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iPad 2 en la Argentina cuesta un 33% más que iPad 3 en N.Y.
Un joven londinense festeja tras conseguir comprar el nuevo iPad 3. Largas colas inundaron las calles de las ciudades norteamericanas e inglesas en pos de acceder al nuevo dispositivo.
Además, el modelo iPad 2, con las mismas especificaciones y características que en Buenos Aires se «consigue» por los mencionados u$s 1.200 -según avisos de las casas que lo venden en ambos mercados- en Estados Unidos vale poco más de un tercio de ese precio, o sea u$s 450.
Puede decirse sin temor a error que éste es uno de los efectos más claros de la política de restricción de importaciones que aplica el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno: los precios que pagan los consumidores argentinos -y no sólo en electrónica- son desmesuradamente altos en relación con los valores internacionales de esos mismos productos.
En lo que hace a la «tablet» fabricada por Apple, la comparación es dolorosa: el modelo de 32 gigabytes de 3G y con Wi Fi se ofrece en Buenos Aires a $ 5.099 -según publicita una de las casas de artículos para el hogar que la vende-; el mismo modelo, ofrecido por Amazon.com, BestBuy o Sears, se consigue por u$s 450.
Lo llamativo es que, como suele suceder en estos casos, las iPad 2 quedaron relegadas al estante de las ofertas a partir del viernes pasado, cuando la empresa fundada por el desaparecido Steve Jobs comenzó a distribuir en los principales mercados del mundo su nueva versión de la computadora plana y portátil que se ha convertido en un objeto de deseo de un público que va desde los «tecchies», a señoras que la llevan al gimnasio en su bolso para navegar tras hacer «gym dance».
Ese día el sitio Mac Prices Australia anunció en su portal que, en ese país, la flamante iPad de 16 GB equipada con Wi Fi costará apenas u$s 498. La versión más cara del aparato, que viene con 64 GB, 3G y wi-fi costará apenas u$s $ 858.
Este valor, cabe apuntarlo una vez más, es casi doscientos dólares más barato que lo que se pide en la Argentina por un modelo anterior, con mucho menos memoria y sin los «features» que hacen a la iPad 3 muy superior a su hermana mayor (por caso, la posibilidad de correr varios programas en forma simultánea y una mucho mejor calidad de registro de video).
Los precios excesivos por las restricciones a la importación son evidentes en rubros como indumentaria, calzado, marroquinería, ropa de cama, toallería y hasta alimentos. Un jean de la marca «fundacional» de esa prenda se consigue en Estados Unidos a menos de u$s 40; el mismo pantalón en la Argentina se ofrece a cuatro veces más de ese valor, y sus competidores locales de diseños «fashion» no bajan de $ 600.
Además de algunos factores obvios que encarecen el iPad para los argentinos (fletes, derechos de importación, etc.), el elemento decisivo para este sobreprecio es que sólo un puñado de cadenas minoristas han sido autorizadas por Moreno a ingresar al país productos de la marca de la manzana; se trata de firmas que se han comprometido con el Gobierno a exportar por el mismo monto que importan. Desde ya, esa posibilidad está vedada para los comercios pyme, que ya no cuentan en su stock con esa línea de productos.
Los teléfonos iPhone tampoco están ingresando al país salvo en el cuentagotas que marcan esas mismas cadenas, o en el equipaje de los argentinos de mayores recursos que se los traen en sus viajes al exterior.
Moreno cerró la importación de productos Apple (salvo las excepciones apuntadas) cuando la firma declinó la «amable oferta» hecha por el funcionario de que ensamblaran sus teléfonos y computadoras en Tierra del Fuego. Tras explicar que ellos tienen tercerizada la producción de esas líneas en plantas del Lejano Oriente (sobre todo en China), los ejecutivos de Apple decidieron poco menos que retirarse de la Argentina.

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