1 de noviembre 2010 - 00:00

La metamorfosis de la “Juana de Arco de la guerrilla”

Dilma Rousseff, según pasan los años: del prontuario que le abrió el régimen militar como militante guerrillera, a las cirugías embellecedoras recientes, recomendadas por sus asesores de campaña.
Dilma Rousseff, según pasan los años: del prontuario que le abrió el régimen militar como militante guerrillera, a las cirugías embellecedoras recientes, recomendadas por sus asesores de campaña.
La fotografía está fechada en enero de 1970. En sus manos, Dilma Rousseff sostiene un cartel con el número 3023. Por ese entonces tenía 22 años y acababa de ser detenida por su participación en varios grupos insurreccionales. Es, tal vez, la única imagen y prueba de un pasado agitado que la vencedora de las elecciones de ayer intentó olvidar durante la campaña.

En su biografía oficial dedica unas pocas líneas a esa etapa controvertida de su vida. «Fue presa y torturada en San Pablo. Como jamás participó en ninguna acción armada, la justicia militar sólo la condenó a dos años de prisión por subversión. Su crimen fue el mismo de tantos jóvenes de aquellos años rebeldes: querer cambiar el mundo», se afirma en su página personal (dil

¿Toda la verdad? Dilma nació en 1947 en una familia acomodada de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais. Hija de un inmigrante comunista búlgaro, que ejerció en este país como abogado, y de una docente, siempre sintió afición por las letras. Marcel Proust, Jean Paul Sastre y Fedor Dostoievski, entre otros y variados autores, estuvieron entre sus predilectos.

Fue en 1967, a los 19 años, cuando ingresó al Comando de Liberación Nacional (Colina), conocido por sus ataques con bombas y asaltos. Sin embargo, la otrora «Dama de hierro» de Luiz Inácio Lula da Silva y ahora presidenta electa sólo colaboraba en el aparato político del grupo. Hacía tres años que el país estaba sumido en una férrea dictadura militar. Mientras estudiaba Economía en la Universidad de Minas Gerais, se sumó a las filas de la Vanguardia Armada Revolucionaria-Palmares (VAR-Palmares). Según medios locales, en este punto su activismo no se limitó a la política, ya que habría sido cerebro de varios operativos armados. Con todo, ella rechaza aun hoy haber realizado tales actos y mucho menos portado un fusil.

También mira para otro lado cuando la llaman por sus «nombres de guerra»: «Stella», «Luisa» y «Wanda», todos revelados por sus compañeros de militancia.

Hace algunos años, cuando la posibilidad de ser candidata presidencial todavía era algo impensado, Dilma hizo una confesión más que sugestiva sobre aquellos años.

Tras la fractura de la VAR-Palmares, se le encomienda una misión en San Pablo: ocultar las armas del movimiento que estaban guardadas en varios departamentos y que corrían riesgo de ser encontrados por los militares.

«(María) Celeste (Martins) y yo entramos con una valija, me acuerdo muy bien porque estaba llena de municiones. Envolvimos las armas en un cobertor. Llevamos todo para la pensión y lo pusimos debajo de la cama. Había tantas cosas que la cama quedó un poco elevada. Era muy complicado dormir ahí las dos juntas. Y era muy incómodo. Los fusiles automáticos ligeros, que nos habían sobrado, estaban todos ahí. Había ametralladoras, bombas plásticas. Cuando cuento esto, hoy día, me da la impresión de que ni siquiera era yo quien estuvo ahí», reveló.

Fue allí, en San Pablo, donde fue detenida y torturada con golpes y descargas eléctricas. Por su resistencia en prisión sus compañeros la llamaron «la Juana de Arco de la guerrilla».

A partir de ese punto su trayectoria sale de la oscuridad y se hace conocida. Egresada de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, se destacó como activista de izquierda y fue cofundadora del Partido Democrático Laborista (PDT). En 1976 tuvo una hija con Carlos Franklin de Araújo, Paula.

Fue recién en 2001 cuando se sumó al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, a quien conquistó por su practicidad y capacidad de gestión. Cuando asumió el nuevo gobierno en 2003, se convirtió en ministra de Minas y Energía, cargo desde el que modernizó el sector y terminó con el déficit en materia de generación.

Ya en 2005, a fines del primer mandato de Lula, asumió como ministra jefa de la Casa Civil (jefa de Gabinete), luego de que una serie de escándalos de corrupción conocidos como «mensalao» dejaran fuera de juego de José Dirceu, su antecesor y estrecho aliado del presidente.

En 2009, cuando comenzaba la ardua tarea de instalar su imagen en el electorado petista, entre el que era poco conocida, un golpe inesperado sacudió su carrera. Se le detectó un cáncer linfático, pero una cirugía y el respectivo tratamiento le permitieron salir adelante.

Nunca tuvo alto perfil. Es adusta, seria y trabaja lejos de los flashes. De ahí a que haya tenido que ser entrenada para poder replicar, aunque sea un poco, el carisma del presidente saliente.

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