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Frenesí en Europa por colaborar en el nuevo ciclo
Más temprano se había informado que Sarkozy anotó una reunión para mañana con el jefe del Consejo Nacional de Transición, Mahmud Jibril, mientras que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, convocó a una cumbre con la Unión Africana y la Liga Árabe.
La cancillería de Italia, ex potencia colonial sobre Libia y uno de los países que mantuvieron más vínculos comerciales con el régimen de Muamar el Gadafi, también indicó que Silvio Berlusconi mantuvo un diálogo con Jibril y acordaron una cita próximamente.
La preocupación de las potencias occidentales viene dada por el hecho de que Libia, un país rico en petróleo (ver aparte), está poblada y atravesada por diferentes tribus, concepciones del islam e ideologías, que podrían entrar en colisión inmediata tras la caída de Gadafi. En principio, la ofensiva contra el extravagante coronel incluyó árabes nacionalistas, nostálgicos de la monarquía, izquierdistas e islamistas, entre otras facciones.
Por su parte, desde la exclusiva isla Marthas Vineyard, Barack Obama subrayó que el Pentágono no va a enviar tropas al país árabe y exhortó a una transición «pacífica» e «inclusiva», al tiempo que dio por seguro que el régimen de Gadafi «está terminado». «En este esfuerzo, Estados Unidos será un amigo y un socio del pueblo libio», agregó el norteamericano.
La intervención norteamericana se limitó al marco de la OTAN, que llevó adelante, con diferentes grados de participación de sus 28 miembros, 7.500 intervenciones, la mayoría bajo la forma de bombardeos aéreos.
En un contexto de crisis presupuestaria, los países europeos de la OTAN bregan por un mayor involucramiento de otras naciones. «Libia no es sólo nuestro bebé», se llegó a decir ayer en el cuartel general de la Alianza Atlántica en Bruselas.
Sarkozy y Cameron dialogaron por teléfono sobre la situación en Libia, con cuyo régimen depuesto Europa mantuvo relaciones comerciales fluidas desde la segunda mitad de los 90. Ambos mandatarios decidieron «lanzar de inmediato una estrecha cooperación con las legítimas autoridades libias», precisó la nota. «La nueva fase de transición que va a abrirse deberá ser conducida en un espíritu de reconciliación y de unidad nacional», remarcaron en el texto.
Potencial
Poco antes de este comunicado, entrevistado por la TV, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, admitió que Libia «es un país que es rico, que tiene un potencial importante. Habrá que acompañarlo».
Juppé enfatizó que su país fue uno de los primeros en alentar la revuelta que se inició el 17 de febrero pasado, y «en el plano militar, junto con nuestros amigos italianos, aportamos el 80% de los esfuerzos de la OTAN».
En Libia «tomamos riesgos» calculados y era una causa justa, justificó Juppé. Como en Costa de Marfil, fue «la causa de la liberación de un pueblo y de la aspiración a la democracia», destacó el canciller francés, cuyo Gobierno había quedado en el ojo de la tormenta por la reacción tardía y hasta cómplice con los regímenes tunecino y egipcio cuando ambas revueltas ya habían comenzado, en lo que fueron los pasos previos a la insurrección en Libia.
Precisamente, Juppé se refirió al caso de Siria y dijo que «evidentemente», Francia no se plantea una intervención militar» en ese país «porque la situación es diferente».
Agencias AFP, ANSA, Reuters, EFE y DPA, y Ámbito Financiero


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