11 de enero 2010 - 00:00

LA NOVELA DE LAS 5

Walter Graziano
Walter Graziano
¿Qué nos deparará hoy el nuevo episodio financiero-jurídico-televisivo acerca del Banco Central y del uso de las reservas para el pago de deudas? ¿Cuántos presidentes tendrá hoy el Central? ¿Dos, uno, ninguno? ¿O tres si se suma Blejer? ¿Qué dictaminarán hoy los jueces, abogados, fiscales que analizan presentaciones, escritos y apelaciones de temas que en principio nada deberían tener de judiciales? ¿Encontrarán a la jueza extraviada?

¿Dictaminará otra vez sobre este caso o preferirá dar prioridad a un accidente de colectivos en avenida Corrientes y dejar esperando al Gobierno?... El presidente o ex presidente del BCRA -ni él mismo lo sabe- ¿Se quedará en su casa, visitará los juzgados o se parapetará en la bóveda del Central para cuidar personalmente las reservas de billetes extranjeros?

Resulta lamentable, pero lo que nació como una intención por parte del Gobierno a fin de poder pagar la deuda pública corre el riesgo de convertirse en un culebrón vespertino que compite con gran éxito de rating contra los otrora imbatibles programas de chimentos donde el caso del Banco Central está a un milímetro de ir a parar si llega a aparecer alguna personalidad de la farándula entremezclada en el caso...

Tomémonos con un poco de humor este espinoso tema, porque de otra manera habría que concluir que la Argentina se está transformando en un país invivible y asfixiante, y no precisamente por culpa del Gobierno, según mi entender. Vayamos ahora a los puntos técnicos sobre el tema, que es lo que no hay que perder de vista, y que no deberían tener nada que ver con abogados, a los que se pudo ver hasta arrebatando la conducción de un noticiero la semana pasada.

En primer lugar, la independencia del Banco Central. En la Argentina se adoptó un sistema similar al norteamericano para el Central. O sea, el Poder Ejecutivo con el acuerdo del Senado nombra el directorio, pero luego no interviene en ningún tipo de decisiones acerca del sistema financiero. Cabe pensar al respecto que puede estar bien que el Banco Central tenga independencia, pero tampoco se puede exagerar con esto, porque de otra manera puede terminar ocurriendo algo ilógico: que terminen habiendo dos máximas autoridades del país: el presidente de la Nación y el presidente del Banco Central quien regula nada más y nada menos que el valor y el costo de la moneda. Además, quienes elaboraron la Carta Orgánica del Central no tuvieron en cuenta, quizás por desconocimiento, que mientras en nuestro país el Central es un banco estatal, en EE.UU. el Fed es un banco con accionistas privados, que son a su vez los grandes bancos privados a los que el Fed regula. Dado que el Fed tiene accionistas privados (aunque sus autoridades las nombre el presidente con acuerdo del Senado) entre los que reparte dividendos cuando tiene ganancias, puede entenderse un poco más por qué cuando se organizó en 1913 se previó que el Estado norteamericano no pudiera tener injerencia ninguna en sus decisiones monetarias y regulatorias, y que el presidente de la Nación no pudiera remover su directorio a su capricho. En síntesis, hemos copiado el modelo norteamericano para un caso totalmente diferente, dado que aquí el Central es un banco estatal y público, por lo que es ridículo y hasta desaconsejable que nadie pueda remover a sus autoridades. ¿O acaso alguien puede poner las manos en el fuego por alguien en este país?

En segundo lugar, y yendo directamente al meollo del tema, vale la pena preguntarse: ¿Qué hacemos en 2010 con la deuda pública externa? Hay a primera vista cuatro posibilidades. Veamos cuáles son: a) No pagar la deuda: arguyendo que no hay superávit fiscal y que las reservas no se pueden tocar, alguien podría decidir que no hay que pagar. Sería un enorme, tremendo error, por supuesto. Un país sólo puede provocar un «default» cuando materialmente no está en condiciones de pagar. Nadie entendería por qué un país con u$s 48.000 millones de reservas no paga. Si la Argentina vuelve a defaultear en las presentes circunstancias puedo asegurarle al lector que las consecuencias serían de una gravedad nunca antes vista. Sería interpretado, correctamente, como una avivada, como un robo, y no como un caso de necesidad. b) Pagar la deuda con superávit fiscal: hoy la Argentina no cuenta con superávit fiscal y es por ello que en parte se armó este gran lío. Podría hacerse un ajuste fiscal de urgencia de entre dos y tres puntos del PBI a fin de que el Tesoro cuente con los pesos suficientes para comprar los dólares. Pero esto tampoco luce nada lógico hoy por hoy, dado que a raíz de la crisis mundial ningún país del mundo hoy tiene superávit fiscal. Más aún, la Argentina posee un déficit relativamente muy pequeño si se lo compara tanto con países desarrollados como con naciones en desarrollo. El déficit fiscal argentino es apenas un quinto del norteamericano, por ejemplo, en términos de PBI. Hacer un ajuste fiscal para pagar la deuda en las actuales condiciones sería un acto de sadismo contra los sectores productivos y contra la población en general que deberían soportar más impuestos en medio de una crisis internacional. c) Pagar la deuda tomando crédito externo: una de las mejores cosas que le ocurrió al país en la década que concluyó es que no tuvo acceso a los mercados crediticios internacionales, y ello impidió que la deuda externa aumente y obligó a buscar superávits fiscales año tras año por lo que el peso real de la deuda no vuelve en 2010 a ser lo agobiante que era en 2000 y 2001. Volver a tomar deuda en el exterior implicaría, hoy, así como estamos, tener que pagar tasas estratosféricas, probablemente superiores al 10% anual en dólares, incompatibles con la estabilidad. A no equivocarse, esto sería un negocio para algunos grandes bancos de afuera, no para el país. d) Pagar la deuda con parte de las reservas: hoy por hoy luce lo más indicado, y representa muchos menos riesgos de los que había cuando se pagaron u$s 10.000 millones al FMI con reservas hace algunos años. Hoy hay muchas más reservas y debe usarse mucho menos dinero. La Argentina ya no está en convertibilidad, por lo que no tiene por qué usar reservas para respaldar base monetaria. Las reservas están para usarse en emergencias como ésta de 2010. Y declarándolo por anticipado, como hizo el Gobierno puede lograr reducir sustancialmente la tasa de interés a la cual se le prestaría a la Argentina si saliera a tomar fondos en los mercados de capitales, cosa que sólo debería hacerse por bajos montos y con máximo cuidado. ¿Por qué entonces se armó el alboroto que se armó? ¿Habrán visto algunos en el Central que la operación encierra alguna otra cosa oculta que no vemos? Si así fuera, es incomprensible que no lo hayan dicho o no lo digan ahora con todas las letras. Más bien, pareciera que hay un cálculo político oculto en todo esto. Y es sencillo de entender: la crisis mundial está cediendo, los países en vías de desarrollo empiezan a salir de la crisis antes que los desarrollados, los que tenían menos dependencia de los mercados de capitales (la Argentina es uno de ellos) salen más fácil, el horizonte económico luce mejor, y ello siempre implica más votos para quien gobierna, fuere donde fuere, cosa que aparentemente, aquí en la Argentina la oposición, donde algunos ya se estaban probando la banda presidencial para 2011, no pueden terminar de tragar... Así de puro, y así de simple, según creo.

Finalmente queda una cuestón más. La figura de Blejer despertó optimismo en algunos sectores. Sin dudas es un técnico de reconocido fuste y de gran nivel. Se menciona que fue funcionario del FMI muchísimos años y luego fue presidente del Central durante seis meses en la era del «corralito», cuando las cosas no le salieron nada bien, y se fue muy rápido. Que se postuló para un cargo que obtuvo, por su buen nivel para ser director nada menos que del Banco de Inglaterra (sorprendente que lo haya logrado, y que lo haya deseado tras seis meses en el Central nuestro). Que ocupó hasta hace muy poco un cargo importante en el privado Banco Hipotecario. Que está muy relacionado con importantes grupos económicos. Se especula con que posee tres pasaportes o tres nacionalidades, no se sabe. Ahora bien, todo esto, ¿Debería jugar a favor o en contra de la candidatura de Blejer? Más allá de lo buen técnico que sea. ¿Este es el perfil de presidente del Central que están buscando en el Gobierno y que creen que puede ser útil? A quien esto escribe, no le queda claro. Nada, pero nada claro. Pero quizás no haga falta ocuparse de esto, dado que el capítulo de hoy de la atrapante novela puede cambiarlo todo. No se lo pierda, encienda la TV a las cinco de la tarde.

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