Macri y Moyano lloraron por la falta de plata

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Mauricio Macri se entregó ayer a la primera reunión, y tal vez única, con la cúpula de la CGT que llegó de visita al Palacio Municipal de Bolívar 1, despertando cierta curiosidad entre algunos funcionarios, al punto que casi medio gabinete ofició de anfitrión junto al jefe porteño.

Macri les explicó a los sindicalistas que la necesidad de hospitales, escuelas, subtes y todo lo que cree es necesario desarrollar en la próxima década le insumiría $ 60 mil millones, de un Presupuesto que es un cuarto de esa suma y le deja poco para obras; es el plan que el macrismo llama Buenos Aires 20-20. Para el Gobierno porteño, la solución se encontraría mediante financiamiento externo, propuestas que viene haciendo para varios proyectos, pero lo que busca es que diferentes sectores sociales tomen conocimiento de cómo se reparte el Presupuesto de la Ciudad.

Después de la exposición del jefe de Gobierno, hicieron su interpretación los cegetistas. Estaban, además de Moyano -cuyo gremio esta semana protestó dejando de recolectar los residuos-, Omar Viviani (taxistas), José Luis Lingieri y Amadeo Genta (municipales), entre otros, como representantes de los judiciales y los canillitas.

«Es un problema serio», dijo complaciente Moyano, pero acotó duro: «Espero que no lo cure reduciendo trabajadores».

Entusiasta por la convocatoria, el secretario general de Macri, Marco Peña, se explayó comentando a cuántos sectores ya habían consultado y entrevistado. Lo dejó mudo Viviani, apelando: «Mirá, yo soy democrático, soy defensor del diálogo, pero si hablás con demasiada gente y todos opinan, al final no se hace nada».

El taxista fue el que se animó, con algunos vericuetos verbales, a decirle a Macri ante su presentación: «Está bien, es positivo hablar del largo plazo, pero es difícil si no se habla del corto, porque si tenemos problemas ahora, hay que ponerlos sobre la mesa; si no, no se puede hablar del futuro si hay temas coyunturales». «Sí, pero son dos mesas distintas», refutó Macri.

Genta, cacique del poderoso gremio de empleados municipales (Sutecba), en cambio, cruzó elogios con el mandatario. Dijo que su sindicato siempre está dispuesto a colaborar, y Macri asintió que con «la colaboración de Sutecba pudimos transferir empleados improductivos a otras áreas y hacerlos productivos».

Acordaron finalmente hacer una mesa con representantes que quisieran integrarla para acordar algún tipo de proyectos.

Sobre el final, la reflexión de Macri: «La cosa es así, por ejemplo, nos vienen con que tenemos que darles un millón y medio de pesos en subsidios a las murgas, o a veces la Legislatura me impone ese tipo de cosas, y no hay mucho que pensar, entre las murgas y los hospitales hay que mejorar los hospitales». Como si alguien lo hubiera previsto, penetró repentinamente en la sala el barullo de una batucada de protesta que comenzó en la calle. «Mirá, empezaron las murgas», dijo uno y comenzó la despedida.

El jefe de Gobierno estuvo acompañado por los ministros Guillermo Montenegro (Seguridad), Juan Pablo Piccardo (Espacio Público), Néstor Grindetti (Hacienda), el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, además de Peña y otros colaboradores.

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