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La crisis desató ola de robos a bancos en N. York
Algunos de los principales robos a bancos en Nueva York registrados por las cámaras de video, que sirvieron al Departamento de Policía neoyorquino para capturar a los delincuentes.
Esto, claro, podría sonar una fina ironía tomando en cuenta la caída de algunos de los bancos más emblemáticos de Wall Street, como Lehman y Bear Stearns, y las profundas dudas sobre la solvencia de gran parte del sistema financiero.
Sin embargo, lo cierto es que el número de robos a bancos pasó de 283 en 2007 a 444 en 2008 (un incremento del 57%), según lo reflejan las estadísticas del Departamento de Policía neoyorquino.
La ciudad que después del fatídico 11 de setiembre de 2001 pareció volverse inexpugnable y la más segura de todo Estados Unidos, lo cual podía constatarse con sólo caminar por cualquier calle de Manhattan fuertemente custodiada por visibles fuerzas de seguridad y ocultos sistemas especiales de vigilancia, teme que vuelvan los oscuros años 70, cuando el delito y los vagabundos se adueñaron de las calles.
Como ocurre en cada ciclo económico recesivo, el nivel de delitos crece de la mano de la búsqueda del dinero fácil, el mayor número de desocupados y de personas que perdieron la vivienda (homeless).
Frente a esto, el alcalde Michael Bloomberg, que va por su segunda reelección en noviembre, saca a relucir estadísticas del FBI de 2007, cuando Nueva York mantenía el índice de delincuencia más bajo entre las primeras 10 ciudades más grandes de EE.UU. Pero, por suerte, el jefe de policía, Raymond Kelly, salió al ruedo y el 14 de enero pasado convocó a las asociaciones financieras y bancarias, y a las principales entidades que operan en la City neoyorquina a discutir una serie de medidas y prácticas para prevenir los robos bancarios.
Por el momento, una de las recomendaciones de la Policía es que cada sucursal bancaria coloque un cartel advirtiendo la prohibición de ingresar vestido con gorro, capucha, anteojos oscuros, y sombreros, entre otros atuendos que no dejen visible el rostro del cliente.
De modo que si usted está de visita por Nueva York y es fanático por ejemplo del rap o del reaggeton, y utiliza la vestimenta típica de estas tribus urbanas, y piensa pasar por algún banco, mejor vuelva a su domicilio y cámbiese, porque no entrará. Estas restricciones también incluyen a la vestimenta deportiva, principalmente, las gorras clásicas de béisbol, básquetbol o fútbol, y sus camperas con capuchas.
Esta práctica ya está siendo implementada en algunas sucursales en las que se avisa a los clientes, antes de entrar, que se quiten los anteojos de sol, y las gorras, ante la recomendación del Departamento de Policía.
El aumento de la delincuencia no es un tema menor en Nueva York. El ajuste anunciado por el gobernador David Paterson le costará a la ciudad u$s 1.600 millones y forzará el despido de miles de policías y de bomberos.
Cabe señalar que el sector financiero neoyorquino es uno de los principales pagadores de impuestos, pero ha perdido más de u$s 36.000 millones en los últimos dos años y se estima que recorte un 25% la dotación de personal. Esto privará a la ciudad de más de u$s 1.000 millones en ingresos fiscales perdidos, incluyendo el pequeño boom que se registra cada año cuando las sociedades de valores pagan primas y bonus.
A esto se suman los despidos de muchas empresas de servicios vinculadas a Wall Street, calculados en unos 250.000 hasta 2010. Otro síntoma de la crisis es la paralización de cientos de emprendimientos inmobiliarios que involucran un gasto de más de u$s 5.000 millones, y que dejarán miles de trabajadores en la calle.
A su vez, se achicó otra fuente de financiamiento en el mercado de capitales: los bonos municipales. Antes de la crisis, Nueva York colocaba fácilmente u$s 1.000 millones, y ahora sólo puede emitir u$s 300 millones.
Difícil panorama para Bloomberg, que prometió no cometer los errores de los 70.


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