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Ganó Dilma, pero debe ir a segunda vuelta (igual es la amplia favorita)
Luiz Inácio Lula da Silva se jugó a fondo en favor de su candidata, Dilma Rousseff. No logró cerrar el pleito electoral en primera vuelta, pero el peso de su figura fue decisivo y lo será en el balotaje.
La sorpresa y factor desequilibrante de la elección fue Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente lulista que en 2009 decidió pasarse a las filas del Partido Verde (PV) por sus discrepancias con el Gobierno en la explotación del Amazonas. Alcanzó el 19,47% de los sufragios, al menos 7 puntos más de lo que le asignaban las encuestas. Esa diferencia era asignada a Rousseff en los sondeos.
Durante la última semana de la campaña, la figura de Silva supo capitalizar el voto evangelista que había retirado su apoyo a Rousseff por su supuesta posición a favor del aborto, al tiempo que se plantó como una alternativa entre dos modelos ya conocidos. Silva alberga, además, un núcleo importante de votos de izquierda, así como el exiguo 0,9% de Plínio de Arruda Sampaio (PSOL).
Rousseff y Serra deberán a perseguir ahora los votos de la candidata verde, una tarea que será más complicada para el tucano -como se conoce a los militantes del centroderechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)- por las distancias ideológicas en juego.
De ahí que el triunfo del oficialismo en la segunda ronda se presenta previsible, como le tocó a Luiz Inácio Lula da Silva en sus dos elecciones presidenciales ganadas.
Si bien las encuestas habían adelantado que la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) había perdido unos puntos a raíz del escándalo de corrupción que motivó hace tres semanas la salida del Gobierno de Erenice Guerra, sucesora de Rousseff en Casa Civil (jefatura de gabinete), la victoria oficialista sin balotaje casi no era puesta en duda. Tarjeta roja para las empresas Sensus, Ibope y Datafolha por su mal desempeño en estas elecciones.
El país se movilizó en una lluviosa jornada electoral para elegir, además del sucesor de Lula en la presidencia de la República, 27 gobernadores, 513 diputados, 54 senadores (2/3 de la Cámara) y miles de cargos locales. Casi 136 millones de brasileños podían acudir a votar en una moderna red de 480.000 urnas electrónicas, en las que la identificación se realizaba a través de la huella dactilar.
Se esperaba al cierre de esta edición que el PT obtuviera un resultado que le permitirá disminuir la dependencia en el Congreso del centroderechista Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el aparato electoral más eficiente y tradicional de país. Este partido colocó a Michel Temer como compañero de fórmula de Rousseff, continuando la alianza estratégica de los ocho años de Lula.
En cuanto al reparto de las gobernaciones, el Partido de los Trabajadores (PT) se alzó con una aluvional victoria en Bahia con Jacques Wagner y recuperó con Tarso Genro Rio Grande do Sul, el que fue un bastión de los inicios del lulismo. El también oficialista Sergio Cabral ganó en Río de Janeiro, mientras que fueron para la alianza del PSDB la estratégica gobernación de San Pablo, con el ex candidato presidencial Geraldo Alckmin (50,6% de los votos), y la de Minas Gerais, con Antonio Anastasia.
Rousseff parecía confiada temprano, cuando declaró en un café de Porto Alegre: «Agradezco a Dios por haberme dado fuerzas, porque he tenido toda una trayectoria de superación de obstáculos hasta hoy». A la noche, muchos petistas no podían disimular su reacción ante un resultado por debajo de sus expectativas.
Las últimas semanas resultaron agitadas en la relación de Lula con la prensa, como coletazo de las supuestas coimas que involucraron a un hijo de la citada Guerra. Y ello derivó en denuncias contra un supuesto autoritarismo de Lula de los principales medios paulistas y cariocas que, a decir verdad, resultaron un tanto exageradas al comparar al presidente con los peores dictadores del siglo XX.
A esa línea se subió ayer el candidato a vicepresidente de la principal alianza opositora, Indio da Costa, un representante del conservador Partido Demócratas. El PT «tiene un proyecto de dictadura de izquierda. Venezuela nos está demostrando lo que es un proceso de dictadura construido por dentro de la democracia, eso es lo que el PT está intentando», dijo el joven Da Costa.
El candidato a vice mencionó, al votar, que hay personas que «participaron de la lucha armada en la década del 70», en alusión a Rousseff. Quien parece ser la futura presidenta electa de Brasil militó en una organización armada que enfrentó a la dictadura militar en los 60.
Los estrategas de campaña sabrán asesorar a Serra y a Da Costa acerca de si esa línea argumentativa es la que les permitirá remontar en el balotaje la enorme ventaja de Rousseff.
* Enviada Especial a Brasil


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