29 de marzo 2017 - 23:19

La transformación de dos solitarios

Inspirada en el cuento “Un día de trabajo”, de Truman Capote, la obra plantea el vínculo entre un escritor alcohólico y ermitaño con la empleada que trabaja en su casa. Se representa todos los miércoles en el teatro El Tinglado.

iracunda tristeza. Marta Pomponio y Gabriel Nicola, protagonistas de la obra de Gilda Bona que dirige Silvia Hilario.
iracunda tristeza. Marta Pomponio y Gabriel Nicola, protagonistas de la obra de Gilda Bona que dirige Silvia Hilario.
"La obra 'Iracunda tristeza' está directamente inspirada por el cuento de Truman Capote 'Un día de trabajo', la historia de un solitario que establece un vínculo especial con la mujer que trabaja como empleada en su casa" dice a este diario Silvia Hilario. "Leímos el cuento con la autora de la obra, Gilda Bona, y supimos de inmediato que había allí una obra de teatro muy rica. Pero no se trata de una versión o adaptación, sino que fue un disparador, una inspiración para llevar a escena esta pieza".

Hilario, actriz, directora teatral y coreógrafa, está dirigiendo en el teatro El Tinglado (Mario Bravo 948) "Iracunda tristeza" todos los miércoles a las 20.30. En este caso, los protagonistas son un escritor frustrado y alcohólico y su mucama, interpretados por Gabriel Nicola y Marta Pomponio. Sus personajes, después de una larga convivencia, rompen los muros que delimitan sus propios mundos y empiezan a verse de una manera diferente. Ese nuevo vínculo los modificará para siempre.

"Es una única escena de unos 55 minutos", continúa la directora. "Y yo agregaría que hay un tercer personaje meramente funcional, la ventana, a través de la cual se ve y oye una lluvia casi perpetua. Lo que hace Matilde, al fin y al cabo, es abrirle esa ventana al escritor, permitirle tomar contacto con el mundo. Desde el punto de vista de la puesta hemos investigado y trabajado los elementos cinematográficos para aplicarlos a la escena. El espectador advertirá eso claramente en la ventana, donde la lluvia golpetea permanentemente con un sonido interminable. Esa es la barrera en ese monoambiente, en el piso 20 de un edificio en una gran ciudad, que nunca queda completamente identificada.

Ante la pregunta acerca de si ese vínculo reproduce, de alguna forma, cierta tradición teatral en la cual el criado termina apoderándose de la voluntad del amo, como ocurre notoriamente en "El sirviente", de Harold Pinter, llevada al cine en los años 60, Hilario responde que no es así. "Aquí no hay un vínculo de poder. Si bien el encuentro revierte o cambia de lugar a ambos personajes, en ningún momento se atraviesan los límites de sus respectivos lugares. Inclusive, hay un indicio de una relación afectiva entre ambos que nunca llega a ser erótica, sino que permanece larvada".

Como actriz, Silvia Hilario trabajó junto a Rubén Szuchmacher; Rafael Spregelburd, Pompeyo Audivert, Pablo Trapero y Mariano Pensotti, entre otros. Realizó trabajos performáticos individuales como "Umbral", que se presentó en el Centro Cultural Recoleta, y "Oliverio", recital de poesías en el Centro Cultural Munro. Como directora, puso en escena "Diario de Incertidumbre", de Marcelo Pitrola (2012); "Ojos Primitivos", sobre textos de Alejandra Pizarnik (2009); "Escucha que dice: Poéticas del silencio", sobre textos de Alejandra Pizarnik(2007), y "Desbarro", de Facundo Agrelo (2004/2005). Como coreógrafa realizó "No importa. Una trilogía de la muerte", de Elfride Jelinek, dirigida por Luis Cano, "Vapor", de Pensotti, y "Bizarra", de Spregelburd.

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