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Macri arma club peronista para ensayo nacional
Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Miguel del Sel, Emilio Monzó
El jefe del PRO oscila, hace tiempo, entre dos mundos: el pragmatismo de «retener» Capital antes de aventurarse a disputar, con chances difusas, la Casa Rosada, y el costo electoral, supuesto, de ese juego que lo empuja a elegir un destino. Uno solo.
Sus últimos movimientos -el más sólido fue desactivar el calendario anticipado- inducen a pensar que decidió la monopostulación (a pesar de que no silencia a quienes sugieren los dos turnos) y, además, que ésta estará focalizada en la disputa nacional.
En estas horas, Macri dio otro paso en ese sentido: formalizó a su staff porteño que Emilio Monzó, ex ministro de Daniel Scioli, alguna vez cercano a Francisco de Narváez, será su armador, con perfil peronista, para montar el dispositivo presidencial.
Monzó estuvo, a fin del año pasado, con el jefe de Gobierno porteño durante una excursión por Córdoba donde se vieron con el basquetbolista Fabricio Oberto. Antes, secretamente, había visitado esa provincia en busca de referentes locales del macrismo.
Meses atrás, en medio de los primeros contactos para evaluar la empatía, Monzó lo llevó a recorrer distritos del interior bonaerense en encuentros chacareros y festivales locales. Ayer, al bonaerense se lo vio, en rol de operador, por Mar del Plata.
El ex intendente de Tejedor se instaló en el hotel Hermitage, propiedad de Aldrey Iglesias, donde también se aloja Scioli, para encerrarse con Miguel del Sel a llevarle en persona un mensaje de Macri para tratar de convencer al cómico de que acepte competir por el PRO en Santa Fe.
Del Sel, a lo Macri, dice que sí y que no casi en simultáneo. Cita comentarios de algún puntero santafesino sobre la dificultad de esa candidatura ante el despliegue, logístico y financiero, del PJ -en sus varias versiones- y el acuerdo crujiente entre la UCR y el PS.
Más simple: a Del Sel le tienta más ser candidato a diputado que a gobernador.
Macri, en tanto, cree imprescindible entrar de lleno en una eventual carrera presidencial con candidatos propios -que sean correctos o ganadores es otra historia- en los cuatro distritos más poderosos: la espinosa Capital, Buenos Aires, donde se anotó el primo Jorge, Santa Fe y Córdoba.
La nominación de Monzó, que forma un scrum con otros referentes peronistas como Humberto Schiavoni, apunta a la captura de adhesiones y voluntades, pero sobre todo de referentes para instalar postulantes con sello macrista en las provincias.
El porteño se resiste a lo que podría ser un desenlace inevitable: que esos casilleros se los llene el Peronismo Federal o, por las suyas, Eduardo Duhalde. Apuesta, entonces, a que un peronista rubio -disvalor que le imputa el PJ ortodoxo a Monzó- haga esas costuras.
La segmentación del calendario electoral -Santa Fe vota en junio; Córdoba lo haría en julio; Capital por esos meses- acarrea otro problema. ¿Como enfrentar una carrera presidencial sin candidatos con alguna chance en los turnos previos?
Macri padeció, en 2010, ese fenómeno cuando creyó -con malos datos y pésimo olfato- que «Orly» Terranova sería la revelación electoral en Mendoza y el corredor del Dakar terminó cuarto, con apenas un puñado de votos. Ese peligro vuelve a abrumar al jefe de Gobierno porteño.
Así y todo, con Del Sel se arriesga a transitar la misma experiencia. Por lo pronto, el objetivo es transmitir la voluntad explícita -y, para el peronismo, eso se hace «armando»- de que Macri puede, al fin, terminar disputando la presidencia.
Al margen, como en una dimensión paralela, se discute el asunto de la fecha porteña (ver nota aparte). Mientras tanto, el jefe del PRO orejea, suplica interpretaciones, anota diagnósticos, y concluye que si Cristina de Kirchner va por su reelección, él debe «sí o sí» enfrentarla.
Ha dicho -y quizá no lo vuelva a decir- que enfrentar un segundo mandato en la Ciudad con un Kirchner como presidente sería su peor error. Por eso, se ilusiona con que el deterioro de la Presidente se agudice y el PJ, como pronostica Elisa Carrió, deje de venerar a una Cristina de Kirchner que no asegure una victoria.
La secuencia puede, más allá de los propios volantazos anímicos y «técnicos» -sugeridos por el «gurú» Jaime Durán Barba- de Macri, modificarse por factores externos. Total, siempre hay tiempo de volver a casa. Aunque la casa, la Ciudad, no esté en calma ni garantizada.


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