27 de abril 2018 - 00:00

Las organizaciones narco de Río ven impotente al Ejército

Sus líderes afirman que evitarán los enfrentamientos directos, aunque si se dan, se sienten mejor preparados para prevalecer. La venta de drogas sigue y la violencia, lejos de mermar, se incrementa.

estado ausente. Muchas favelas de Río de Janeiro son zonas fuera del control de las autoridades. La Policía local está estragada por la corrupción. Y las fuerzas militares no parecen estar a la altura del desafío.
estado ausente. Muchas favelas de Río de Janeiro son zonas fuera del control de las autoridades. La Policía local está estragada por la corrupción. Y las fuerzas militares no parecen estar a la altura del desafío.
Río de Janeiro - Líderes de bandas de narcotraficantes fuertemente armadas de Río de Janeiro están de acuerdo al menos en una cosa con el jefe del Ejército de Brasil: la intervención militar en curso no puede resolver el creciente crimen ni la violencia que sacude a la ciudad.

"¿Romperá el Ejército este ciclo de violencia?", se preguntó un líder del Comando Vermelho (Rojo), la banda de narcotraficantes más poderosa de Río, en una reciente noche de trabajo, mientras sus subordinados pesaban marihuana y cocaína en una balanza digital en la favela desde la que operan. "De ninguna manera".

Los comentarios, durante una inusual visita de la agencia Reuters a líderes de las dos pandillas de narcotraficantes más influyentes de Río, los hizo dos meses después de que el presidente Michel Temer desplegara 30.000 soldados con el argumento de que el crimen organizado "se había apoderado de Río de Janeiro".

Los líderes de las pandillas se reconocen como criminales, a quienes la Policía busca por su papel en la violencia vinculada a las drogas. Su punto de vista es que probablemente no atacarán a un Ejército que consideran, en el peor de los casos, como un inconveniente pasajero.

"Nada va a cambiar", dijo un líder del Terceiro Comando Puro, la segunda pandilla más poderosa de Río y archirrival del Comando Vermelho. Explicó que se mantendrán menos visibles durante la intervención militar, pero que sus "soldados" seguirán vendiendo drogas. "Volveré a trabajar cuando se vayan", agregó.

Dos meses después del despliegue del Ejército, planteado por diez meses, el área metropolitana de más de 12 millones de personas está más tensa que antes, dividida por el reciente asesinato de una importante concejala y, días más tarde, por la muerte de ocho jóvenes a manos de la policía en Rocinha, la favela más grande de Río.

Los asesinatos se suman a un aumento de los homicidios tras la reciente recesión que golpeó a la economía de Brasil y al presupuesto de seguridad pública de Río. En sólo tres años, en que la Policía tuvo problemas de pago y de equipamiento, las muertes violentas crecieron un 35%, según estadísticas estaduales.

Incluso el jefe del Ejército, el general Eduardo Villas Bôas, dice que Río no debe esperar una pronta solución a la violencia que enfrenta una Policía sin los fondos suficientes contra bandas de narcotraficantes y milicias paramilitares que controlan grandes áreas.

En marzo, el primer mes completo de presencia del Ejército a cargo de la seguridad, se reportaron 191 muertes violentas dentro de los límites de la ciudad, un aumento del 24% con respecto a febrero. Las muertes a manos de la Policía aumentaron un 34% en el mismo período.

Si bien los militares trabajan para reestructurar la organización policial y erradicar focos de corrupción bien conocidos, las soluciones reales deben ser "a muy largo plazo", precisó el general en marzo.

Casi la quinta parte de la población de Río de Janeiro vive en favelas, barrios marginales donde muchos carecen de servicios básicos de agua, alcantarillado o recolección de basura.

A pesar de su papel en el tráfico de drogas, que causa estragos en las comunidades y engendra sangrientas guerras territoriales, las pandillas han proporcionado autoridad donde el Gobierno no lo ha hecho. Los pandilleros son tolerados e incluso bienvenidos por muchos residentes temerosos de lo que ven como policías de gatillo fácil.

Reuters recientemente pasó tres días y noches en reductos del Comando Vermelho y, por separado, en los del Terceiro Comando Puro. Sus líderes, que hablaron bajo la condición de anonimato y de que no se mencionarían los lugares, discutieron sobre la intervención militar y la gran división social que de muchas maneras fomenta su poder, pero no hablaron de crímenes específicos o incidentes recientes.

Decenas de subordinados, armados con pistolas y rifles del estilo AR-15, vigilaban las calles alrededor de ambos escondites. No había cerca ni soldados, ni policía -que conservan la responsabilidad de patrullar las calles-, ni otras fuerzas del orden.

El líder del Comando Vermelho, quien comenzó hace tres décadas como vigilante de las pandillas cuando tenía 11 años, dijo que espera poca interferencia durante la intervención. Los despliegues en 2014 y 2016, cuando los soldados reforzaron a las fuerzas policiales para el Mundial y los Juegos Olímpicos, apenas afectaron los negocios, recordó. "Lo intentaron antes", dijo. "No hubo un impacto real en la violencia ni en nuestra capacidad para funcionar".

Ocurre en parte porque las pandillas, que a menudo tienen mejor armamento que la Policía, provienen y son los gobernantes de facto de muchas de las aproximadamente 1.000 favelas de Río. No sólo controlan el tráfico de drogas, sino que tienen la autoridad, especialmente en momentos de conflicto, para ordenar el cierre de comercios y escuelas.

"Para atacarnos de verdad tendrían que convertir esto en una guerra urbana", dijo el líder del Comando Vermelho. "Las pandillas, no importa cuáles, son parte de la favela. Venimos de ella y nos fundimos con ella, somos parte del tejido ¿Cómo van a acabar con eso sin una matanza?".

El líder del Terceiro Comando Puro dijo, en una favela a unos 25 kilómetros de la del Comando Vermelho, que los despliegues previos dejaron claro a las pandillas que, tras los frecuentes enfrentamientos armados con la Policía, son combatientes más experimentadas que las tropas. Después de todo, el Ejército de Brasil no ha librado una guerra en casi 150 años.

"Los soldados son niños inexpertos que han visto menos combate que nosotros", dijo. "En realidad no quieren venir a buscarnos".

Expertos en seguridad que no participaron en la intervención están de acuerdo con la evaluación de las pandillas. A lo sumo, dicen, el Ejército puede ayudar a las autoridades de Río a analizar los problemas de una fuerza policial conocida como corrupta, violenta e ineficaz.

"Lo mejor que puede salir de esto es que el Ejército ofrezca un diagnóstico completo de los desafíos", dijo Paulo Storani, un excomandante de Policía de Río que ahora trabaja como asesor de seguridad.

En las calles caóticas de las favelas los desafíos están a la vista. La basura se amontona en caminos llenos de hoyos, donde hay un estruendo de motores y bocinas de motocicletas que circulan entre los peatones.

En la barriada donde Reuters se reunió con el líder del Comando Vermelho, un grupo de niños, sin camisa y sin zapatos, jugaba a perseguirse con improvisadas pistolas de goma espuma.

A unos pocos kilómetros de distancia, unos adolescentes participaban de verdad. Algunos en motocicletas Kawasaki montadas a horcajadas, otros apoyadas en autos y con pistolas Glock de 9 milímetros enfundadas en sus caderas.

"Si la Policía entra, somos más fuertes que antes y podemos combatirlos con aún más fuerza", dijo el líder del Terceiro Comando Puro.

Agencia Reuters

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