• DIÁLOGO CON SERGIO OLGUÍN SOBRE SU NUEVA NOVELA, "1982", AMBIENTADA EN LA GUERRA DE MALVINAS El autor de la serie policial protagonizada por Verónica Rosenthal reflota el clásico tópico de Fedra, en donde la mujer de un teniente coronel del Ejército Argentino se enamora de su hijastro.
Olguín. A la protagonista de mi novela no le preocupa el tema del incesto con el hijastro. A ella lo que la desvela es el tema de la infidelidad”.
Fátima, joven esposa de Augusto, un teniente coronel que está combatiendo en la Guerra de Malvinas, y Pedro, el hijo del militar, se enamoran perdidamente. Es el punto de arranque de "1982" (Alfaguara), donde Sergio Olguín a partir del mito de "Fedra" explora "la intimidad en tiempos de la dictadura". Olguín lleva publicados trece libros, entre los que está la serie policial protagonizada por Verónica Rosenthal, y "Oscura monótona sangre", premio Tusquets de Novela. Dialogamos con él.
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Periodista: ¿Cuándo le aparece la idea de una novela que revise y actualice la tragedia de la atracción de una madrastra por su hijastro?
Sergio Olguín: Mucho tiempo atrás, en 1989. Quería escribir algo respecto de Fedra. Había leído la "Fedra" de Racine en la Facultad, en la Cátedra de Literatura Francesa, y me había fascinado. Cuando en 1989 comencé a pergeñar un libro con historias de mujeres griegas adaptadas a la actualidad una era Fedra, la más superficial de todas las tragedias; trata de un rechazo amoroso que desencadena una serie de muertes. Pero no le encontré la vuelta cuando hice el libro "Las griegas". No podía resolver el tema de Teseo, un hombre de armas que está en la guerra, y abandoné ese proyecto por otros. Y ahora, cuando quería escribir algo distinto de las novelas de Verónica Rosenthal, volvió a surgir la idea pero con dos cosas claras: Teseo tenía que ser un militar del Ejército Argentino en la Guerra de Malvinas, y así apareció el Teniente Coronel Augusto Vidal, y Fedra no debía ser banal como la había imaginado; mi Fátima iba a estar a la altura de las circunstancias, a asumir un carácter trágico. El disparador no sería una historia menor sino una historia de amor fuerte. A diferencia de las versiones de la leyenda, donde Hipólito, el hijo de Teseo, rechaza las insinuaciones de Fedra, acá habría un amor mutuo, se enamorarían profundamente. Los personajes pasan a ser contemporáneos, cambian sus nombres, Hipólito es Pedro, y se cargan el espíritu de los años 80, de lo que significaba ser un argentino en la época de la dictadura y la Guerra de Malvinas, pero manteniendo la sustancia de esa tragedia que viene de Eurípides para acá.
P.: Están los temas del incesto y del militar engañado por su nueva esposa.
S.O.: El incesto no me interesaba más allá del planteo que se hace Fátima en un momento, porque vio crecer a ese muchacho. La diferencia entre ellos no es grande; Fátima tiene 30 años y Pedro casi 20, podrían haber sido una pareja normal hoy en la ciudad. Fátima no se plantea problemas por ese lado sino por ser infiel, por lo que significa en el orden familiar enamorarse de otra persona, ya sea del hijo de su marido o alguien fuera de la familia. El engaño no aparecía porque estaba decidida a vivir esa relación con naturalidad, separándose de su marido. Eso aparece en el marido. Es lógico que un militar de la dictadura lo primero que pensó fue en los cuernos, y cómo disminuir los efectos de ser engañado por su esposa. Eso no aparece ni en Fátima ni en Pedro; para ellos la infidelidad es un problema menor ante la historia que se abre frente a ellos. Yo quería escribir una historia de amor intenso. Una novela anterior mía se llama "No hay amores felices", podría pensar si esta novela confirma o no la infelicidad del amor. El amor, mientras dura, es feliz. Se disfruta y lo que viene después no importa.
P.: Lo transgresor es que entre Fátima y Pedro no hay sólo deseo sexual.
S.O.: Se quieren con una pasión y un cariño grandes, algo que se piensa que la pasión erótica deja fuera, pero en este caso, además del deseo y el sexo, hay un enorme cariño, fruto de conocerse de tantos años.
P.: Hay también una visión distinta de Malvinas.
S.O.: La guerra es, en la primera parte, el contexto en el que se mueve la novela, pero más que una novela sobre Malvinas lo es sobre los efectos de la dictadura en la intimidad. Me interesaba el vínculo entre dictadura y vida íntima. No quería meterme en el conflicto, en los combates, en las consecuencias psicológicas o físicas de los que estuvieron allá. Y quería contar de un militar de alto rango, no de un soldado en 1982. Por otra parte ese año va más allá de esa guerra, remite claramente a "1984" de Orwell, sobre todo en la última parte de la novela. Son atrapados por el Gran Hermano y son torturados hasta que los recuperan para la sociedad. Siempre supe que quería, en ese triángulo, explayarme en la historia de amor.
P.: Además de esta novela, tiene una miniserie y escribe un guión para el cine.
S.O.: Me alejé del periodismo porque estaba todo demasiado complicado laboralmente. Quería apostar a la escritura de ficción y acercarme a la televisión y el cine. Había intentado hacer "La fragilidad de los cuerpos" en televisión, que sale en mayo probablemente; es una coproducción de Pol-Ka con TNT. Estuvo la posibilidad de hacer "Oscura monótona sangre" en cine, que se suspendió por razones económicas. Y surgió la posibilidad de trabajar con Luis Ortega y Rodolfo Palacios en la elaboración del guión de la biografía de Robledo Puch, que ahora se empieza a filmar. Nos gusta mucho el guión que se logró, y está la calidad de Luis Ortega que vine de hacer "El clan", "Caja negra", "Lulú".
P.: ¿Va a poder cumplir con la promesa de la saga de diez novelas policiales de la periodista Verónica Rosenthal?
S.O.: Ahora, justamente, me puse a escribir la cuarta. Me costó más definir la parte policial. Todo el mundo cree que el policial es el género que mejor me representa; mentira, lo que más me representa es la novela romántica. Por eso me atrae provocar el interés a través de la historia de amor de Verónica.
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