8 de enero 2014 - 00:00

Los Tilos de Ushuaia

El equipo de Barrio Obrero de La Plata se quedó con el certamen de juego reducido en la ciudad más austral del planeta

Dale campeón, dale campeón. Los Tilos, con una camiseta no tradicional, se llevó la copa en Ushuaia.
Dale campeón, dale campeón. Los Tilos, con una camiseta no tradicional, se llevó la copa en Ushuaia.
En su primera visita al fin del mundo, los chicos de Los Tilos quedaron encantados con lo que vieron, lo que vivieron y con lo que se volvieron. Invitados y convencidos por los hermanos Lucas y Mariano Flores, dos jugadores que desembarcaron en el club del Barrio Obrero llegados desde la ciudad más austral del planeta, juntaron el dinero para realizar el largo viaje hacia Ushuaia.

El objetivo era combinar el rugby con las bellezas naturales de un lugar único, de ensueño; a pesar de esto, recién llegaron el viernes, horas antes del comienzo del torneo el sábado y estaba planeado el regreso tilense para la noche del domingo.

Quiso la suerte -para ellos- que los vuelos de regreso fueran un desastre en los días previos a Nochebuena, con sobreventa múltiple y horarios lejos de los anunciados. Por ello, se les ofreció volver un día después, permitiéndoles unas horas más para descubrir la ciudad y sus alrededores. Nueve de los platen-ses aceptaron el ofrecimiento y esas horas extras les permitieron disfrutar un poco más de este lugar único.

Uno de los placeres de esta ciudad, mientras en el resto del país el calor agobiaba y molestaba, es que la temperatura dependía del helado viento antártico. Si no golpeaba, se podía andar tranquilamente con sweater; con el viento de frente, el frío era mucho. Y esos minutos de lluvia hacían que el calor fueron algo olvidado.

De hecho, durante las dos jornadas del XXVII Seven del Fin del Mundo, hubo todo tipo de clima. Es clima de isla, comentaba sonriendo un local acostumbrado a eso de tener sol, calor, lluvia y frío todo en un lapso de minutos.

A diferencia de otros años en los que desde el continente llegaban jugadores estrellas y equipos - han pasado por este torneo figuras de todo tipo en los últimos años de historia, entre ellos un jovencísimo Agustín Pichot y el Olimpia de Plata Chelo Bosch- esta vez, por haber dejado el torneo para cerrar el año ovalado el fin de semana previo a Navidad, sólo fue Los Tilos quien pudo acompañar a los buenos anfitriones del Ushuaia Rugby Club.

Trece equipos de adultos, más otros varios en el torneo de juveniles, disfrutaron de un torneo en las dos canchas enmarcadas por los últimos kilómetros de la larguísima Ruta 3 y el Río Pipo.

El club local presentó dos equipos y en la segunda jornada Los Tilos tuvo que ganarle a los dos para llevarse el trofeo. La semifinal fue uno de los mejores partidos de los últimos años, con un resultado cambiante y la duda de si el que hasta entonces tenía el mejor equipo y los mejores antecedentes pudo ganar con lo justo. Los Tilos tuvo que trabajar mucho para el 24 a 19 con que se aseguraron el paso a la final.

Ahí, con el arbitraje del encumbrado Federico Anselmi - que tres fines de semana antes, en Dubai, había controlado su tercera final del IRB Sevens- Los Tilos con una camiseta alejada de su verde tradicional se enfrentó a Ushuaia A y el triunfo fue categórico: 36-0. Los hermanos Flores jugaron uno para cada equipo, para alegría y orgullo de su padre Esteban, uno de los históricos referís de la ciudad.

Segundo Tuculet, hermano menor del internacional Joaquín, fue el mejor del torneo y se llevó el premio y los aplausos del cierre. Fue impresionante venir hasta el fin del mundo, jugar este torneo y disfrutar de la forma que nos trataron. Muchas gracias, dijo a los espectadores, micrófono en mano.

El equipo de los hermanos Rafa y Luis Silva (hijos de Pochola) disfrutaron el viaje y lo que pudieron recorrer, pues el atraso del avión les permitió ese lunes subir al Glaciar Martial y ver la ciudad desde la montaña.

Ya trabajan en el Ushuaia Rugby Club para el torneo número

28. Por de pronto, saben que jugar el seven tan cerca de las fiestas fue un error. Se habla de que este año será el primer fin de semana de diciembre. Son 50 semanas para que los equipos de todo el país empiecen a preparar su viaje a un torneo único: el Seven del Fin del Mundo.

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