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Kirchner-Scioli, oferta para plebiscitar modelo
Daniel Scioli, junto a Alberto Balestrini, rodeado por intendentes del conurbano, ayer en Lanús: lo más parecido a un desfile de potenciales candidatos.
La oferta, con el argumento de «plebiscitar el modelo», tendrá un efecto expansivo al resto del universo K: ministros, legisladores e intendentes deberán, como Scioli, figurar en las boletas del Frente para la Victoria para diputados o aun para concejales.
Como una bomba sucia, antes de subirse con Cristina de Kirchner al avión hacia un retiro pascual, el patagónico deslizó ayer en oídos amigos la hipótesis de hacer una remake de la fórmula presidencial de 2003 para la disputa de junio en la provincia de Buenos Aires.
Más tarde, en Río Negro, alimentó la confusión. «No puedo confirmar nada, no puedo hablar nada», carcajeó cuando lo interrogaron sobre si será candidato. Todo opera dentro de la particular lógica Kirchner, en la que todo chiste esconde una verdad. La teoría del plebiscito, que amaga con arrastrar a Scioli a la lista de diputados, podría replicarse en otras provincias -con otros gobernadores en las boletas- y bajar a los territorios donde se pediría a los caciques que encabecen las listas locales.
Esa oleada empujaría a Alberto Balestrini a anotarse como primer concejal en La Matanza y a intendentes como, por citar emblemas, «Cacho» Alvarez, de Avellaneda, Julio Pereyra, de Florencio Varela, y Mario Ishii, de José C. Paz, a ponerse al frente de las boletas de sus municipios.
Ahí no termina el contagio. Ministros y funcionarios, si prospera la aventura plebiscitaria, deberán engordar las boletas. Sergio Massa, Graciela Ocaña, Aníbal Fernández y Amado Boudou, entre otros, podrían imprimir sus nombres en el menú electoral del FpV. Puro simbolismo. Ninguno jurará el 10 de diciembre para el cargo en que será electo. El virus del plebiscito del «modelo K», atado a la fórmula remixada Kirchner-Daniel Scioli y con el síntoma colateral de que «todos deben ser candidatos» está en proceso de elaboración. Pero, de manera clandestina, se produce un antídoto: suprimir al patagónico de la boleta. Días atrás, un ministro nacional testeó a un intendente del Gran Buenos Aires con un múltiple choice de alternativas y se topó con una respuesta tan cruda como realista.
-¿Cómo ves a Néstor como candidato?
-Sea como sea, nosotros vamos a jugar con Kirchner.
-¿Y si el candidato es Scioli?
-Y... ahí nos facilitan las cosas.
Todo se explica. Scioli, en cualquier punto de la provincia, mide mejor que Kirchner, lo duplica o triplica en el interior y las grandes ciudades y está entre 5 y 10 puntos arriba en las zonas más ásperas del conurbano rabioso.
«Con Daniel como candidato alcanza, y no es necesario que los intendentes se tengan que poner como candidatos», repasó, anoche, un operador bonaerense. La usina de esa hipótesis, poco amable para Kirchner pero pragmática al extremo, tiene su comando de operaciones en La Matanza.
El antídoto, entonces, es que Daniel Scioli sea el primer diputado y Kirchner se quede recluido en su prisión de cristal de Olivos.


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