Oficializada su reelección, el presidente del Ejecutivo español enfrenta el fantasma del independentismo mientras que no tiene un socio fuerte que lo ayude a sacar adelante leyes clave para apuntalar la economía.
CAMINO DIFÍCIL. Tras diez meses de idas y vueltas, Mariano Rajoy alcanzó un segundo mandato. Gobernará en minoría, algo inusual para el PP.
Madrid - El conservador Mariano Rajoy retoma esta semana las riendas de España en medio de un contexto complicado de crisis independentista en Cataluña y la necesidad de reformas de fondo muy difíciles de implementar por un Gobierno sin mayoría.
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Nombrado oficialmente ayer por un decreto real como presidente del Ejecutivo tras haber sido investido con mayoría simple la noche del sábado por el Congreso, Rajoy, de 61 años, anunciará el jueves la composición de su gabinete para su segundo mandato, el cual debe ponerse sin demora a trabajar para recuperar el tiempo perdido durante diez meses de parálisis que mantuvo a España bajo un Ejecutivo en funciones, sobre todo para aprobar el presupuesto del Estado.
La Comisión Europea pidió a España aclarar cómo planea reducir su déficit público al 3,1% del Producto Bruto Interno (PBI) para 2017, una baja que pasaría por recortes de 5.500 millones de euros, rechazados por la izquierda, o alzas de impuestos, sobre todo sobre las sociedades, resistidas por los círculos económicos.
Rajoy podría aprobarlo en parte gracias al apoyo de los 137 diputados de su Partido Popular (PP, derecha) y los 32 de Ciudadanos (liberales), dispuestos a negociar.
Sin embargo, como lo señala el editorialista José María Marco, del diario de derecha La Razón, para las grandes reformas "es indispensable el acuerdo en nuestro país entre el PSOE (socialista) y el PP".
"El gran problema de España se llama Cataluña", estimó el profesor de derecho constitucional Javier Pérez Royo, quien estuvo en las listas de Podemos, al señalar que se éste se calentará, toda vez que el Gobierno independentista catalán prometió preparar las leyes que permitan "la desconexión" de la región de 7,5 millones de habitantes.
"Los nacionalismos siguen siendo la clave del Gobierno", indicó el sociólogo Narciso Michavila, quien asesoró a Rajoy: desde 2008, los nacionalistas (vascos y catalanes) dejaron de apoyar gobiernos tanto de izquierda como de derecha.
Problema
Para los grandes temas de Estado, a Rajoy le será difícil conseguir un interlocutor fiable en el PSOE, desgarrado por una crisis interna tras la revuelta que se saldó con la partida de su secretario general Pedro Sánchez. Quedan otros temas urgentes y complejos, como la financiación desigual de las 17 regiones españolas, lo que irrita, por ejemplo, a los catalanes; o el financiamiento de las pensiones, cada vez más complicado por el envejecimiento de la población.
Pese a todo, Rajoy conserva el poder de disolver el parlamento a partir de mayo. Con este poder, podrá presionar al PSOE, ya que este partido en crisis querrá evitar nuevas elecciones, antes de haberse reconstruido para no exponerse a un nuevo retroceso electoral.
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