estructura de costos del mercado argentino, su transparencia y "ausencia de grandes escándalos" en las últimas décadas evidencian que más que estatizarlo, lo que había que hacer era liberalizarlo (lecciones regulatorias para los mercados emergentes de un siglo de evidencia de costos transaccionales y volatilidad accionaria en la Bolsa de Londres, C. Green et. al., 2000), reforzar el derecho de propiedad ("Incentivos y el efecto de Soto", T.J. Besley et. al., 2013) y adoptar una política económica macro más estable y abierta ("La revolución de la tenencia democrática del siglo XX: Las trayectorias anglo americanas", J. Rutterford y L. Hannah, 2012).
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Lo que es claro es que por más que mantengamos el costo del impacto de las operaciones estable (cosa poco creíble dada la oscilante política económica), al eliminar la parte más eficiente de la estructura de costos del mercado (cambiando la autorregulación por una regulación estatal) e incrementar los gastos de intermediación (por los mayores requisitos regulatorios y de capital, reduciendo la competencia y propendiendo la "colución"), lo más probable es que el nuevo mercado argentino termine siendo más "caro e ineficiente" que el actual y, lo que es peor, contribuyendo a un mayor incremento de la pobreza ("Liberalización financiera y pobreza: El efecto de corte del desarrollo financiero", A. Dhrifi y S. Maktouf, 2013).
Si entendemos el "éxito" de un mercado bursátil como el desarrollo del "capitalismo del pueblo" -que la mayor cantidad de dinero llegue a la mayor cantidad de personas que lo necesitan, de la manera más rápida y económica posible-, es claro que por el lado de los costos, no podemos augurar el "éxito" del nuevo sistema bursátil (mañana seguimos). De la mano de los resultados corporativos, ayer el Dow trepó un 0,53 por ciento, a 16.535,37 puntos.
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