17 de agosto 2011 - 00:00

Las jefaturas del PJ a prueba, el otro efecto de las primarias

Daniel Scioli pacificó ayer su relación con Mario Ishii luego de la interna del domingo. Lo visitó en José C. Paz.
Daniel Scioli pacificó ayer su relación con Mario Ishii luego de la interna del domingo. Lo visitó en José C. Paz.
Primera -o última- en la «cadena alimentaria» K, Cristina de Kirchner colectó el domingo todos los votos que arrió, sedujo o disputó el dispositivo oficial. Para romper ese techo en octubre, la Presidente tiene que salir a cazar entre los votantes esquivos.

No ocurre con la inmensa mayoría del universo K bonaerense. De Daniel Scioli para abajo, con contadas excepciones, todos tuvieron que enfrentar internas. Por eso, tienen por delante un pelotón de votantes cercanos y predispuestos para sumar de cara a la general.

Electo con un 47% de los votos, Scioli tuvo que competir y convivir con Mario Ishii, que reunió otro 3,3%. Ayer el gobernador voló hasta José C. Paz para saludar a su rival en la interna peronista. Con un propósito: imantar los 230 mil votos que juntó Ishii.

Buen anfitrión, después de haberlo ametrallado en los días de campaña, el emponchado tendió la mano. «Daniel es un amigo y acá queda demostrado, más allá de la contienda electoral, que la amistad sigue intacta. Quiero destacar y agradecer su visita», dijo.

Ranking

A pesar de que en el ranking del domingo el gobernador quedó 6 puntos abajo de Cristina de Kirchner, en los cálculos posteriores el sciolismo computó la globalidad de los votos del Frente para la Victoria (FpV). Es decir: 50,3. Eso achica la distancia con la presidencia a poco más de dos puntos y medio.

Hay un dato curioso. En porcentaje, la sumatoria de Scioli, Ishii y Martín Sabbatella da un 56,1% mientras que Cristina obtuvo un 53,1%. En votos, se invierte por el voto en blanco: los tres candidatos a gobernador juntaron 3,9 millones de votos y la Presidente, 4,2 millones.

Simple: la candidata sacó más votos que los que fueron colgados de su lista. Ese dictamen justifica la idea, difundida rápidamente la noche del domingo en el búnker K, de que «los votos son de Cris-tina».

Pero, en simultáneo, supone un límite: Scioli, Sabbatella y los intendentes con lista oficial o con colectora pueden mejorar su performance con esos votos que mostraron voluntad K al acompañar a Cristina de Kirchner. Pero ella, para crecer, tiene que salir fuera del planeta K.

La lógica es que Scioli capturará los 230 mil de Ishii. El alcalde de José C Paz superó a la Coalición Cívica de Juan Carlos Morán, que obtuvo 183 mil. Con sólo un mes de campaña, no le fue mal comparado con, por caso, Sab-batella, que sumó 400 mil votos.

Darío Giustozzi, de Almirante Brown, sacó el mejor resultado de la provincia: un 64%. Lo siguió Sergio Massa, con un 63,5%. Forman parte del pelotón de alcaldes que superaron a Cristina de Kirchner. Pero tienen, de todos modos, margen para crecer porque enfrentaron internas el domingo.

La razón es lineal: Massa tuvo dos rivales internos que sumaron 10 mil votos mientras él logró 89 mil. Giustozzi juntó 150 mil y dos competidores en la primaria del FpV, se llevaron 7 mil. Como ocurre con Scioli e Ishii, la presunción es que esos votos irán, en octubre, al candidato ganador.

Caso testigo

Sin embargo, hay un costado negativo para algunos alcaldes. Primero: queda, en la elección, constancia de su real conquista en votos, en general por debajo de Cristina. Segundo: más allá del dogma peronista sobre el que gana conduce y el que pierde acompaña, ahora deben salir a juntar los pedazos.

Un caso testigo y emblemático. Pablo Bruera, en La Plata, pronosticaba que estaría por encima del 50% y unos 10 puntos arriba de Cristina de Kirchner. El domingo sacó un 34%, 6 detrás de la Presidente y 7 detrás de Scioli. Tuvo cuatro rivales en la interna que se quedaron con un 20% del reparto interno y con 7 puntos en la torta general.

Bruera se topó con una verdad inquietante: más allá de la volatilidad de la primaria, el domingo logró un 34%. Tiene, para octubre, la enorme posibilidad de sumar los votos que fueron a otras opciones internas y llegar al 41%, pero en la mesa de negociación, su caudal seguirá siendo un 34%.

El lunes mismo, el platense llamó a la unidad del peronismo local. Unas horas antes, como a muchos otros, en las primarias sometieron a una biopsia su poder: en las formas orilleras de la política, «le contaron las costillas».

Ahí radica, para los caciques, la trampa o la ventaja de la primaria: es un contador de costillas, una herramienta para medir cuánto tiene realmente cada dirigente. Hugo Curto, por caso, sacó 66 mil votos mientras que en Tres de Febrero, Cristina de Kirchner rozó los 90 mil.

Otros destrozaron -como Fernando Gray o Raúl Otachecé- a sus competidores. A más de uno le sirvió para poner negro sobre blanco: Francisco «Barba» Gutiérrez venía objetado por sus rivales quilmeños, alineados detrás de Aníbal Fernández. El domingo los duplicó en votos.

Otros, como Carlos Selva en Mercedes, quedaron empatados con sus rivales, en ese caso el neocamporista Juan Ustarroz. Algo similar le ocurrió a Enrique «Japonés» García en Vicente López: perdió con Jorge Macri, pero una colectora K, de Leo Rial, sacó un caudal de votos que le permitiría mantener, hipotéticamente, la intendencia.

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