La masacre duró unas 16 horas en esta ciudad del este del país africano, y los agresores y miembros de la milicia terrorista somalí Al Shabab mataron a casi 150 personas.
Cheroitich sobrevivió. La joven de 19 años permaneció durante dos días escondida en el armario por miedo y el sábado fue rescatada. Apenas podía sostener el teléfono móvil que una enfermera le ofreció para llamar a sus padres. Estaba tan débil que la enfermera y el médico tuvieron que ayudarla a acostarse en su cama del hospital. "Ahora tiene que descansar. Nada de más llamadas", dijo la enfermera.
La ciudad de Garissa, de unos 120.000 habitantes, sigue conmocionada. Los terroristas apuntaron a los cristianos y abrieron fuego contra todo el que no supo responder preguntas del Corán.
Los residentes rompieron el cordón policial para poder ver a través de las ventanas de la morgue los cadáveres de los cuatro asesinos muertos. Según informó el Gobierno, los terroristas se volaron por los aires. Algunos testigos habían señalado que habían resultado heridos por el impacto de las balas. Posteriormente, los cadáveres fueron exhibidos por la ciudad en la parte trasera de una camioneta al descubierto. "Estamos satisfechos tras ver los cuerpos", dijo la activista Rahman Husein.
Johnson Mutinda, sin embargo, considera que sería mejor deshacerse de los cadáveres, pues Al Shabab podría regresar para recuperarlos. "Esa gente no tiene ninguna religión. Deberíamos quemar los cadáveres", señaló. Muchos no pueden creer que algunos de los terroristas fuesen kenianos.
En el hospital donde estaba Cynthia Cheroitich, así como el más del centenar de heridos, muchas personas desesperadas buscaban a sus familiares.
Regina Mulandi intentaba localizar a su pariente Monica Mwanzia, una estudiante universitaria de segundo año. Su padre emprendió el largo camino hacia Nairobi, donde muchos de los enfermos están siendo atendidos, pero hasta el momento no hay rastro alguno de ella. "Sigo esperando noticias", dijo Mulandi. De todo el país llegaron llamadas preguntando por personas desaparecidas, dijo el activista Ibrahim Adén Alí. "Los padres están muy desconsolados y preocupados".
Por orden del Gobierno, la universidad permanecerá cerrada en esta ciudad ubicada a sólo 140 kilómetros de la frontera con Somalia. A muchos residentes se los escucha hablar entre susurros. "No hay ninguna sensación de seguridad" después del ataque, dijo Ralph Kombo, un residente local.
| Agencia DPA |


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