- ámbito
- Edición Impresa
La distancia entre los deseos y la realidad
El líder chino tan sólo se fijó unos segundos a Obama, para rápidamente volver a dejar vagar su mirada en la sala repleta de lámparas colgando del techo.
En la delegación norteamericana nadie quiso reconocer lo que todos habían percibido: Obama y Hu no se han acercado mucho en su quinto encuentro bilateral desde marzo. Sobrios y fríos, anunciaron más trabajo conjunto y formularon pragmáticamente, la mayor parte de las veces, objetivos vagos.
Como dijo Obama, ambos saben que «muy pocos desafíos globales pueden ser resueltos sin el acuerdo entre Estados Unidos y China». Pero no tienen por qué considerarse especialmente simpáticos. La atmósfera fue rígida e hizo recordar a algunos el tiempo inusualmente frío para noviembre que se sentía a las puertas del gran salón.
Inaccesible
Las diferencias culturales no pueden ser la causa, puesto que también a los chinos les pareció reservada la actitud de su jefe de Estado. Pero Hu, cauto y en ocasiones inseguro en las negociaciones, es conocido por su inaccesibilidad. No se pone a trabajar en situaciones que no pueda controlar por completo, por eso rechazó también la petición estadounidense de permitir preguntas por parte de los periodistas.
Bajo el lema de «¿Quién es Hu?», China y el mundo se preguntan desde hace tiempo cuál es la personalidad del hombre que está al frente del Partido Comunista. «Teatralidad imperial» y «aislamiento autoelegido», dijo un embajador una vez.
Hu Jintao y Obama tienen muchos motivos para forcejear, como por ejemplo el cambio climático. Al principio, los dos países, por motivos distintos, estaban decisivamente interesados en torpedear un acuerdo vinculante en la cumbre del clima de Copenhague, el próximo diciembre. Pero, en palabras de Obama, ambos presentaron «iniciativas importantes» que deberían impedir que sólo haya «meros comunicados políticos» en la capital danesa y pidieron que se adopte una resolución que abarque todos los temas abordados durante la cumbre.
Estados Unidos y China adoptarían cada uno «algunas medidas» sobre la lucha contra el cambio climático y los objetivos internacionales tendrían que ponerse por escrito.
Estas palabras les dolerán a los defensores del medio ambiente, ya que también el predecesor de Obama, George W. Bush, y los dirigentes chinos habían saboteado anteriormente las ideas europeas con este tipo de formulaciones farragosas.
A pesar de todo, los diplomáticos de Estados Unidos celebran la primera visita de Obama a China como un «gran éxito», pues según el embajador estadounidense en el país, Jon Hutsman, el trabajo conjunto entre ambos «no era tan estrecho y bueno hace 30 años como hoy».
Pero muchos en Estados Unidos, como The Washington Post, se preguntan si realmente hay que saludar con tanto entusiasmo esa ascensión de China como lo ha hecho Obama. Al fin y al cabo, argumentan, no es una verdadera democracia sino más bien un Estado que trabaja junto a los gobernantes más condenables, como los de Zimbabwe o Sudán.
Agencia DPA

Dejá tu comentario