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La pelota envenenada
Se abolla, pero no se pincha. Cabecea Gary Medel y la pelota se le mete en la cabeza. Así es muy difícil darle dirección.
Muchos dicen que hay que adaptarse a los adelantos tecnológicos, pero en el caso del balón Jabulani que se utiliza en este Mundial, estos adelantos conspiran contra la esencia del juego.
La idea de quienes lo crearon (el ingeniero Hans Peter Nürnberg, de Adidas Alemania) era hacer una pelota que se moviera en el aire para perjudicar las posibilidades de los arqueros y que hubiera muchos goles, pero el tiro les está saliendo por la culata.
La pelota es tan rápida que cuando pica no se puede dominar, por lo que es casi imposible tirar un pelotazo de 30 metros o hacer un cambio de frente. En los tiros libres tiende a levantarse y volar, por lo que es muy difícil pegarle con tres dedos para que haga la comba y baje.
Por eso, jugados los primeros 17 partidos solamente se marcaron 27 goles (1,56 por partido), uno de los promedios más bajos de los campeonatos mundiales, que nunca bajaron de los 2 goles por partido, y muchos tuvieron que cambiar su táctica para no jugar en contra de las posibilidades del balón.
Por eso se ve más juego de toques cortos y de habilidad, porque el problema surge cuando la pelota se levanta del césped. Esto hizo que los arqueros no intenten retenerla nunca (sobre todo después del gol de Dempsey de Estados Unidos al arquero Green de Inglaterra) y que los defensores se la saquen de encima, sin intentar dársela a un compañero.
La excepción fue Alemania, que aplastó a Australia, manejando con mucha velocidad el balón y algunos dicen que los alemanes jugaron su liga con una pelota muy parecida a la del Mundial, por lo que tienen la ventaja de conocerla.
Lo cierto es que por razones de «merchandising» nadie podía usar la Jabulani antes del Mundial y hubiese sido muy bueno que tuvieran por lo menos seis meses de adaptación a una pelota que no sólo es «envenenada» para los arqueros, sino también para los delanteros.

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