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“Los argentinos son muy zafados por e-mail pero más tímidos en persona”
La sexóloga mediática Alessandra Rampolla (con veinte kilos menos) hará en septiembre «Sexy tips». Promete hablar exactamente de lo que la gente quiere.
Dialogamos con Rampolla sobre algunas preguntas dignas de su memoria que le hubiesen hecho pacientes y televidentes, su convicción por fomentar leyes de educación sexual, y otros tips.
Periodista: Usted promete para el nuevo programa hablar de los consejos sexuales «más novedosos». ¿Hay algo nuevo en sexo?
Alessandra Rampolla: Lo novedoso es el mensaje. Brindaremos al público exactamente aquello que nos piden, esto es, el consejo muy puntual. Intentaremos no perdernos en la generalidad o los temas periféricos que se asocian con el sexo. Mi intención es focalizar en el dato específico que pida el televidente. De esta manera, a los consejitos que acostumbro, sumaré el quid específico que ayudará a solucionar los problemas sexuales, sin tanto psicologismo.
P.: ¿Esta decisión responde a que sus «telepacientes» ya aprendieron el manual básico y ahora van por el curso para avanzados?
A.R.: Exacto, pues el formato será similar a los anteriores, con llamados, cabina de consulta y personas en el piso que nos contarán sus experiencias. Como a la gente le interesa mucho el tema y pide más, queremos darle lo que quiere.
P.: ¿A qué atribuye que su público sea en su mayoría femenino? ¿Los hombres creen que saben, realmente saben o ven su programa y no lo admiten?
A.R.: El público es femenino porque las mujeres nos hemos metido mucho más en tema, aunque siga sin haber una cultura que promueva el diálogo adulto y comprensivo sobre la sexualidad. Además, el macho cree que sabe todo y jamás admitiría su ignorancia en cómo brindarle buen sexo a una mujer. Se hacen muchos chistes, funciona siempre el doble sentido, se dice que se habla de sexo, pero no se tratan las situaciones diarias prácticas o las técnicas específicas para optimizarlo. Las consultas no dejan de estar, pese a que se me vea a mi en la tele hablando y surja la sensación de que hay mayor apertura. Todavía no se ha integrado la educación sexual a la sociedad, hay muchas lagunas y hay desconocimiento que hay que rellenar.
P.: ¿Busca promover alguna ley en relación a la educación sexual, como ocurrió aquí con la Ley de Obesidad que surgió en «Cuestión de peso» de «Canal 13»?
A.R.: De parte de Cosmopolitan no está esa intención pero, como profesional, promuevo siempre la educación sexual completa, no sólo en cuanto a lo biológico o psicológico, sino también social e inclusive desde la perspectiva religiosa. Si alguien tuviera una idea interesante a nivel legal podría fácilmente apoyarla.
P.: ¿Imaginó alguna vez que terminaría como conductora de TV popular y autora de libros?
A.R.: No, porque mi llegada a la TV fue de manera espontánea y no buscada. Comenzaron a llamarme por mi conocimiento y no por otro rasgo, pues no tengo formación televisiva. Siempre supe que el tema del sexo interesaba, pero no sabía que como figura televisiva iba a ser exitosa. Tomé a la TV como plataforma importante para llevar un mensaje, o más bien mi deseo como sexóloga. No deja de sorprenderme que en la Argentina sea más conocida que en mi propio país, Puerto Rico, pero en otros países ocurre lo mismo.
P.: ¿Le queda tiempo para atender en consultorio?
A.R.: No, hace años tuve que cerrarlo porque viajo y no se puede hacer terapia a distancia. Además, tampoco me da el tiempo para hacer televisión, radio, escribir libros y seguir adelante con mi línea de lencería erótica. Además, soy portavoz de una marca de profilácticos.
P.: ¿Qué diferencias encuentra entre los públicos de distintas nacionalidades?
A.R.: Las inquietudes son universales, pero lo que noto es que los argentinos son zafados por mail pero muy conservadores y tímidos en el contacto directo. Sin embargo, las temáticas son las mismas en cualquier país, no hay diferencia sino semejanza en esa necesidad de información.
P.: ¿Qué opina de que las despedidas de soltera, que últimamente derivaron en reuniones de juguetes sexuales o cumbre de sexólogas?
A.R.: Mucha gente lo toma para entretenerse, depende de la actitud, pero si se llama a un sexólogo para orientar, aunque sea en broma, siempre la mayoría terminará con un concepto nuevo. En ese sentido me parece mucho mejor y de más valor, esa despedida con ese regalito antes que el stripper. Hasta es más divertido el sexólogo, porque esa información que brinda te la llevás para siempre, y con un stripper es sólo esa noche.
P.: ¿Cuál fue la pregunta más rara que le hicieron?
A.R.: Recuerdo que me reí mucho cuando una mujer me preguntó si el ingestión de semen generaba caries, o aquella que preguntó si era normal masturbarse con la aspiradora.
P.: ¿Encendida?
A.R.: Presumo que no. Podría haber terminado en desastre.
P.: ¿Y cuál fue el caso en el que más ayudó a un paciente?
A.R.: Atendí tanta gente que al final no me entero cómo resultaron mis consejos. Pero siempre recuerdo a esa mujer de 76 años que me pidió ayuda pues nunca había tenido un orgasmo. También me reconfortó haber despertado en ese mujer, a través de la TV, una inquietud de hacer algo distinto con su vida.
P.: ¿Y lo lograron?
A.R.: Si lo logramos juntas, digo, luego de nuestras charlas. Trabajar con ella fue gratificante pues a mis 26 años, pude enseñar algo a una señora de 76.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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