11 de enero 2017 - 00:00

Historia secreta de cómo las mafias de Brasil buscan adueñarse del “Narcosur”

El Primer Comando de la Capital intenta extenderse desde San Pablo para dominar todo el mercado. Eso le permitiría controlar las fronteras con Colombia, Bolivia y Perú para hacerse de la cocaína que se exporta a Europa.

TUMBAS. Las víctimas de la batalla entre facciones mafiosas del penal de Manaos yacen en un cementerio local. Pero la lucha por el control del mercado de las drogas dista de estar terminada.
TUMBAS. Las víctimas de la batalla entre facciones mafiosas del penal de Manaos yacen en un cementerio local. Pero la lucha por el control del mercado de las drogas dista de estar terminada.
San Pablo - El Primer Comando de la Capital dinamitó hace meses las reglas del narcotráfico en Brasil. Lo hizo a lo grande, asesinando con fusiles antiaéreos al "Rey de la frontera" en el límite con Paraguay durante una espectacular emboscada que le dio las llaves del sur.

Ahora trata de imponerse en el norte, pero no hay lugar para todos los que quieren controlar el negocio de la droga en el segundo país del mundo con más consumidores de cocaína.

La ruptura entre el poderoso Primer Comando de la Capital (PCC) de San Pablo y el Comando Vermelho (CV, "rojo" en portugués)) de Río de Janeiro, las dos mayores facciones del crimen organizado en Brasil, quedó clara la semana pasada con los cuerpos decapitados y desmembrados del centenar de presos asesinados en los estados de Amazonas y Roraima. Según el diario O Estado de San Pablo, las otras 25 facciones que actúan en el gigante sudamericano tomaron partido por uno u otro grupo.

Una de esas bandas es la local Familia del Norte (FDN), la tercera facción más poderosa del país, que se alió con los cariocas contra el PCC.

"El Comando Vermelho utilizaba las rutas del sur que ahora comanda el PCC y tuvo que buscar soluciones en el norte. Allí se unió con la FDN para hacer una ruta alternativa al PCC, que lo que quiere es dominar todo Brasil", explicó el fiscal Marcio Sérgio Christino, especializado en crimen organizado.

La más influyente de las facciones brasileñas hace tiempo dejó de ser una banda de presidiarios que exigía mejoras en las hacinadas cárceles del estado paulista. Con ese objetivo nació en los años 90 y hoy tiene más de 20.000 integrantes que entendieron que su poder podía ser mucho más rentable al otro lado de las rejas.

Además del dinero del narcotráfico, la facción que dirige Marcos Willians Herbas Camacho, "Marcola", encarcelado desde 1999, también posee compañías de autobús, modestos equipos de fútbol en San Pablo e incluso una refinería de petróleo clandestina.

"El PCC es una organización muy sólida, jerárquica, con reglas muy definidas y una división clara de tareas y funciones", explicó Sérgio Adorno, coordinador del Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de San Pablo.

Una toma panorámica de la "cidade maravilhosa": una urbe enclavada en medio de un paisaje tropical. Un primer plano: en las intrincadas calles de sus favelas se libra una batalla por el dominio del narcotráfico.

Historia

En las décadas de 1980 y 1990 el negocio en Río estaba en manos del Comando Vermelho, la facción del crimen organizado más antigua de Brasil, nacida a fines de la década de 1970. De los robos a bancos y secuestros derivó al narcotráfico, que controló durante años.

Más allá del asesinato del narcotraficante Jorge Rafaat, el "Rey de la frontera", el procurador de Justicia de la Fiscalía carioca, Alexander Araujo, considera que el origen de la actual guerra entre el PCC y el CV comenzó cuando grupos menores de Río se unieron a los paulistas facilitándoles el acceso a enclaves tan emblemáticos como la favela Rocinha, la mayor de Brasil.

Así, el PCC se unió con Amigos de los Amigos (ADA) o el Terceiro Comando Puro (TCP), ambos disidentes del CV.

Y lo mismo ocurrió en el sentido opuesto en otras regiones de Brasil, como la amistad del Comando Vermelho con el Primeiro Grupo Catarinense del sureño estado de Santa Catarina o la ahora famosa Familia del Norte del Amazonas.

Como parte de las redes de narcotráfico, las facciones criminales no son un problema sólo de Brasil. Con 17.000 kilómetros de fronteras, en algunos trechos muy porosas, el mayor país de América Latina es un punto clave en el comercio mundial de la droga.

"El PCC consiguió ser el primer cartel brasileño de tráfico internacional, el 'Narcosur' como le llamamos, que envuelve Bolivia, Paraguay y Brasil", afirmó el fiscal Christino.

Desde los grandes centros productores de cocaína -Colombia, Bolivia y Perú, todos fronterizos con Brasil- el gigante sudamericano es un enorme corredor terrestre para los envíos de droga hacia Europa, con escala en África.

Algunos investigadores señalan que los grupos brasileños ya buscan acercarse a los capos del narco en Colombia con la ventaja de ofrecer una de las rutas más importantes del tráfico internacional de drogas.

Pero antes tienen que ganar la guerra en casa.

Agencia AFP

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