29 de diciembre 2008 - 00:00

Luto, desolación e invocaciones a Alá

Gaza - Hospitales de por sí precarios que anoche no daban abasto y calles desoladas. Entierros con personas consternadas en medio de gritos de «Alá es grande». Postales dramáticas marcaban ayer el tono en la diminuta Franja de Gaza, que sufrió los peores bombardeos de su historia en cuarenta años.
«Todos los hospitales de la Franja de Gaza están en estado de emergencia recibiendo a los heridos por los misiles. Los hospitales carecen de asistencia y equipamiento necesario», explicó el jefe del servicio médico de emergencias en Gaza, Moawiya Hasanein, quien precisó que 120 permanecen en estado crítico.
A su vez, la Cruz Roja Internacional (CRI) emitió una alerta por la situación: «Los hospitales están atestados y no pueden lidiar con la magnitud y el tipo de heridos que siguen llegando», dijo Marianne Robyn Whittington, delegada en Gaza, en un comunicado del organismo.
La Franja de Gaza es uno de los territorios más pobres del mundo, en el que conviven 1,5 millón de palestinos en un espacio de 362 kilómetros cuadrados, que apenas llega hasta 10 kilómetros de ancho y se extiende por 45 junto al mar. Es gobernado por la organización terrorista Hamás, que decretó tres días de duelo.
Allí se sucedían los entierros de las víctimas. Mohamed al-Ashi, en estado de shock, mientras policías y familiares transportaban entre gritos de «Alá es grande» el cuerpo de su hermano Faris, afirmaba entre llantos: «Pido a Alá paciencia y fortaleza. Que Alá bendiga el espíritu del mejor hombre de la familia». De 33 años, Faris trabajaba en la división de explosivos del movimiento Hamás.

Calles vacías

Las calles de la Franja presentaban ayer un aspecto desolador, casi vacías de coches y puestos ambulantes; negocios, escuelas y universidades permanecen cerrados desde el inicio de los ataques contra comisarías, lanzaderas de cohetes, mezquitas, oficinas y un canal de televisión del movimiento islamista.
«La sangre y el olor a pólvora están por todas partes en Gaza», señaló Mohamed Abu Hmeid, un policía de 36 años encargado de dirigir el tránsito cerca del hospital Shifa.
Hassan Abu Tuha, un residente en la Franja, tampoco «había visto nada parecido» en sus veintidós años de vida.
Otras expresiones de odio antisemita cortaban el ambiente: «¡Ojalá Alá nos regale una jornada sangrienta contra los judíos y sus colaboracionistas árabes!», clamaba Abu Tuha.
Salem Abu Akar, profesor universitario de Gaza, subrayó que «de un punto de vista militar, Hamás perdió la batalla desde el primer ataque» porque «la mayoría de muertos son policías».
«Sin embargo, pública y políticamente, creo que ha ganado. Y ha ganado también apoyo político entre los palestinos y el mundo árabe», matiza.
Para Abu Akar, Israel tiene mucho que perder con la operación, pues la continúe o no, acabará por acordar una nueva tregua con Hamás, incapaz de detener por medios militares el lanzamiento de cohetes contra su territorio.
Los islamistas, dice, aprovecharán para reforzar su arsenal, y vuelta a empezar.
Agencias EFE y Reuters

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