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LA PEOR VIVEZA CRIOLLA
Por Mariano Beldyk.- Punguistas, estafadores y descuidistas atentan contra un mercado crucial para la Argentina. Si bien, en el contexto latinoamericano, Buenos Aires se ubica en un sitial de privilegio en la elección de los turistas y su tasa de delitos violentos no es alta, crecen las denuncias de fechorías contra extranjeros y varía su tipo.

Los extranjeros no cambian sus dólares y euros en lugares habilitados sino en la calle. Hasta dos tercios de ellos lo hacen en el mercado informal para aprovechar la diferencia y así aumentan el riesgo de ser estafados, comentó a Viernes Diego Benítez, presidente de la Asociación Argentina de Derecho del Turista (Aadetur).
Argentina ocupa un lugar muy destacado en el mercado turístico latinoamericano, pese a su latitud, lejos de los países de mayor poder adquisitivo, y a que en el rubro playas, verdadero motor que mueve cientos de millones de personas en el mundo, su competitividad es limitada por cuestiones climatológicas. Por el contrario, su mayor fortaleza, según múltiples encuestas y los especialistas del mercado, está dada por Buenos Aires, la Patagonia y, crecientemente, Mendoza (vino) y Salta, donde, entre otras cosas, índices tan sensibles como la tasa de homicidios es sustancialmente más baja que el promedio latinoamericano.
El año pasado, la cifra de extranjeros ingresantes por puertos y aeropuertos (es decir, sin computar traslados por tierra) fue de 2,58 millones, 7% menos que en 2012, aunque con tendencia a la recuperación en el último trimestre. En cualquier caso, un volumen que representa, según la estadística que se tome, entre 5 y 10% de los turistas que recibe España por año, y entre el 15 y el 30% de los que ingresan a México, el líder latinoamericano.
Si descubrir entonces Buenos Aires, los glaciares sureños, los viñedos mendocinos, las costas bonaerenses y demás paisajes a un cambio favorable de 7 u 8 a 1 puede eventualmente ser tentador, volverlo realidad a una diferencia de 11 o 12 pesos por cada dólar mejora la oportunidad. Después de todo, acceder a la clandestinidad del mercado ilegal en Buenos Aires, incluso para los extranjeros, no exige más que pararse en una esquina de la calle Florida y escuchar la palabra mágica: ¡Cambio!.
Pero la circunstancia abrió también la puerta al delito. Y la geografía de las estafas también se vio alterada. Hay que tener en cuenta que, a principios del año pasado, teníamos 1 de cada 3 dólares que se liquidaban en el blue mientras que, a partir del tercer trimestre, esa relación pasó a ser 1 de cada 2. Estos cambios de hábitos provocan también que cambien los problemas. Si antes había dinero falso en los taxis, ahora los hay en la vía pública, lo que mudó de Retiro a la calle Florida las coordenadas de mayor conflicto por el cambio ilegal, describió Benítez en alusión a la multiplicación de arbolitos, entre los cuales se camuflan los estafadores.
Aunque su oficina se ubica en la ciudad de San Carlos de Bariloche, Benítez trabaja en permanente contacto con delegaciones de Adeetur en todo el país para relevar las quejas de turistas, locales y extranjeros, y proveer asesoramiento. Hace unas semanas, una delegación de la Policía Metropolitana se trasladó hasta la ciudad patagónica para brindar asesoramiento sobre las modalidades en boga. En el intercambio de registros, Benítez confirmó que el dinero falso y las diversas formas de estafa familiarizadas con él acentuaron su tendencia en crecimiento de los últimos años hasta posicionarse en 2013 como el principal tipo de denuncia frente a otros delitos habituales.
Tanto la Metropolitana como la Policía Federal abrieron dependencias especialmente dedicadas a la tarea de cuidar a los turistas. Sin embargo, ninguna de las dos fuerzas respondieron al pedido de solicitud de información formulado por Viernes para acceder a las estadísticas actuales. Los últimos números datan de 2012 y alertaban sobre un promedio de 500 denuncias por día en la Comisaría del Turista de la Federal. Entonces, Adeetur reportaba que el 86 por ciento de los casos que involucraban a turistas como víctimas no se resolvían.
Hoy, la falta de números oficiales vuelve imposible la comparación. Pero sí se advierte que, ante las nuevas modalidades de estafas, quienes suelen caer en estas redes del dinero falso son los portadores de los billetes más codiciados en Argentina: dólares y euros.
De acuerdo a los últimos datos de Adeetur confirmados durante el encuentro con la Metropolitana, el 40 por ciento de los turistas que visitan la Ciudad de Buenos Aires son brasileños pero solo el 6 por ciento de las denuncias por robos y estafas provienen de los vecinos fronterizos. Eso deja a los europeos entre los mayores afectados por la mano negra porteña con un 20 por ciento de los episodios reportados, uno de cada cinco.
El diario uruguayo El Observador reconstruyó en 2013 a partir del relato de viajantes orientales una de las más frecuentes estafas de intercambio de billetes por moneda falsa utilizadas hoy. Una intrincada combinación de movimientos, vehículos y actores propia de las puestas en escena cinematográficas de Los Simuladores.
El golpe involucra dos taxis, sus conductores y un tercer cómplice. El extranjero aborda el primer auto que, en medio de su recorrido, alega algún problema mecánico para detenerse. Solícito, el conductor se niega a cobrarle dinero alguno al pasajero a quien oportunamente advierte, casi al pasar, sobre la existencia de nuevos billetes, con algún tipo de marca distintiva nueva.
Cuando el pasajero desciende, no tarda en aparecer otro taxi detrás. Pero al momento de cobrarle el viaje, el pasajero advertirá que ninguno de sus billetes poseen esa marca distintiva de la que le había hablado el primer chofer. Este segundo conductor, con un tono menos tolerante, contagia los nervios al desprevenido extranjero que terminará desparramando sus billetes a la búsqueda de los correctos. Él mismo le muestra un billete nuevo con su respectiva señal, que no es más que uno falsificado por ellos mismos.
Es entonces cuando el chofer le pide el dinero al pasajero para verificarlo él mismo, lo envuelve en una banda elástica para contarlo mejor y se vuelca a la tarea ante la estupefacción del engañado. Allí aparece el tercer cómplice, un apurado transeúnte que comienza a golpear la ventana para abordar el taxi. Ante el pasmo del pasajero y las insistencias del tercer hombre, el chofer termina por devolverle el rollo de dinero y lo baja del auto diciendo que no le cobrará nada. Para cuando el estafado controle los billetes y descubra que sólo el primero es auténtico y, el resto, simples papeles, el taxi, su conductor y el cómplice ya se habrán perdido de vista.
¿La llevo?
El verano pasado, volviendo de Colombia, un taxista en Ezeiza nos quiso estafar, contó Dayanni Olivo a este diario. Aunque nació en Bogotá, hace ya dos años que vive en Buenos Aires, donde se trasladó para realizar una maestría. A fuerza de golpes, aprendió a desconfiar de quienes se le aproximan con exagerada amabilidad.
Dentro de la terminal aérea de Ezeiza opera un servicio de remises que se abonan en mostrador. No son de los más económicos pero prometen seguridad. Un viaje hacia la Ciudad, contando peajes, puede rondar los 300 pesos. Cruzando las puertas, hay otros taxis que presentan una alternativa un poco más económica, pero aumentan las chances de elegir la opción equivocada.
La estafa más inocente es el paseo, un recorrido más extenso que el tradicional por las autopistas Dellepiane y Richieri, un Conurbano Tour no solicitado a fichas limpias de reloj que termina costándole al visitante igual o más caro que la opción más cara en los papeles. Dayanni pudo evitarlo porque conocía el camino, pero no todos tienen esa suerte.
Empezó a decirme que había que tomar por una calle, luego dar una vuelta por la otra, que era una recorrido muy largo, hasta que le respondí que no era así, que conocía el camino. Y entonces accedió a bajarnos el precio, dijo la colombiana.
La misma viveza criolla se repite en el aeroparque porteño Jorge Newbery e incluso en las calles de Buenos Aires. A veces disfrazada con un olvido a la hora de encender el reloj y la necesidad luego de fijar un precio estimado que, si el pasajero no es local, puede superar con creces la correcta, como relatan casi todos los extranjeros que llevan un tiempo en Buenos Aires.
En otras oportunidades, la estafa de ciertos taxistas es mucho más elaborada e incluye un mecanismo para agilizar la caída de fichas. O, peor aún, la complicidad con otros socios que puede involucrar también la violencia. El Departamento de Estados Unidos previene, a través de su Oficina para Servicios para Ciudadanos Americanos y Manejo de Crisis, que la opción preferente para viajar dentro de Buenos Aires y otras ciudades argentinas es el remís o el radio taxi. Y alerta, en su página web: Desconfíen de cualquiera que se aproxime a ustedes en la calle.
Arrebatos
La comisaría del Turista de la Policía Federal en la Ciudad de Buenos Aires no es fácil de hallar. Aunque sus coordenadas la emplazan en el corazón del microcentro, sobre avenida Corrientes 436, el edificio se alza en lo profundo de un lote que se abre hacia el centro de la manzana. Un sinfín de rampas y plantas la vuelven un bunker que fácilmente pasa desapercibido salvo para quien se proponga encontrarla.
Al cruzar la puerta espejada, se ingresa a una oficina pequeña, plagada de trípticos en castellano, portugués e inglés con sugerencias a los visitantes foráneos para conducirse por las calles porteñas con la mayor precaución posible. Como, por ejemplo, conservar siempre la cartera o bolso a la vista y no colgarla en el respaldo de ninguna silla, fuera de la vista.
En la puerta, uno de sus custodios advirtió a Viernes sobre otra recurrente treta que linda con el robo pero que no figura en ningún folleto. Abarca a las publicidades de cabarets disfrazados, en ocasiones, de falsos bares con promesa de descuentos. Para cuando el visitante cruza la puerta, ya es muy tarde: no podrá retirarse sin abonar una desorbitante suma de dinero por un trago, amedrentamiento mediante.
Según los datos recopilados por Adeetur, la estación 9 de Julio debajo del Obelisco, un nudo subterráneo donde confluyen la línea B, C y D, sigue siendo el terreno preferido de los llamados punguistas. Son quienes aprovechan los amontonamientos para hurgar en bolsillos de pantalones, camperas y bolsos.
Como le sucedió, pero en el colectivo, a Neil Roy, quien pasó por el país durante unas semanas en enero pasado para asistir a un seminario y una simple distracción le bastó para perder tarjetas de crédito, documentos y 40 dólares.
Tomamos el 39 con dos amigos, desde Palermo hacia la calle Viamonte. Como el colectivo estaba repleto, nos fuimos abriendo paso hacia el centro del mismo, pero quedamos separados. Cuando llegó a la 9 de Julio, la mitad de los pasajeros bajaron. Fue entonces cuando me di cuenta que me faltaba la billetera del bolsillo delantero de mi pantalón, narró a este medio.
Todo esto me volvió más cauto de lo que sucede a mi alrededor, especialmente en zonas concurridas, concluyó un resignado Neil.
De acuerdo a los últimos datos de la Metropolitana, los barrios de San Telmo y La Boca se volvieron los más inseguros a la hora de los arrebatos. Superaron incluso los registros de las calles de Retiro, cerca de la terminal de trenes y micros de larga distancia, una verdadera zona liberada, y las cuadras sobre la avenida 9 de Julio que corren del Obelisco a Avenida de Mayo.
Años atrás, un documentalista francés perdió la vida en Plaza San Martín de una cuchillada en el pecho al resistirse al robo de su cámara de fotos a metros del memorial a los soldados caídos en la Guerra de Malvinas. El caso fue esclarecido de inmediato y resultó un hecho absolutamente inusual, ya que no hay otros antecedentes recientes de hechos tan graves en lugares tan emblemáticos de la Ciudad. Desde entonces, la presencia policial en la zona aumentó y el número de arrebatos disminuyó en forma proporcional. No obstante, Argentina saltó a las páginas de los diarios franceses a causa de un asesinato por segunda vez en poco tiempo, luego del atroz homicidio de las jóvenes Cassandre Bouvier y Houria Moumnie en San Lorenzo, Salta, en julio de 2011.
La Policía Metropolitana ha instaurado un sistema de custodia que ha denominado Corredor turístico y que públicamente presenta, a través de sus videos institucionales, como un corralito de niños. No hay eufemismo: se trata de que el turista no cruce determinadas fronteras invisibles marcadas por el recorrido de los agentes.
Entre octubre y abril, durante la temporada alta de embarcaciones, la Terminal de Cruceros y las embajadas brindan información detallada a las autoridades de la Metropolitana y del Ministerio de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires respecto a día y horario de atraco de buques, número de pasajeros y cantidad de tripulantes. En concordancia con las cifras transmitidas, se organiza el servicio especial que se despliega en las zonas de habitual afluencia de extranjeros.
No resulta extraño divisar, cada tanto, alguno de los micros amarillosde City-tour de la Ciudad cargados con jóvenes de uniforme azul marino que poco asemejan a turistas. Son los cadetes de la fuerza policial creada por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, que reciben no sólo instrucción en técnicas de prevención y represión del delito sino también sobre los diversos aspectos culturales de la Ciudad en caso de que se topen con algún extranjero desorientado.
Desconfíe de las personas desconocidas que le adviertan sobre manchas en su ropa y ofrezcan ayuda para limpiarla, avisa la Policía Federal en su folleto informativo de la Comisaría del Turista. Por si acaso, y para no espantar al lector, precisa: No son violentos y trabajan en grupos de dos o tres personas que, seguramente lo despojarán de algo.
El célebre mostaceo se mantiene como la técnica predilecta en esta modalidad delictiva que involucra rapidez y una fingida gentileza que el extranjero inadvertido confundirá con amabilidad. Aún así, ya no resulta tan redituable como antes luego que las cancillerías extranjeras la incluyeron entre sus alertas para cualquier ciudadano que viaje hacia Argentina. Recoleta y Palermo son las zonas donde ahora se recogen el mayor número de denuncias de estos abordajes acorde a los datos de Adeetur y la Policía Metropolitana.
Resulta llamativo también que, entre las precauciones, Londres incorporó en su sitio del Foreign Office un apartado sobre las huelgas policiales en las provincias y los saqueos de diciembre pasado recomendándoles a sus ciudadanos que se mantengan alertas y sigan las instrucciones de las autoridades. Pero más sorprendente aún es cuando asegura que hay una amenaza latente del terrorismo, aunque sin hacer referencia alguna a los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel en los '90.
Los ataques, aunque poco probables, pueden ser indiscriminados, incluyendo lugares frecuentados por expatriados y turistas extranjeros. Desde 2004, ha habido un número de pequeñas explosiones en Buenos Aires y las provincias aledañas que, se cree, fueron obra de grupos antiglobalización locales, se lee en la web oficial del gobierno británico.
Al otro extremo de Argentina
Mendoza también tiene su propia fuerza de seguridad destinada a la protección de turistas, la Unidad Policial de Asistencia al Turista, creada en 2008 en medio de un pico en los registros de delitos cometidos contra turistas. Un pico violento, completó el Oficial Principal Mario Riili, a cargo de la dependencia.
Aquí, en la provincia, el hurto simple sigue siendo la modalidad predominante desde hace cuatro años. Casi el 90 por ciento de los ilícitos cometidos, explicó Riilli a Viernes.
Acorde a los datos de la provincia, en 2013 unos tes millones de turistas la visitaron, el doble que hace cinco años cuando se implementó la policía turística. De ellos, sólo un tercio son extranjeros: la mitad, provenientes de Chile, y el resto de otras nacionalidades, principalmente estadounidenses, británicos, franceses y alemanes.
A menudo, cuando les sustraen el bolso, llevan consigo las tarjetas y el pasaporte. Y aquí en la provincia no tenemos todos los consulados, lo que les suma otro inconveniente al malestar de haber sido asaltados, comentó Riili.
Si bien el momento clave de distracción para el arrebato es el ingreso y egreso de hoteles, como en la Ciudad de Buenos Aires, no sólo de velocidad se trata para los ladrones cuyanos. Aprovecharse del desconocimiento o el relajo excesivo de los foráneos es también su premisa. En ocasiones, complementadas con disfraces. Por ejemplo, en los bares.
La base de datos delictivos conformada por los episodios registrados por la Unidad especial de la policía mendocina y las fiscalías muestran un retroceso de los robos a turistas del cinco por ciento en 2011 y 2012. Los números del año pasado aún no han sido procesados.
En todos los casos, la premisa con la que se movilizan las fuerzas es la misma: la necesidad de difundir información a modo de prevención. Aunque, al final, no todos sigan los consejos.
@MiBeldyk


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