El cadáver de un chico aparece entre unos arbustos cerca de la entrada de un subte, a pocos pasos de la Escuela de Magisterio de Estocolmo. Tiene rasgos de árabe, palestino, quizá indio o paquistaní. Parece momificado. Hay latigazos en su espalda, pinchazos en los brazos, golpes por todos lados. Pero no los hematomas de quien intentó defenderse. Parece que lo hubieran usado de puching ball. Además le han arrancado los órganos genitales.
La inspectora Jeanette Kihlberg debe investigar un cuerpo no identificable, y cuando empiece a revisar los registros de violencia sexual, de crímenes a niños, los ficheros de pedófilos, comenzará a tener problemas. El fiscal Von Kwist parece boicotear sus avances. Entonces en la isla de Svartsjö aparece, sobre un embarcadero, el cuerpo de otro chico un bielorruso escapado de un campo de refugiados- con signos de violencia extrema. Y luego un tercero, con la cara quemada con ácido. Kihlberg empieza a sospechar que un asesino serial con fijación en los chicos ronda la capital sueca.
Tratando de entender los casos, la inspectora convoca a la psicoterapeuta Sofia Zetterlund, especialista en traumas infantiles. Zetterlund tiene como pacientes a un niño soldado de Sierra Leona, que la trastorna al remitirla a lo que ella misma padeció durante un viaje a África, y a Victoria Bergman, mujer que sufrió abusos de su padre, a la que trata desde hace diez años y que sigue siendo un misterio indescifrable de personalidades múltiples. La inspectora y la psicóloga buscarán capturar el culpable o los culpables de los espantosos crímenes, internándose por las zonas más oscuras de la perversión, exploración que por momentos desestabilizara sus propias vidas.
Ese es el punto de partida de una exitosa trilogía de novelas negras compuesta por "Persona" (primera entrega), "Trauma" y "Catarsis", conjunto de thrillers de calibrada unidad individual y, a la vez, entramados al punto que al cierre explican y ponen orden al caos inicial, Ciclo narrativo que ha puesto nuevamente a la novela policial nórdica en la lista de los best sellers internacionales, con más de tres millones de ejemplares vendidos planetariamente en poco tiempo.
Bajo el seudónimo de Erik Axl Sund, dos amigos, un productor musical, ex bibliotecario en una cárcel y un estibador, ingeniero de sonido y músico, trabajando en tandem construyeron un producto calculadamente adictivo, que puede llegar a las pantallas. Capítulos breves, intriga creciente, y la premisa: una víctima puede terminar convirtiéndose en un monstruo, en un verdugo. Condimentaron la acción descubriendo violaciones, abusos, infanticidios, pederastia, sadismo, trastornos psiquiátricos, y bastante más. Por caso, que la inspectora sufre por su hijo, su marido (artista frustrado que la abandona), y ella reencuentra el amor en quien obviamente le toca en ese caso (un homenaje acaso a la memorable Lisbeth Salander de "Millenium"). Para no caer en spoilers, algo tentador, como le ocurrirá a cualquier lector que caiga en las redes de este thriller gore, procaz, patológico y veraniego.
| Máximo Soto |


