15 de julio 2015 - 00:00

“La novela histórica no me representa; no me identifico”

María Fasce construyó su novela alrededor de un grupo de mujeres que están sexual y emocionalmente relacionadas con Pablo Neruda.
María Fasce construyó su novela alrededor de un grupo de mujeres que están sexual y emocionalmente relacionadas con Pablo Neruda.
En Isla Negra, la casa de Neruda, la hija de la mucama, va a decirle adiós a la infancia, va a descubrir un mundo donde el arte, la poesía se mezcla con infidelidades, sabrá de la pasión y del deseo, de la tosquedad y del glamour. Ésa es una de las posibles lecturas de "La mujer de Isla Negra", novela de María Fasce, que publicó Edhasa, una historia (entre otras cosas) de amor donde actúan algunos personajes famosos. La escritora y editora argentina María Fasce, radicada en España, ha publicado las novelas "La verdad según Virginia", "La naturaleza del amor", los libros de cuentos "La felicidad de la mujeres" y "A nadie le gusta la soledad", el libro "El oficio de mentir. Conversaciones con Abelardo Castillo", y ha traducido a Marcel Proust y a Patrick Modiano, conquistando diversos premios. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos sobre su nueva novela y su labor como editora en España.

Periodista: ¿Le llevó mucho tiempo construir una novela sobre un grupo de mujeres que están sexual y emocionalmente relacionadas con Pablo Neruda?

María Fasce:
Es una novela que lleva años escribiéndose, que dejé y retomé. La empecé hace unos 15 años. Surgió un día que casualmente estaba leyendo a Neruda. Es un autor que siempre releo porque tiene poemas espantosos, otros maravillosos, pero en el conjunto de su obra es un poeta enorme. Tengo en mi casa los famosos tres tomos que publicó Losada, y el resto de sus libros. Leí los de sus memorias. Me dediqué a escuchar esas grabaciones horribles en las que él lee sus propios poemas con esa voz tan pomposa y pretenciosa. Yo, concretamente, pensaba que había algo tremendamente falso en ese personaje, que el escritor estaba en otro lado. Por ese tiempo cayó en mis manos una biografía buenísima, "Delia del Carril, la mujer argentina del poeta Neruda" de Fernando Sáez. En esa biografía aparece muy bien pintado. Neruda estaba en Capri con Matilde Urrutia y le mandaba a Delia del Carril cartas en las que le decía: "Acá estoy tirado en la arena, solo, al sol, extrañándote". Ahí estaba el tema que me interesaba: un hombre entre dos mujeres. E incluso entre tres, y hasta cuatro, porque ahí aparece el personaje ficticio de la madre de Elisa, la narradora de la historia, Raquel; la humilde mujer que llega con ella desde Temuco llena de sueños y se ve convertida en la sirvienta de Neruda en Isla Negra. Lo que me gustaba en esa historia eran las tensiones, las diversas fuerzas que se jugaban en ese grupo. Y los distintos tipos de amor. Lo que me interesa en todos mis libros son esas pulsiones: por qué alguien se vuelve otro, de qué nos enamoramos, por qué se acaba el amor. Me pareció que la historia de "La mujer de Isla Negra" podía contener esos temas.

P.: Tenía los elementos de la historia real que usted debía transformar en novela, ¿qué era lo que le atraía y qué era lo que temía, lo que la desafiaba?

M.F.:
Me gustaba la energía que aparecía en todos esos personajes, las tensiones íntimas, secretas, que iban viviendo. El desafío era cómo contarlo. Desde dónde. Cuál sería la voz que narrara la historia. Entonces pensé en la nena, en Elisa, la hija de Raquel, para que fuera la que contara porque me ofrecía elementos muy interesantes por su edad, por su cercanía y a la vez distancia. Me acordé de esa frase de Borges donde dice que para escribir un buen relato siempre hay que contarlo como si uno no lo entendiera bien del todo. La mirada de esa nena es la que a nosotros nos permite ver todo lo que pasa sin juzgarlo, casi como si viéramos detrás de un vidrio. Obviamente, sería otra novela si la que contara fuera Delia del Carril o el mismo Neruda.

P.: Usted no se priva de contar la iniciación sexual de la pequeña Elisa.

M.F.:
Me gustaba que la novela relatara la iniciación sexual del personaje del modo como se lo hace, desde el lugar desde donde se lo cuenta. Novelas como "En brazos de la mujer madura", de Vizinczey, o "Lolita" de Nobokov, me han marcado. Incluso lo que me gustaba era la idea de que la iniciación de esa niña en esa casa medio mágica no fuera sólo una iniciación de lo que ella ve y de lo que le pasa a ella, sino de lo que lee. Su lectura de una escena de "Lolita" la siente como si la hubiera vivido. Luego, cuando le pasa a ella que Aldo le pone un dedo en la mejilla, siente exactamente lo mismo que al leer el pasaje de cuando Humbert Humbert le saca una basurita del ojo a Lolita. Elisa no sólo tiene una iniciación sexual sino también lo que significa ser mujer. Tenía frente a sí tres mujeres completamente distintas, para elegir su propio camino. Con todas esas ideas me puse a escribir.

P.: En realidad frente a Elisa hay cuatro modelos de mujeres, porque la amiga de la aristocrática pintora Delia del Carril es Victoria Ocampo. Es una zona donde brilla la cultura, el glamour, la ironía, el estilo.

M.F.:
Siempre me fascinó Victoria, me parece una mujer notable, tan de avanzada. Por supuesto por todo lo que hizo por la cultura, por difundir autores desconocidos y por todo lo que transmite en sus "Diarios". En el "Borges" de Bioy, que es un libro extraordinario, hay escenas increíbles con Victoria que fueron fuentes de inspiración. Rosa Montero dice que cuando uno escribe una novela funciona la ley del embudo, cuando se va en la buena dirección todo lo que le pasa, lo que ve, lo que lee, tiene que ver con la novela. Me sucedió cuando fui a conocer Villa Ocampo, yo no había ido nunca. Esa visita me hizo sentir y comprender muchas cosas, ahí me dije que tenía que dedicarle en la novela una escena a Victoria. Ella está presente en toda la historia, pero como referente. Me encantó la idea de esta Victoria criticona que odia a Neruda y que le dice a Delia que tiene que volver a ser como era ella antes de conocerlo.

P.: ¿Sintió que podía caer en la tentación de escribir una novela histórica?

M.F.:
En un momento reescribí toda la novela cambiando los nombres de los personajes, los lugares donde ocurrían los hechos, para no caer en eso y poder desplazarme por una novela sin aditamentos. La novela histórica no me representa, no me identifico. Cuando di a leer la novela con los nombres cambiados, me decían: está muy bien, pero es una tontería no poner sus nombres porque cualquiera sabe quiénes son tus personajes.

P.: Después de "La mujer de Isla Negra", ¿qué está planeando escribir?

M.F.:
Continuaré corrigiendo, hasta que se publique, el libro de cuentos "Un hombre bueno", que ganó el 2015 Premio Iberoamericano Cortés de Cádiz. Y tengo en la cabeza una nueva novela que tomará su tiempo. Yo, además, trabajo de editora en España. Fui a vivir allá un poco por casualidad. Llegué por un trabajo puntual, hacer una colección de clásicos que salían con el diario El País. Conocí a mi marido, me quedé embarazada, viví años en Barcelona. Luego, por estar ahí, volví a trabajar en lo mío que es la edición. Soy directora editorial de Alfaguara, contrato todos los libros extranjeros, a John Banville, Pierre Lemaitre, John Berger, tienen mucho que ver con lo que me gusta; y desde hace unos meses también a autores en español.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario