28 de octubre 2010 - 00:00

Intentaron reanimar a Kirchner durante 40 minutos en un hospital

Hospital Distrital José Formenti en El Calafate. Allí fue llevado Néstor Kirchner.
Hospital Distrital José Formenti en El Calafate. Allí fue llevado Néstor Kirchner.
A pesar de lo escueto del comunicado oficial sobre las causas de la muerte de Néstor Kirchner, firmado por Luis Bonomo, la presunción general, cuya confirmación podría venir sólo de una autopsia, es que el ex presidente falleció de un infarto masivo, dolencia que en la mayoría de los casos hace imposible la sobrevida.

Esa hipótesis indica que, a diferencia de las obstrucciones parciales que sufrió Kirchner en los últimos años, esta vez existió un bloqueo total de una arteria principal que provocó la falta de irrigación de una porción importante del corazón. Ese efecto, que normalmente se conoce como infarto, hace que el órgano pierda oxigenación y el tejido muere. La amplitud de la lesión marca la posibilidad de sobrevida. De ahí que se lo denomine masivo por el porcentaje del corazón que afecta. El fallecimiento, en general, suele ser inmediato.

«En el día de la fecha, siendo las 9.15, falleció el ex presidente Dr. Néstor Carlos Kirchner como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio no traumático que no respondió a las maniobras de resucitación básica y avanzada», dice el comunicado del médico presidencial.

Pero a pesar de la sorpresa por el hecho, ya existían antecedentes sobrados sobre el peligro que corría la salud de

Kirchner. El ex presidente mostraba molestias los días previos y hasta aparecía agitado, según relatan quienes pudieron verlo.

Y no parecía tener que ver directamente con el carácter, que siempre hizo más peligrosas sus dolencias arteriales. Ese estilo que parecía mantenerlo irritado y que no le permitía tomarse descansos (se recordaba ayer que ni durante sus ejercicios en la cinta podía cortar sus conversaciones por celular) tuvo un primer impacto público en su salud en 2004 cuando, siendo presidente, sufrió una gastroduodenitis erosiva hemorrágica aguda por la ingesta de Ketorolac, un analgésico que se había autorrecetado por un dolor de muelas.

Así como nunca tuvo una buena salud bucal (lo obligaba a consultar odontólogos los sábados a la mañana y en secreto), su punto débil hasta que accedió a la presidencia fueron precisamente sus dolencias intestinales, como la que sufrió en ese momento. Se destacó también que un diagnóstico previo había declarado un mal de Chron, enfermedad autoinmune que ataca el intestino provocando fuertes hemorragias, pero esto nunca fue confirmado por los médicos presidenciales. Esas molestias son recordadas por allegados del PJ al matrimonio que siempre los vieron manejarse rodeados de viandas dietéticas.

Pero el episodio mayor a nivel cardíaco se produjo el 7 de febrero pasado, cuando debieron efectuarle una endarterectomía o extirpación total, con anestesia general de urgencia, mediante un bisturí, de una placa complicada de colesterol de la arteria carótida derecha a la altura del cuello. De esa intervención se lo vio salir al ex presidente con una cicatriz en el cuello y fue la primera vez que aceptó un par de semanas de reposo antes de volver al ruedo.

Ya por entonces los médicos habían alertado, teniendo en cuenta episodios menores anteriores, que Kirchner se había configurado como un paciente de peligro debido a su tendencia natural a esclerosar arterias.

El 10 de septiembre pasado, esos peligros se confirmaron aunque con un episodio que pareció menor. De urgencia y a la madrugada debieron realizarle una angioplastia coronaria con colocación de un stent, procedimiento mínimamente invasivo que consiste en colocar un dispositivo para liberar el flujo sanguíneo en un bloqueo parcial.

Esa intervención fue realizada por dos cardiólogos que formaron parte del equipo del doctor Luis de la Fuente, pionero internacional y en el país de la técnica con stent liberador de medicamento.

En ese caso, a pesar del alta médica antes de las 24 horas de la intervención, no hubo un parte médico que explicara claramente la situación del ex presidente y los pasos que debería seguir a futuro.

Sólo se supo, dos días después, que la vuelta de Kirchner a la vida civil iba a ser inmediata. A las 48 horas participó, aunque sin hablar, del acto de la Juventud Peronista en el Luna Park y dos días después partió junto a Cristina de Kirchner a Nueva York con una agenda reelaborada, por la demora que implicó su internación, y en la que no actuó sólo como acompañante.

De nuevo aparecieron rasgos de irresponsabilidad sobre su salud que lo acompañaron durante toda su vida. Kirchner allí habló ante universitarios, tuvo almuerzos y citas con políticos y hasta paseó por la ciudad con su esposa el fin de semana. En ese viaje se lo vio claramente desmejorado, con la tez pálida y desganado. Curioso, cuando ese periplo por Nueva York había sido pensado para demostrar que nada había pasado en la salud del ex presidente.

En los últimos días son muchas las historias que se cuentan sobre el ánimo de Kirchner. Pero hay dos sobre las que muchos oficialistas cercanos coinciden: el ex presidente estaba enfurecido y amargado por el episodio de la muerte de Mariano Fe-rreyra. En ese estado, intratable, según relatan, fue que mantuvo también una charla poco amistosa con Hugo Moyano, que lo llamó desde la reunión del PJ bonaerense donde el gremialista no logró quórum. Muchos de los que debieron participar allí se movían sólo al ritmo que marcaba Kirchner y, por lo tanto, el camionero sintió de cerca la ira presidencial. La misma que había amargado a Néstor y a Cristina de Kirchner tras el acto de camioneros en River Plate, una muestra de debilidad del matrimonio que debió someterse a la humillación de soportar una bajada de agenda de Moyano frente a 70 mil camioneros.

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