Hasta culminar la quincena inicial, todo se desarrollaba dentro de variables sumamente halagüeñas y con una fuerza de tracción -por parte de la demanda- que duplicaba el ritmo de negocios de primera a segunda semana. Yendo desde los $ 386 millones a los $ 756 millones (y en ambos períodos, solamente con cuatro ruedas). El paso de velocidad impactó de lleno en el Merval que de subir casi un 3% en primer capítulo saltó a más de un 8% en la etapa siguiente. A todo esto corríen lentos los días hasta llegar al 31 de julio con la "negociación" -con los fondos- solucionada (opinión generalizada). Después, una rueda fue clave, la del día 15 y donde súbitamente la plaza sesgó a la baja en un 2,4%. Tras ello, dos descensos más (0,9% y 2,4%) salvados -a medias- por un viernes con suba del 3,8% (esfuerzo de demanda, que insumió ritmo de $ 188 millones). A partir del lunes 21, los operadores entraron en una suerte de compulsión que generó tanto saltos mortales -de ida y vuelta- en las variaciones del índice (a nivel de 8% como si tal cosa) y fragoroso ritmo de órdenes donde se arribó al máxio de $ 310 millones, rematado por la última fecha, con $ 272 millones. Total mensual de casi $ 3.670 millones y dando "promedio por rueda" de $ 166 millones. El punto m´´aximo Merval -justo el día 30- con 8.937 puntos. El mínimo en 7.844 (y la brecha entre ambos de un notable margen del 14 por ciento).
Entre los golpes de mercado -y los saltos al vacío- una vez disipada la polvareda, el Merval igual salió airoso en el mes, subiendo un 3,8%. El de la Bolsa, general, sólo el 1%. No fue una experiencia para desear que se repita, a menos que se tenga corazón de león y alma de trapecista. La Bolsa, cirsense...
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