15 de diciembre 2014 - 18:12

La justicia tendrá un protagonismo sin precedentes

Eugenio Zaffaroni
Eugenio Zaffaroni
           El próximo 31 de diciembre el fin de año dará inicio a una de las grandes contiendas políticas que tendrá 2015 por fuera del plano electoral: se concretará la salida de Eugenio Zaffaroni de la Corte Suprema de Justicia y el Gobierno tendrá 30 días hábiles para enviar al Senado la propuesta de reemplazo.

Para el oficialismo es un desafío que animará gran parte del verano y que lo coloca en una situación de tensión interna poco habitual: deberá jugar una carta casi con la certeza de que la oposición no facilitará en ningún caso el quórum necesario en la Cámara alta. La ecuación que debe resolver el Gobierno es cómo modificar un contexto que lo ubica en el rol protagónico de una historia cuyo final, al menos por ahora, seguramente tendrá saldo negativo.

Es por eso que los debates internos no sólo giran en torno al quién sino que además se agrega la variable de la cantidad de jueces que debería ostentar el máximo tribunal. Un candidato requiere de los 2/3 del Senado, pero la cantidad de ministros se puede variar con la mayoría simple que hoy el kirchnerismo ostenta en esa Cámara.

El segundo debate tiene mejores expectativas para el Gobierno que el primero, sencillamente porque los referentes de la oposición ya han avisado que esa designación corresponde a la próxima administración. La única posibilidad de cambiar esa lógica, basada más en los tiempos que en la política misma, sería nominar un candidato de buen predicamento para los sectores críticos. Hasta ahora no parece posible y es una concesión que no figura en el ADN del kirchnerismo.

La discusión sobre el número de miembros sería más auspiciosa porque, en caso de incrementarse, el oficialismo ingresaría en un terreno más fértil para propiciar negociaciones con otros sectores que también estarán interesados en ubicar un jurista afín en las alturas del Poder Judicial. Cuando durante el Gobierno de Néstor Kirchner la Corte se redujo a la composición reglamentaria de cinco miembros, gran parte del arco opositor (cuyos nombres hoy continúan en el candelero) elevó duras críticas. Para esos partidos el número ideal era el de siete ministros, que es además el número recurrente en las cortes provinciales. Para tener en cuenta.

Más allá del desafío de la oposición, el Gobierno llegará a esta disputa con una situación de tensión con la Corte y en particular con su presidente, Ricardo Lorenzetti. Un estado que se explica por la reforma judicial impulsada por el kirchnerismo en 2013 y cuyas leyes la Corte anuló y, en un nivel más directo, por los vaivenes del nuevo Código Civil y Comercial, que dieron lugar a una serie de modificaciones por parte del Ejecutivo que el presidente del máximo tribunal, que encabezó la comisión redactora, no termina de digerir.

Durante 2014 la Corte no debió entender asuntos tan extraordinarios como una reforma judicial o como la ley de medios. Por el contrario, se expidió sobre aspectos más estructurales en materia de recaudación impositiva, jubilaciones y coparticipación. En gran parte de esos expedientes la Corte falló contra el Estado. Esa agenda de causas sensibles promete no modificarse en 2015: contratos decisivos para el Gobierno como el de YPF con Chevron, reclamos de fondos de las provincias y nuevos litigios en materia aduanera prometen resoluciones de alto voltaje en los acuerdos de los ministros de los días martes en los cuales ya no estará Zaffaroni, el magistrado de mayor afinidad con Balcarce 50. La Corte será más monocromática y Lorenzetti tendrá un protagonismo todavía más acentuado.

Esa regla no se aplicará al Consejo de la Magistratura, el otro organismo que incide, desde la última reforma constitucional, en la organización del Poder Judicial. En 2014 el oficialismo logró la presidencia del cuerpo colegiado y el control de las principales posiciones, lo cual también, a su modo, contribuirá a una situación de tensión entre la Corte y el Gobierno.

Ese enfrentamiento estará condicionado a lo largo de 2015 por la apertura del kirchnerismo a negociar con el bloque opositor de la Magistratura, actualmente integrado por jueces, abogados y legisladores de la UCR. Un estilo unilateral tendrá por resultado mayores fricciones con las vocalías de la Corte Suprema, que a su vez podrían verse reflejadas en las firmas de un tribunal que a partir de enero requerirá sólo de tres voluntades para conseguir mayorías.

El escenario será vibrante porque en paralelo a un año de elecciones presidenciales, la Justicia tendrá el rol protagónico que el kirchnerismo, para bien o para mal, le ha atribuido en su fase final. El desafío de un contrapoder que el Gobierno no ha encontrado en la esfera legislativa se presenta desde los tribunales federales, y más aún en los juzgados donde tramitan los expedientes más sensibles para la arena de la política.

El exministro de la Corte Enrique Petracchi solía entusiasmarse con una frase: Todos los jueces son políticos, lo sepan o no, son como los cangrejos, que son crustáceos aunque ellos no lo saben.

Sin lugar a dudas 2015 encontrará a los integrantes de ese poder de Estado mucho más cerca de la real politik que de los avatares filosóficos planteados por el exministro de la Corte.

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