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Fondo Bicentenario no amenaza a la moneda. (Déficit fiscal, sí)

No existe una regla para saber cuál es el nivel óptimo de activos externos que genere confianza sobre la moneda. Si bien la regla de «Reservas de Libre disponibilidad» o la propia convertibilidad en su momento son ejemplos de intentar establecer ese piso, la historia nos muestra que ello no asegura el valor de la moneda. Se podrá respaldar la base monetaria, algo radicalmente distinto a respaldar la moneda, o los agregados monetarios más amplios.
Esto refleja que el deterioro o fortaleza de una moneda no viene por los stocks que la respalden, sino por los flujos de la economía. A modo de ejemplo, la ciencia económica encuentra evidencia de que un persistente superávit en la cuenta corriente del balance de pagos (flujo) generará presión para la apreciación cambiaria, al margen del stock del reservas que dispone el Banco Central. En sentido contrario, el déficit actuará presionando por una depreciación de la moneda.
De igual forma, se sabe que monetizar un déficit fiscal crónico, es decir, emitir para financiar el rojo del Tesoro (flujo), generará presión para una devaluación de la moneda local, ante el mayor dinero en circulación y la misma generación de valor.
Advertido de ello, la moneda no se pone en riesgo por la creación del Fondo del Bicentenario, sino por la pérdida del superávit fiscal del Gobierno nacional en un contexto donde no dispone de acceso al crédito en cantidad y precio suficiente para ser independiente del BCRA.
Pagar los vencimientos de la deuda pública con reservas que prácticamente no rinden interés, antes de refinanciar los vencimientos a una tasa de interés arriba del 10% anual, no es una mala decisión en lo financiero si se busca aprovechar la coyuntura internacional de tasas de interés nulas. El Estado nacional en su conjunto se ahorrará u$s 650 millones anuales en intereses en términos netos (que surge de multiplicar los u$s 6.500 por la tasa de 10%) sin modificar su situación patrimonial (cancela pasivos -deuda- con un activo -reservas-).
Es una realidad que el Gobierno ya no dispone de ingresos que cubran sus gastos corrientes, lo que lleva a financiarse utilizando las reservas del BCRA, no sólo para cancelar deuda, sino también para financiar las operaciones corrientes. Es ahí donde radican los riesgos a futuro.
Financiar gasto corriente con stock (sea con reservas como ahora, o vendiendo YPF como en la convertibilidad), son soluciones de corto plazo que no atacan el problema de fondo que es un Estado deficitario, la verdadera fuente de deterioro del valor de la moneda nacional.


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