Macri se enfrenta a Moreno en duelo por Mercado Central

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Mauricio Macri le escapa a Guillermo Moreno. El jefe de Gobierno porteño acepta, incluso, «someterse» a la voluntad del secretario. Opta, dicen quienes hablaron con él, por una rendición incondicional antes que ir a una guerra, seguramente violenta, con el cruzado K.

Lo abruma, sin embargo, que la entrega de esa «bastilla» deberá hacerla por escrito y con su firma. Algo más: a su lado le reprochan que no deje pasar la oportunidad de «intervenir» en un rubro que figura como los mayores flancos de Cristina de Kirchner.

El 1 de abril pasado, Néstor Lombardi, delegado porteño en el ente tripartito que administra el Mercado Central, debió asumir la presidencia rotativa en reemplazo de Carlos Martínez, emisario del Gobierno de Daniel Scioli, pero escudero de Guillermo Moreno.

Por estatuto interno, la jefatura del mercado cambia año tras año entre Nación, provincia y Capital. Pero Martínez, un espadón del morenismo explícito, lleva dos años al frente y pretende -hasta ahora con éxito- extender esa continuidad, como mínimo, dos años más.

En 2008, ocupó el cargo por la provincia; en 2009 «convenció» a Fabián Dragone de que le ceda el mando y ahora presiona para que Lombardi, el dirigente que Macri designó en lugar de Miguel Saredi, le conceda formal e institucionalmente el cargo.

Aturdido por la causa judicial de las escuchas que lleva, por ahora, Norberto Oyarbide, y en tensión con su ex socio Francisco de Narváez, Macri no quiere abrir otro frente crítico y prefiere -hasta ahora- ceder ante Moreno que desafiarlo en su propio campo.

Para el secretario, el Mercado Central es la clave de su simulación antiinflacionaria y Martínez su operador en las naves de La Matanza desde donde ejecuta sus maniobras para pretender que los precios no aumentan. Lo demás lo hace desde el INDEC.

Lombardi -que llegó a ese cargo a sugerencia de la CGE, donde ocupa una vicepresidencia- diseñó, incluso, un plan de desarrollo del Mercado Central sobre la base de un proyecto que a fines de los 90 diseñó una compañía española y consiste en evitar el ingreso de camiones a la Capital.

Esa es, claro está, una alternativa que desagrada a Hugo Moyano, también con intereses en el Central. Para Macri, visto así, emprender una disputa con Moreno y el camionero sería demasiado arriesgado. Sin embargo, todavía no se decide a coronar la entrega que tendrá que llevar su firma: para ceder el lugar que le corresponde a la Capital, el jefe de Gobierno deberá hacerlo por escrito.

En el Palacio de Gobierno advierten que la «complejidad» del Mercado Central, entre operadores, changarines y la inefable intervención de Moreno, supone montar un operativo de contención y estar, además, en condiciones de dar una batalla de esa dimensión.

Parecen, a simple vista, argumentos para esquivar el duelo que Moreno, entre los suyos, considera clausurado: hace casi 20 días que Martínez sigue en el cargo y listo para continuar, con o sin «cesión» porteña, durante lo que queda de ese período hasta que, en abril próximo, le corresponde por ley asumir porque será el turno bonaerense.

Moreno, vía Martínez, tiene planes hechos para seguir con las campañas de ventas a precios sólo existentes en el planeta K. Por eso no está dispuesto a permitir que Macri derrumbe, con su sola presencia, esa fantasía que le granjea la simpatía del matrimonio Kirchner.

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