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Lo que propuso Binner y la Argentina de Redrado
Lo de Redrado, al intentar resistir en su puesto y no haber renunciado en un primer momento, es incomprensible, a no ser que el funcionario haya supuesto que su actitud se tendría como una cruzada heroica que le serviría de pasaporte para otros contextos políticos. Por lo que se ve en el ánimo social, nada más lejos de la realidad. Para colmo de males, el funcionario amenazó con dar a conocer «la lista de los amigos del poder que compraron dólares» y no sólo que recibió un mandoble del oficialismo, sino de la propia oposición, en este caso, de Mauricio Macri, quien dijo que «él (Redrado) no debería usar eso para defender su posición. Tendría que concurrir a la Justicia y mostrar toda la información que tiene».
Lo triste del caso es que no sólo algunos dirigentes políticos en este contexto sufren cambios alarmantes, sino que el propio país, por las acciones descomedidas de ellos, adquiere una impronta muy parecida a la del personaje de Kafka. La Argentina, y ello muy tristemente, de a poco va pasando, como en una verdadera metamorfosis, de ser una Nación admirada a un bicho extraño en el que nadie confía.
Ayer, el gobernador santafesino, Hermes Binner, volvió a expresar la necesidad de que en la Argentina se produzca, cuanto antes, un encuentro de todos los sectores políticos a los efectos de «garantizar la confiabilidad en las instituciones y darle a la sociedad aquello que está reclamando y que justamente merece».
En relación con el ofrecimiento del Ministerio de la Producción de la provincia de Santa Fe a la oposición, hecho por Binner en el momento de ganar las elecciones, debe puntualizarse que tal propuesta fue para el justicialismo en general y no para el senador Reutemann en particular.
Si bien es cierto que ese ofrecimiento fue concretado en la casa del senador nacional, Binner remarcó que «le pedí a Reutemann un nombre del justicialismo para ocupar el Ministerio de la Producción, pero después de unos días me llamó y me dijo que el justicialismo no lo iba a tomar, pero que harían una oposición responsable».
Más allá de que el ofrecimiento no fue para Reutemann, sino que fue formulado a él para un hombre del justicialismo, lo que importa es, en definitiva, reflexionar sobre dos actitudes: por un lado, la que tuvo el entonces gobernador electo Hermes Binner, de invitar a la franja política derrotada (PJ) a participar en su propio Gobierno, y por otro, la negativa de ésta a tal propuesta.
Importa destacar la actitud del gobernador Binner, porque no es frecuente (no es usual en ninguna parte del mundo) que un dirigente ganador y que se hace del poder vaya a la casa del referente de la oposición e invite a ésta a participar de su Gobierno.
En la Argentina no sólo que no es frecuente, sino que es imposible que los dirigentes se sienten a la mesa del diálogo, no para las cámaras de televisión y las crónicas de los diarios, sino para pergeñar acciones ciertas en favor de la sociedad. Y más aún, en los últimos tiempos es imposible que cesen los enfrentamientos, insultos y toda laya de agresiones que sumen al país en un escándalo institucional.
Por eso es plausible la actitud que en su momento tuvo el gobernador santafesino al ofrecer al justicialismo un ministerio, como destacable, su propuesta de un «pacto argentino». Sin embargo, hay quienes no están interesados en ese proyecto y sustentan con sus acciones una Argentina devenida en insecto, como ese Gregorio Samsa de Kafka.


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