Así piensa Moreno hoy de muchos de los funcionarios que compartieron con él sus cruzadas en Comercio Interior, pero que ahora están haciéndose un lugar en el universo de su reemplazante Augusto Costa. Considera el futuro agregado diplomático en Italia que todos sus colaboradores directos, al menos los que compartían piso con él, deberían haber renunciado e irse a sus casas. Así siente el exsecretario su misión en el kirchnerismo: una cruzada a todo o nada, que en el momento de llegar a su fin requería un sacrificio enorme de sus generales y soldados, incluyendo una renuncia masiva y abandono de tareas para dar por finalizada la larga, múltiple y ecléctica batalla contra el mal, cualquiera sea la persona o temario que lo represente. No fue así. Con tristeza interna, Moreno vio cómo casi todos sus hombres eligieron continuar en sus puestos a la espera de que Costa (o similar) les asigne tareas específicas, contengan éstas la misma pasión morenista o sean más sofisticadas, al estilo del sucesor del exsecretario.
Moreno considera en estos días además que no sólo fue traicionado por los funcionarios que no quisieron renunciar con él, sino que además cree que sufrió un puñal por la espalda desde La Cámpora. El secretario asegura que él dio la vida por este grupo de jóvenes, y que no es "de buen peronista" desembarcar "como lo hicieron" en su antiguo e inexpugnable feudo en Diagonal Sur. Considera que La Cámpora no debía haber asumido cargos en su secretaría; y que, en todo caso, Jorge Capitanich (a quien señala como responsable de su eyección) sea el que tenga que encontrar funcionarios que lo reemplacen.
Moreno también mira de reojo a otros frentes por su suerte. Cree ver enemigos directos en Juan Carlos Fábrega, Ricardo Echegaray y hasta en Axel Kicillof, con el que siempre dijo tener una gran relación. Según ve hoy las cosas Moreno, el ahora ministro de Economía siempre habló bien de sus métodos, ponderó muchas de sus políticas y lo apoyó en cruzadas complicadas (casi indefendibles) como la extensión hasta fin de año del blanqueo impositivo. Cree Moreno que el actual ministro no lo defendió como debería y que, si Kicillof realmente quería que permaneciera en su puesto, podría haber hablado con Cristina de Kirchner.
Finalmente, el secretario hoy duda de viajar a Roma, a cumplir tareas de agregado comercial en Italia, un puesto inexistente, sin consecuencias en la política activa de la Argentina y, en definitiva, sin "derpo", como le gustaba decir ante empresarios. Considera el cargo como un castigo más que el premio que se merecía por tantos años de sacrificio. Aún no viajó a Roma, ni conoce su nuevo puesto ni el lugar donde lo desempeñará. Esperará a varios días después de año nuevo para viajar. Mientras tanto, permanecerá atrincherado.
| @cburgueno |



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