- ámbito
- Edición Impresa
Lo que se dice en las mesas
¿A qué se le puede «hincar el diente» en este contexto? Difícil encontrar apuestas atractivas. El «Talibán», influyente gurú de la plaza local, sostiene que aún no es tiempo de ingresar a los papeles griegos. Cotizan al 55%, es decir, a precio de default. «Lo que no está descontado es si la reprogramación va a ser ordenada, con o sin crisis bancaria...». Repite el «Talibán» que el cupón PBI en dólares le gana al de pesos sencillamente porque los pagos se acreditan directo en el exterior. Los de pesos deben pasar por las restricciones imperantes -no pocas- en el mercado cambiario de cabotaje. Otro de los interrogantes surgidos es cuanto sucede con los bonos del PDVSA, la petrolera bolivariana. Se sabe ya que Estados Unidos aplicó sanciones a la empresa; ello ocasionó una caída de dos dólares en todos sus títulos. Para colmo, Chávez vendió papeles a 2022, y el ministro de Energía salió a embestir fuerte contra Obama. ¿Tiempo de comprar? Sólo para audaces.
Llegó a esta columna financiera el clásico mail de todas las semanas del «Oso». Se trata del ejecutivo de banca privada, normalmente pesimista sobre el futuro de la plaza, y que, por ende, hace honor a su apodo. «Les cuento que algunos están hablando de recesión... creo que tendremos stagflation (recesión con inflación)», comienza. Luego agrega: «Ni les voy a hablar de la novela de Grecia, ya que sólo debemos esperar el cuándo y el cómo. Me pregunto cómo es que las Bolsas no bajan más y la respuesta es que la plata no tiene adónde ir. Si no, veamos qué pasó con la salida de LinkedIn a la Bolsa». Su consejo: los RCN (reverse convertibles notes) sobre buenas acciones (suben cuando los papeles bajan de precio) con una buena protección (opción de venta) y buen cupón.
Nuevos datos negativos volvieron a complicar a Wall Street, que está terminando un mes para el olvido. La economía no repunta, las ganancias de las empresas tampoco y aumenta el pedido de desempleo. Pero no todo es tan negro. En realidad, se aguarda que en el segundo semestre la reactivación se afirme, con una tasa de expansión de entre el 3% y 3,5%. Si es así, el mercado podría tener un nuevo repunte en el último cuatrimestre, algo parecido a lo sucedido el año pasado. Pero todo dependerá de cómo se resuelva la crisis griega y la posibilidad de que finalmente se destrabe el segundo paquete de ayuda, que en la jerga financiera ya denominan «bailout 2».
La incertidumbre de los inversores está reflejada en la fortaleza de los bonos del Tesoro norteamericano, que se mantienen como el refugio favorito junto al oro. Las compras generaron que toquen los valores máximos en lo que va de 2011 y, por ende, los rendimientos se desplomaron. Un bono a diez años rinde apenas un 3,10% anual, cuando se estimaba que en realidad esa tasa debía estar por lo menos al 4%. Pero en la medida en que no haya indicios claros de expansión económica, será casi imposible que la Reserva Federal comienza a elevar las tasas de corto plazo.
En el mercado local hay quienes apuestan por los bonos en pesos que ajustan de acuerdo con la evolución de la Badlar, es decir la tasa de plazos fijos mayoristas. No sólo los Bonar que tienen esta cláusula están mucho más firmes que los bonos ajustables por CER, sino que además la mayor parte de los títulos emitidos por el Central son Nobac, cuya característica principal es su ajuste por tasa de interés. A tal punto que en un año el stock de Nobac pasó de $ 2.000 millones a nada menos que $ 54.000 millones. Se trata de una apuesta lógica por parte de los bancos y otros inversores institucionales que por regulación se tienen que mantener en pesos: sucede que se trata de una cobertura ante una eventual suba del dólar. Si el tipo de cambio aumentara más de lo esperado, lo más probable es que también aumente la tasa de interés para seguir atrayendo a los ahorristas. Hasta ahora, las tasas se mantienen en niveles del 11% anual y el BCRA no tuvo problemas para absorber pesos en sus licitaciones semanales.
La suba del «contado con liquidación» coincide con el encarecimiento de girar dólares al exterior. Las operaciones de «cable» no valen hoy menos del 3% anual y podrían seguir aumentando. El problema ahora no pasa sólo por los ya conocidos controles en el mercado cambiario local. También es cada vez más estricto el chequeo que hacen las entidades extranjeras que finalmente reciben los fondos. Son tantas las preguntas y los datos que solicitan, que muchas operaciones se caen porque el cliente no puede justificar en su totalidad el origen de los fondos. Incluso se corre el riesgo de que el dinero quede congelado en el medio de la transferencia. Son cambios drásticos en el funcionamiento del sistema bancario a nivel internacional, que afectan y mucho a los inversores argentinos, acostumbrados a girar dólares al exterior (son u$s 140.000 millones los que se mantienen depositados afuera).


Dejá tu comentario