12 de agosto 2011 - 00:00

Excepcional Britten Sinfonia

La Britten Sinfonia ofreció un concierto revitalizante en el Colón, con la participación del notable violinista Pekka Kuusisto.
La Britten Sinfonia ofreció un concierto revitalizante en el Colón, con la participación del notable violinista Pekka Kuusisto.
Britten Sinfonia. Director y solista Pekka Kuusisto. Obras de H. Purcell, M. Tippett, B. Britten, S. Reich y J. Adams (Mozarteum Argentino.Teatro Colón, 10 de agosto).

En una semana de intensa actividad musical, el segundo de los conciertos que para el Mozarteum Argentino brindó la Britten Sinfonia resultó una experiencia revitalizante y original. La presencia del notable violinista Pekka Kuusisto al frente de esta orquesta de cámara inglesa imprime a la formación un plus de energía y soltura. Con el aspecto físico y el carisma de un artista pop, el joven finlandés marcó de principio a fin el rumbo de la velada en el concepto y la realización.

El bloque inicial propuso un diálogo ininterrumpido entre el Barroco y el siglo XX, ya que comprendió tres obras de Henry Purcell, el «Orpheus Britannicus» (dos fantasías instrumentales y un aria para tenor, «Let the night perish»), y una bellísima pieza de Michel Tippett que vuelve la mirada a aquel período, donde la música británica tuvo un florecimiento extraordinario: «A lament», del «Divertimento sobre Sellingers Round».

La partitura de Tippett, compuesta como parte de las celebraciones por la coronación de Isabel II, reelabora magistralmente una antigua melodía al tiempo que cita el célebre lamento final de «Dido & Aeneas» de Purcell. La interpretación de la Britten Sinfonia buscó, más que el acercamiento historicista al Barroco, la homogeneidad en los lenguajes, lográndolo al punto de que las cuatro obras de esta primera parte se sintieron como una sola, y el sonido límpido tanto de las cuerdas como de la voz de Allan Clayton (que continúa la gran tradición de tenores británicos de la que Peter Pears, el compañero de Britten, fue un gran exponente) resultó el óptimo vehículo para la música.

El clímax del concierto estuvo en «Les illuminations», lograda musicalización que el compositor que da nombre a la camerata realizó de algunos de los poemas de Arthur Rimbaud reunidos bajo ese título. Con muy buen manejo de la dicción francesa -pese a que la base de articulación de ese idioma difiere enormemente de su inglés nativo-, Clayton brindó todo lo esperable en la interpretación de su parte, exhibiendo un timbre bellísimo y una emisión óptima, salvo una casi imperceptible rugosidad que se dejó escuchar por momentos.

Kuusisto y la Britten Sinfonia brindaron un maravilloso entorno instrumental. Con «Duet» para dos violines y cuerdas de Steve Reich (1993) y «Shaker Loops» de John Adams (1983), la atención de la audiencia decayó notablemente, dado que se trata de dos obras cuya fidelidad a los principios creativos de sus respectivos autores no las exime de una cierta monotonía que la vivaz ejecución de la orquesta británica no alcanzó a remontar. Los dos bises propuestos por Kuusisto fueron un tributo a su patria: el segundo movimiento de la suite «Rakastava» de Sibelius y un tango finlandés que el músico -desafiando la conocida superstición teatral- silbó y acompañó pulsando las cuerdas de su violín, y que mereció la mayor ovación de la noche.

Dejá tu comentario