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LOS DESPIDOS COMO PRETEXTO
El viernes pasado, el jerarca de un gremio de servicios, trazó una analogía hiriente para la Casa Rosada: «No queremos que con el desempleo ocurra lo mismo que con el dengue. Negarlo, negarlo y cuando aparezca, no estar preparados para dar respuesta».
No es una referencia ingenua. En la ráfaga de maldiciones que los gremios descargan sobre Graciela Ocaña, mencionan que clausuró los subsidios destinados a prevención. Otro cachetazo para la ministra que, en esa decisión, se amparó en supuestos destinos difusos de los fondos.
El camionero, siempre críptico, prefirió este fin de semana puntear la pelota hacia otra cancha: habló por primera vez de despidos globales, pero se los endilgó a la actividad comercial. Un misilazo, nada inocuo, teledirigido al mercantil Armando Cavalieri.
Moyano atiende todo el tiempo la interna doméstica. Cavalieri, junto a otros «gordos» y los «líberos» Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA), le mezquinan aportes de tropa para el show del 30 de abril, por el Día del Trabajador, en la 9 de Julio.
El respaldo simbólico de un grupo grueso de gremios -entre ellos la UTA de Roberto Fernández- a ese acto obligó a Moyano a tener que confirmar la semana pasada en tres ocasiones que se hará sí o sí. Mensaje para Olivos: Kirchner, no en persona, le sugirió suspenderlo.
El jefe de la CGT eligió la sonrisa como pregunta. «Néstor no me pediría eso», le dijo al intermediario. ¿Y si lo invitan al ex presidente como jefe del PJ? «Es un acto del movimiento obrero», retrucó. Moyano ni se esforzó por buscar una excusa original.
Ninguna de esas minucias, sin embargo, se discutirán frente a Cristina. A la Presidente le pedirán que el Gobierno, con aporte de las empresas con altas ganancias, financien «una red de contención» para los nuevos desempleados -en general jóvenes- y los que podrían venir.
La progresiva expulsión de personal es una preocupación cierta pero, además, ese ítem funciona como el pretexto perfecto para que los caciques gremiales desembarquen, como por casualidad, en otro asunto que los desvela: el financiamiento de las obras sociales sindicales.
Son, como detalló Ámbito Financiero, 2.500 millones de pesos de aportes recaudados por la AFIP, cuyo destino es cubrir las prestaciones especiales, y que debería distribuir la APE, oficina que está bajo el puño de Ocaña y su aliado táctico, Juan Rinaldi, de «La Súper».
En la CGT sostienen que por los despidos aumenta la demanda: familias que antes tenían dos o tres aportantes ahora tienen uno solo, con lo que la atención del grupo familiar se descarga sobre una obra sociales cuando antes se repartía entre dos o tres.


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