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Los mercados del mundo, vacunados contra pesimistas
José Siaba Serrate - Economista
El alza de los mercados madrugó ayer con los números de crecimiento de China. La economía se expandió, en el cuarto trimestre y contra igual período de 2010, el 8,9%. ¿Será verdad? Nadie puede dar fe. Y menos fuera de China. ¿Es mucho? ¿Es poco? Es el ritmo más lento de los últimos dos años y medio; 2011 comenzó con un registro del 9,7% en los primeros tres meses, y luego fue perdiendo vigor trimestre tras trimestre. Se esperaba más pujanza: el consenso vaticinaba el 9,2%. No importó, a juzgar por la violenta reacción de todas las Bolsas que, a la sazón, estaban abiertas. La principal interesada -Shanghái- escaló más del 4%. ¿Será que una mala noticia es la mejor novedad? Así se la tomó sin más trámite. China se enfría más que lo esperado y lo que se barajó ayer no fue la expectativa de un mayor deterioro, sino la de recibir una dosis de política de estímulo antes de lo previsto. ¿Será así? No hay seguridades, pero los mercados subieron sin titubear. Ya en noviembre el Banco del Pueblo de China dispuso la primera rebaja de encajes y abonó el terreno para un giro más amplio de la política monetaria. La variación de encajes, sin embargo, no es un instrumento utilizado con el propósito fundamental de impulsar el crédito, sino de suavizar el impacto de los flujos de capitales. La medida sintoniza con la fuga de los últimos meses. Si de veras el banco central pretende estimular la economía, lo que gatillará será la primera de una sucesión de recortes de tasas de interés. De producirse, supondrá un renovado envión para las Bolsas internacionales.
La industria manufacturera fue la encargada de encender los fuegos artificiales de enero. Y ayer sumó otra cañita: el informe regional de la Fed de Nueva York sobrepasó las mejores proyecciones. No hay aquí segundas lecturas: el rebote desde octubre -cuando se temía la doble recesión en EE.UU.- no arroja dudas. La tesis de una recuperación manufacturera global en marcha -tras las desventuras que el año pasado comenzaron temprano, con Fukushima y la espiral del precio del petróleo- se arrima a tierra firme. Que en Japón las órdenes de maquinaria para el uso del sector privado (depuradas de sus componentes más volátiles) escalasen el 14,8% en noviembre habla de la misma fortaleza (ya que los principales mercados están fuera de Japón). Que el cobre haya trepado más del 23% desde su doble piso de octubre, y el 16% desde mediados de diciembre, se tomaría como evidencia a favor, pero con pinzas. Que lo haya hecho en un contexto de dólar en alza es lo que le otorga credibilidad.
La temporada de balances arrancó con los números de Alcoa, que fueron pobres, pero muy bien recibidos. Se puede entender por la tesis de la resurrección de la actividad industrial: la compañía -que desmontó su capacidad de producción- ve en 2012 un mercado de aluminio más entonado. Pero cuando se pasa a la banca, la historia es otra. Dos balances claves, JPMorgan y Citigroup, fueron decididamente malos. Se sabía de las dificultades del cuarto trimestre para los negocios de banca de inversión, pero no hay razón para pensar que no aflorarán nuevamente. Citi, ayer, decepcionó al ganar 38 centavos por acción cuando se apostaba a 50. Su mandamás, Vikram Pandit, adujo el impacto de la venta de activos de CitiHoldings, el «banco malo» dentro de la institución. Ese es también un problema vidrioso: ¿cuánta pesadez se arrastra en la opacidad de los inventarios? Citi no la sacó barata: el papel cayó el 8%. Lo notable es que su desventura no torció el curso alcista de la Bolsa.
De ninguna manera habría rally estacional sin el concurso de Europa. Era difícil, a priori, imaginar una noticia peor que la degradación crediticia de media eurozona (incluyendo el status AAA de Francia). Pero se produjo, y nadie pestañeó. Compárese con noviembre cuando hasta la subasta de Letras del Tesoro más trivial -en España o Italia- era motivo de calamidad. Los mercados que ahora «anticiparon» la movida de S&P no podían dos meses atrás «descontar» el desbarajuste creciente de cada licitación. Más aún, la agencia rebanó las calificaciones de los soberanos (y del «fondo de rescate»), pero extrañamente no rozó las de los bancos. Si nueve países padecieron la poda, era esperable que no menos de medio centenar de entidades le acompañara los pasos. ¿Qué pasó? No habrá corte. La demora usual nunca supera, como mucho, los dos días. No hay otra explicación, pues, que la aprobación de lo actuado por el BCE -tácita, la de los mercados; explícita, la de S&P- desde que Mario Draghi se ubicó al timón del banco central menos personalista de todos. ¿Cuál hubiera sido la reacción si el BCE no hubiera innovado en diciembre con la oferta elástica de pases a tres años? Había tres formas de sucumbir: malas calificaciones, malos balances o la mera zozobra por asfixia ante una montaña de vencimientos. La «tregua europea» es la clave del rally de los activos de riesgo. ¿Podrá mantenerse? La agencia Fitch anuncia el default de Grecia, y afirma que será inminente, y no eriza los nervios. ¿Se podrá conservar esa fortaleza de ánimo? La llave la tiene el BCE. Cuando diseñó la estrategia de los pases a tres años, de manera inteligente, pensó en dos subastas. No hay mejor seguro contra la inestabilidad que la licitación pendiente. Es un paraguas que recién se plegará el 29 de febrero. No sin antes derramar otro baño de recursos líquidos sobre la banca.


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