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Japón, al rescate. Wall St. se sube al sashimi rally
Mario Draghi
¿Qué tan eficaz será esta embestida de los bancos centrales para apaciguar la crisis? Se sabe que el Banco de Japón más que duplicó la base monetaria y la cantidad de dinero en su país desde el lanzamiento de las Abenomics. Y tres años después, no logró aún su principal objetivo: una tasa de inflación del 2% anual. El pronóstico oficial -antes de aplicar esta medida- era de sólo el 0,8%. ¿Importa su historial? ¿O el del BCE? La realidad es que no sólo la corrida contra las Bolsas se frenó (y comenzó a revertir), el tótem del momento -el precio del petróleo- se estabilizó por encima del umbral ultrasensible de los 30 dólares por barril.
La Fed también celebró su reunión la semana que pasó, sólo que optó por no plegarse al juego. Es el único banco central del G7 que opera a contramano, pero es de lejos el más importante. Yellen & Cía no cambiaron sus planes -siguen apuntando a una suba progresiva de tasas- aunque tienen claro que el horno no está para bollos y, menos que menos, para ensayar pronto un segundo reajuste tras el debut de diciembre. En el pizarrón de la Fed está escrita con tiza una proyección de cuatro alzas de un cuarto de punto a lo largo de 2016. En las pantallas electrónicas, los contratos de futuros de fed funds arriesgan -con una probabilidad que no llega al 60%- una única suba recién en diciembre. ¿Computan la interferencia tácita del calendario electoral? No es eso. Las decisiones de la Fed pueden ser independientes del poder político, pero no de la realidad. Y entre una economía abúlica y las movidas del BCE y el Banco de Japón (sin olvidar la ingeniería cambiaria del Banco de China) la Fed no tiene espacio de maniobra. Banco central que habla de tasas negativas está diciendo, entrelíneas, depreciación de su moneda. Es el resultado repetido de todas las experiencias realizadas desde que Dinamarca las estrenó en 2012. Se comprende, no se pueden devaluar todas las monedas a la vez. El dólar fuerte lo demuestra. Y la apreciación del dólar tensa las condiciones financieras sobremanera. En consecuencia, hay todo un universo de valuaciones que cruje -bonos basura, commodities, activos de mercados emergentes- incluyendo en la lista, en los últimos seis meses, sendas correcciones en Wall Street. Estima Morgan Stanley que los mercados ajustaron por su cuenta el equivalente a cuatro subas de tasas. Dada esta circularidad, ¿cuán eficaz puede ser que el BCE y el Banco de Japón se corten solos?
Si el problema del mundo es mental está todo arreglado. El Sr. Mercado, conocido por su tendencia maníacodepresiva, está bien medicado. Y nos queda, en guardia pasiva, el botiquín intacto de la Fed. Pero sería necio negar los problemas reales, tangibles, y persistentes de la economía y las finanzas globales. Si lo que se necesita es tiempo para que se resuelvan -y para que un shock petrolero expansivo desgrane sus beneficios- se ha fabricado un cuarto intermedio, una nueva prórroga que permitirá "ver y esperar". Es la apuesta de las autoridades -estén recortando tasas o planeando subirlas- y también de Wall Street, que cuando cae y se estremece, siempre rebota antes de cruzar la frontera del mercado "bear".


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