22 mil millones de euros. El banco central compra bonos cubiertos -y ya estrenó los pases "focalizados" (TLTRO)-; no obstante, los bancos cancelan vieja asistencia en aún una mayor cuantía. La desinflación tiene cura: la receta es monetaria (y quien no lo crea que revise los números de Japón desde las Abenomics). Pero hace falta contundencia. Y Geithner marcó en sus notas "la indecisión e irresponsabilidad" de las autoridades, "obsesionadas con castigar las incorrecciones financieras griegas al costo de dañar a la propia Unión Europea".

La encrucijada europea hoy es económica, pero la de mañana, la que debe preocuparnos, será política. Es la fatiga de la sociedad lo que resulta temible. Y en ese sentido hay que leer el discurso del ex primer ministro británico John Major ayer en Berlín. "La frustración con nuestra membresía en la Unión Europea es amplia, y creciente", dijo, "Alcanzó una masa crítica". Major es un pro-europeo, no un francotirador; y entregó el mensaje a domicilio. Gran Bretaña conserva la libra, no padece las penurias de la eurozona de manera directa, pero ya se ha constituido un partido -el de la Independencia- al solo efecto de cortar la integración con Europa, y es el tercero en las encuestas. En todo el continente -fruto de la insatisfacción crónica- surgen y prosperan esos partidos monotemáticos. De ahí que si los conservadores británicos ganan las elecciones en mayo, el premier Cameron propondrá un referendo sobre la cuestión. "Somos una democracia y es lo correcto", dijo Major. "Y las chances son 50%-50%".

La Europa de Merkel no está funcionando. Habilitar una tercera recesión por atarle las manos al BCE sería un crimen. Y conste que los problemas son profundos. Major, por ejemplo, brega por una solución pragmática que modere la migración. Hay que entender que Europa no podrá repetir el destino de Japón. Carece de su cohesión, no sobrevivirá a la experiencia de una penuria compartida y sin horizontes. Todavía es tiempo para reaccionar y girar el rumbo.

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