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“Lo mío son las aventuras basadas en hechos reales”
Lanvers: “Mi nueva novela tienen como cuestiones centrales la trata de esclavos, los harenes y Nelson Mandela. Cuando uno habla de esclavos piensa en algo del pasado, pero en este momento hay más esclavos que en los tiempos de la trata”.
Periodista: El Rey de los Negreros raptando mujeres y niños para venderlos en harenes de países árabes, un veterano de la Guerra de Angola intentando rescatar a su novia de las garras de la trata, mientras Nelson Mandela cuenta su vida a un escritor inglés. ¿A qué género pertenece su novela "África: tormenta de libertad?
Hernán Lanvers: Es una nueva novela de aventuras ambientada en África. Mis cuatro novelas son historias africanas basadas en gran parte en hechos reales. "África: hombres como dioses" y "África: sangran los Reyes" ocurren entre 1800 y 1825, y "África: harenes de piedra" y "África: tormenta de libertad" transcurren en la actualidad, en 2005. Si bien cada novela tiene una marcada unidad, hay una trama que une las historias, que va ligando la saga. Por lo pronto muchos de los personajes actuales son descendientes de africanos negros y de ingleses que se transformaron en africanos blancos, como Tom Grant y sus amigos. Mi idea es ir cubriendo los espacios en lo ocurrido entre el siglo XIX y la actualidad con otros tres libros.
P.: En "África: tormenta de Libertad" agrega a la violencia racial, a los sometimientos sexuales, a las circunstancias históricas y políticas, la historia romántica de Tom Grant saliendo a rescatar a su novia raptada por un traficante.
H.L.: Eso ya estaba en "África: harenes de piedra", en donde a la periodista la capturan unos traficantes; ahora el tema es su salvación antes de que se pierda en un harén. Eso me lleva, a la vez, a contar historias que dejan de ser sentimentales para ser puramente eróticas, claramente sexuales. En ese sentido, en esta novela hay un personaje, una mujer, que investiga uno de los grandes mitos sexuales, que es el enorme tamaño del pene de los africanos comparado con el de los hombres occidentales. Hay un capítulo dedicado a eso, con datos y cifras. Las diferencias no son tan grandes y, cuando son grandes, son excepciones, como las hay en cualquier lado. Una sorpresa erótica que surge para el viajero en África, es que los africanos no se besan, para ellos la boca es para comer, y no un centro ni de expresión sentimental ni de vinculación erótica.
P.: Además de aventuras, violencia y encuentros eróticos, usted informa de hechos sorprendentes que ocurren en un país que es en muchos sentidos un enigma.
H.L.: Mi nueva novela tienen como cuestiones centrales la trata de esclavos, los harenes y Nelson Mandela. Cuando uno habla de esclavos piensa en algo del pasado, pero en este momento hay más esclavos que los tiempos de la trata. En África ahora, en 2014, existen más de 15 millones de esclavos. Hay países como Mauritania, que está justo debajo de Marruecos, donde la mitad de la población es esclava de la otra mitad. Cuando hablamos de esclavos, hablamos de gente a la que se le puede ordenar hacer lo que se quiera, se le puede castigar, violar, matar, vender. En Sudán hay mercados de esclavos donde se vende un niño por 50 dólares, una niña por 100, un adulto a 200. Está el caso reciente del secuestro de 233 chicas en Nigeria, pero eso es habitual. En el límite entre el África del norte musulmana y el África del sur negra, es común que se junte un grupo de amigos para ir a buscar esclavos. Van en camionetas, en camellos o a caballo a atacar aldeas del sur y se llevan mujeres y niños que venden luego como esclavos, y si un hombre se resiste a eso, simplemente lo matan.
P.: ¿Cómo llega a todo ese conocimiento, por estudios, por investigaciones, por viajes?
H.L.: Llevo catorce viajes a África. Fui a escalar el Toubkal que está entre Marruecos y Argelia, y es la montaña más alta de África. Como a las otras cinco montañas que he escalado, lo hice en solitario, es decir sin otros blancos, u occidentales; eso me permite estar quince días con los naturales del lugar, y hacerme muy amigo de ellos, así pude aprender elementos básicos de su idioma. Sé, por ejemplo, unas cuatrocientas palabras en swahili. Al volver me invitaban a vivir unos días en su casa, me presentaban a la prima, a la hermana. Los negros aprecian al blanco, y el blanco le tiene miedo al negro. Bueno, hay blancos que se quedan a vivir con ellos. Algunas mujeres occidentales se quedaron a vivir allí. Como la suiza que dejó a su novio para irse a vivir en Tanzania con un masai, cuya historia se volvió novela y película como "La masai blanca", es apenas un caso de un más de un centenar de mujeres enamoradas de un masai que se quedaron a vivir en esa tribu, o se llevaron un masai a Europa a vivir un tiempo con ellas.
P.: ¿Por qué se dedico a contar de Nelson Mandela?
H.L.: Fue, para mí, el último héroe del siglo XX. Fue un gigante moral en el mundo de la política, donde la moral es una fantasía. Mandela empezó siendo un capítulo de la novela, y terminó ocupándome 16, y podría haber seguido. Estuvo 27 años preso. Mucha gente lo trató como compañero de prisión o como guardiacárcel. En la novela, los aventureros que son mis protagonistas estuvieron presos, y tras las rejas conocieron a Mandela. Cuando a Mandela le hacen una entrevista en la que hace un repaso de su vida, él los recuerda. Eso me llevó a investigar al líder sudafricano. Buscaba que tuviera alguna miseria, no podía ser tan de una pieza, que hubiera hecho un cambio tan grande. Era muy bravo, muy violento, antes de entrar a la cárcel. Se dejaba la barba, se peinaba, vestía de verde oliva imitando a Che Guevara, que tenía como ídolo. Es increíble cómo se transforma, cómo se convierte casi en un Gandhi negro, en un pacifista, cuando en el fondo no era un pacifista. Yo me preguntaba cómo era que no odiaba a los blancos por todo lo que le hicieron. Y no, no los odiaba. Hacía muchas cosas que iban contra la naturaleza de un político. Un ejemplo concreto: cuando asume promete ser presidente sólo 5 años, y no eternizarse en el poder, algo que todos hacen, sobre todo en África. Gadafi 40 años, Mubarak 35 años, Mugabe, el de Zimbabwe, que era amigo de él, se eternizó, hace 40 años que es presidente. Y Mandela a los 5 años cumple su palabra, deja la vida política y se va, se retira. Me sorprendió tanto Mandela que en un momento paré el libro, dejé de escribir porque, si no, me iba a terminar ocupando todo el libro.
P.: ¿Dónde cree que empezó su interés por contar historias de África?
H.L.: Pasé mi infancia en Chubut, en Comodoro Rivadavia, en donde había una gran colonia de Boers, de sudafricanos descendientes de holandeses. Ahí fue donde escuché de ese territorio misterioso, donde había habido una guerra entre colonos y zulúes, supe de exploradores, de gente que iba en busca de oro y piedras preciosas, de los que iban a cazar leones y elefantes, de un lugar donde se pasaba del desierto a la selva. Imagínese lo que eso era para un chio. Además, mis padres nos dejaron con mis tíos para ir a ver una posibilidad de estar en Sudáfrica. Se volvieron a los dos meses. Después, seguramente, estuvieron las lecturas. Uno se deslumbra con las aventuras que cuentan Jack London, Stevenson, Salgari. Y sobre África están las novelas de Conrad, de Hemingway, de Wilbur Smith, y hasta "El Principito" de Saint-Exupery. África es fascinante, por eso si hasta ahora llevo escritas cuatro novelas, ese mundo me impulsa a seguir contando aventuras que ocurren allí.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
H.L.: La continuación de la saga de 1800. Los aventureros Tom Grant y su amigo Samuel Tabbs van a Etiopía, a rastrear ciertos descubrimientos arqueológicos, y se encuentran con una tribu de 80 mil personas negras que tienen todos los ritos judíos, que es la tribu perdida de Israel en el norte de Sudáfrica, y son descendientes de la Reina de Saba. Pero ése es apenas el escenario, yo escribo novelas de aventuras fundadas en hechos reales, si en ellas hay un mensaje que los interpreten los demás.
Entrevista de Máximo Soto


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