9 de septiembre 2009 - 00:00

Illia logró juntar a Macri con Cobos

El vicepresidente, Julio Cobos; Luis Caeiro (secretario personal de Illia), y el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, en el hall del teatro 25 de Mayo.
El vicepresidente, Julio Cobos; Luis Caeiro (secretario personal de Illia), y el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, en el hall del teatro 25 de Mayo.
La primera en llegar al teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza fue Graciela Fernández Meijide. Puntual, a las 20 exactas, reveló ser una de las pocas espectadoras que no está al tanto de que una avant-première de famosos, en este caso políticos y no farándula (hay diferencias a veces) jamás empieza a horario. Además, la obra en cuestión recrea la biografía del menos farandulero de los mandatarios que tuvo la Argentina: «Illia (Quién va a pagar todo esto)», de Eduardo Rovner, sobre el líder radical que llegó al poder en 1963 y fue depuesto dos años y medio más tarde por el golpe del general Onganía.

El jefe de Gobierno, Mauricio Macri, llegó 15 minutos después y, sin hacer hall, se escurrió rápidamente en la sala, donde compartió un palco con Federico Pinedo. Poco a poco, el 25 de Mayo se fue poblando de rostros conocidos: Ricardo Alfonsín, Ricardo Gil Lavedra, Horacio Jaunarena, Marcelo Stubrin, Florentina Gómez Miranda, Enrique Olivera, Gerardo Morales, Ernesto Sanz, Teresa Anchorena, Hernán Lombardi, Miguel Bonasso y la chilena Eliana de Prebisch, viuda del recordado economista radical Raúl Prebisch, quien elogió «la simpleza de la obra y el retrato fiel de un hombre honesto que no tuvo nunca reveses psicológicos». Asistió acompañada de la poetisa chilena Ana María Vergara, amigas todas de Emma Illia, que ha pasado parte de su vida en el balneario de Zapallar.

Sobre las 21, a punto de levantarse el telón, la llegada del vicepresidente Julio Cobos concitó la atención de todos los paparazzi. Una vez en la sala, Macri se puso de pie para ir hacia él y saludarlo. Poco después se produjo una leve dificultad de protocolo: Emma Illia, hija del ex presidente (que estaba en el teatro con su hermano Leandro) había sido ubicada en una platea junto a Cobos. Sin embargo, quizá por su amistad con Bonasso, exigió que fuera él quien se sentara a su lado. Los encargados de prensa se vieron en aprietos para proceder a reubicarlos y poder unir, en una misma fila, a Emma, el vicepresidente con su esposa y Bonasso.

Otra de las presencias aplaudidas de la noche fue la de Luis Caeiro, quien fue secretario personal de Illia durante su presidencia, y en cuyas memorias se basó Rovner para concebir la pieza, además del aporte personal de Emma, quien reveló una práctica hasta ahora poco conocida del ex presidente: su condición de budista (en la obra se lo ve practicando yoga y meditación en la Casa Rosada cuando se queda a solas).

Sobre el final, los aplausos se extendieron por casi 20 minutos: al escenario subieron, para acompañar a Arturo Bonín (intérprete de Illia), el autor, el elenco y el director Alberto Lecchi. También lo hicieron el ministro Lombardi, Caeiro y los hijos del homenajeado. Y Bonasso, a quien Emma, una vez más, llamó para que estuviera junto a ella y recibiera los saludos.

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