La ministra de Defensa, Nilda Garré, anunció ayer en el brindis que ofreció en el edificio Libertador por el Día del Periodista que «la propulsión nuclear en una de nuestras unidades de la Armada comenzaría a cambiar la matriz energética en la flota de mar». Mientras fluían sus palabras, los marinos presentes en el agasajo miraban de reojo sus copas en búsqueda de alguna sustancia que nublara el entendimiento. Tanto así sorprendieron las declaraciones de la jefa castrense, que dejó boquiabiertos casi hasta el desmayo a los jefes navales con otro adelanto: «No necesariamente será un submarino», añadió Garré respecto del tipo de nave que en el futuro podría sustituir la propulsión convencional por la nuclear y mencionó, a título hipotético, entre los barcos de superficie al rompehielos Almirante Irízar. Las únicas plataformas con cierta capacidad de admitir motorización nuclear son los submarinos convencionales TR 1700 clase San Juan, pero deben ser reforzados sus cascos resistentes y el compartimiento del dispositivo nuclear. «No existen en el país ni la tecnología, ni los recursos humanos ni, lo más importante, el presupuesto para afrontar un proyecto de esa envergadura», dijo a este diario uno de los marinos especializados en el tema. La fantasía de que el desarrollo atómico alcance al Irízar, insignia de las campañas antárticas, parece confirmarse con un dato reciente: anteayer el almirante retirado Gustavo Leprón, miembro del directorio de Tandanor, designado especialmente para monitorear las tareas de reparación del rompehielos, dejó el cargo molesto por el descontrol que rodea el proyecto Irízar.
Garré también dijo ayer que el Gobierno nacional intentará adquirir un buque polar con funciones complementarias en la logística de las bases antárticas de la Argentina, a fin de facilitar la tarea científica del rompehielos. La frase descolocó a varios de los presentes en el ágape, entre ellos Raúl Garré, hermano y jefe de Gabinete. Hace no más de dos semanas, la propia ministra reprendió a los participantes de una reunión que había sido convocada por su hermano para evaluar la compra del buque polar Persian Pearl. Sostuvo -palabras más o menos- que pensar en grandes compras era una irrealidad (en rigor, usó el término «boludez»); luego se levantó y dejó a Raúl Garré en soledad.
La funcionaria aprovechó el foro de un puñado de periodistas invitados para reseñar una vez más los logros de su gestión en el área de la producción para la defensa, las relaciones de cooperación militar en la región y la modernización de las Fuerzas Armadas. No dijo una palabra del asunto más esperado por los uniformados: la incorporación al haber de los suplementos que se pagan en negro para recomponer el salario militar.
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