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“Marco es el espejo monstruoso de lo que somos todos”
Cercas: “Marco necesitó mentir sobre el crimen más atroz de la humanidad para que lo acepten, para que lo quieran, para que lo admiren, por lo mismo que yo me dedico a las novelas”.
Javier Cercas: Hubo casi nueve mil españoles deportados a campos nazis. La mayoría fueron al campo de concentración de Mauthausen, en Austria. Cuando regresaron a España, algunos de ellos crearon en 1962 la Asociación Amical de Mauthausen y Otros Campos para defender los derechos de los deportados y sus familiares. El presidente de esa asociación de sobrevivientes, durante los años de apogeo de eso que se llamó en España la "recuperación de la memoria histórica", fue Enric Marco. Ese señor dictó centenares de conferencias sobre su experiencia en el campo nazi de Flossenbürg, Baviera, concedió decenas de entrevistas a diarios, radios y televisión, se convirtió en una verdadera rock star de la Memoria Histórica. Recibió condecoraciones y distinciones. En el primer homenaje que se tributó en el Parlamento de España a las víctimas del Holocausto, Marco habló en nombre de ellos y sus familiares y conmovió profundamente a quienes estaban allí. Y estuvo a punto de ser el primer español que hablaba en la reunión que cada año tiene lugar en Mauthausen, donde van deportados, dignatarios de todo el mundo, el canciller de Austria y donde por primera vez concurría un presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero. Pocos días antes de que eso ocurriera un oscuro historiador español, Benito Bermejo, uno de los héroes de mi libro, demostró que el relato de Enric Marco era falso, que jamás había estado en un campo de concentración. El escándalo fue monumental. En un artículo, Mario Vargas Llosa dice que es el mayor impostor de la historia. Sin duda es el Maradona de la impostura, porque no sólo -como lo descubrí al ponerme a investigar a fondo su vida- había mentido acerca de eso sino que toda su vida, su nombre, su paso por la guerra, su antifranquismo, era una suma de falsedades. Enric Marco era una mentira caminando.
P.: ¿Qué ocurre con el impostor cuando ese historiador lo descubre?
J.C.: Se convierte en el gran maldito. Cualquier persona normal se hubiera metido en su casa, se hubiera ido a un iglú, o se mata. Él a los 84 años salió a pelear, a defenderse. Una de sus líneas de defensa fue la que usó gente inteligente como Claudio Magris, que escribió el artículo "El mentiroso que dice la verdad", donde dice: bien, es verdad, mintió, pero esa mentirá está justificada porque al fin y al cabo ayudó a la difusión de una verdad que necesitaba ser difundida, la de los campos nazis, la guerra, la posguerra, y así hizo mucho bien al país, a los jóvenes, a la gente. Es una línea de defensa completamente falsa. Al comenzar a trabajar no me preguntaba ¿cómo es que alguien miente sobre uno de los crímenes más monstruosos de la humanidad? sino ¿cómo es posible que todo el mundo le crea? Una de las respuestas es: porque decía lo que la gente quería escuchar. El argumento de Magris y del propio Marco es falso porque lo que él contaba no era la verdad, era una verdad edulcorada, digerible, sentimental, épica, una verdad tranquilizadora. Había unos malos muy malos que estaban allí, que no tenían nada que ver con nosotros, que éramos unos buenos. Una verdad sin las zonas de sombra de las que habla Primo Levy, uno de los ángeles tutelares de mi libro. Un lugar donde las víctimas se convierten en verdugos, y los verdugos en víctimas. Una verdad sin los atroces devenires de la historia, sus vértigos y complejidades.
P.: ¿El impostor Enric Marco estaba loco? ¿Se creía el Quijote que se había inventado?
J.C.: No, de ninguna manera. Se lo creía cuando lo interpretaba, como un actor en el escenario. Cuando lo relaciono con Alonso Quijano lo hago en serio. Lo que caracteriza a Alonso Quijano no es que confunda la realidad con la ficción, es que a través de Quijote quiere hacer realidad la ficción, quiere llevar sus sueños a la vida. Se ha pasado 50 años encerrado leyendo libros de caballería, soñando una vida de héroe, hasta que decide salir a vivir la vida que ha soñado siempre, y se inventa a ese Don Quijote que sale a defender doncellas indefensas y a desfacer entuertos. Marco igual, se pasa hasta los 50 años en una vida horrible. Nace en un manicomio de una madre loca. Vive encerrado en un taller. Cuando el país está cambiando, se está reinventando con la Transición, se dice yo también voy a reinventarme y voy a hacerlo a lo grande. Se construye un pasado, no de héroe de la guerra sino de víctima de los nazis. Modifica su nombre, cambia de personalidad, de ciudad, de trabajo, de mujer, una 30 años más joven que él, guapita, y se vuelve secretario general de la Confederación Nacional de Trabajo anarquista. Se convierte en el héroe que había soñado ser.
P.: "El impostor" no es la mera biografía de Enric Marco, una novela de no ficción, usted interviene, se expone, explica y cuestiona su trabajo.
J.C.: Busco que el lector no diga: joder, mira este Marco, qué monstruo, qué horror, pero, bueno, no tiene nada que ver con nosotros. No, yo soy como él, y tú eres como yo. Y esta historia te atañe. "Mutato nomine de te fabula narratur" dice Horacio, cambiando el nombre esta historia habla de ti. Quiero sacudir al lector, inquietarle, decirle que él también es un impostor, porque Marco no es más que un espejo monstruoso de lo que somos. Y por eso tengo necesidad de contar de mi vida, de mi familia, de mi labor. Y preguntarme ¿por qué necesitó Marco mentir sobre el crimen más atroz de la humanidad? Para que lo acepten, para que lo quieran, para que lo admiren, por lo mismo que yo me dedico a las novelas, sólo que él lo hace violando todas las reglas que nosotros respetamos o fingimos respetar. Todos somos como él en la medida en que somos novelistas de nosotros mismos. Marco es como un novelista perverso. Los novelistas tenemos licencia para mentir, ofrecemos una mentira consentida, mientras que él no tiene permiso para engañar, y menos como lo hizo.
P.: ¿En su libro cuestiona la denominada Recuperación de la Memoria Histórica?
J.C.: Una de las paradojas de este personaje es que se inventa una vida épica, brillante, para seducir y ser querido, y su verdadera vida es muchísimo más interesante que su vida inventada, sólo que es una vida pedestre, gris, a ratos sangrienta, nada heroica, es la verdadera historia de España. Marco es el emblema monstruoso de un momento reciente de mi país, de eso que se llamó el Movimiento para la Recuperación de la Memoria Histórica. Un movimiento absolutamente indispensable, necesario, justo, en lo que "Soldados de Salamina" tuvo mucho que ver, porque se publicó cuando eso se estaba iniciando. El filósofo Richard Rorty dice que "el éxito de algunos libros se explica por la coincidencia de las obsesiones de un escritor y las obsesiones de la sociedad en la que vive". En aquel libro hablo de recuperar el pasado, desenterrarlo, reivindicarlo. Eso era fundamental, pero desde el principio funcionó mal. El concepto de la Memoria Histórica no sirve para nada. No funciona porque la memoria y la historia son cosas opuestas, un oxímoron. La memoria es individual, subjetiva, parcial, y la Historia es global, rigurosa, objetiva. Ese movimiento debía buscar resarcir de una buena vez por todas a las víctimas en todos los sentidos, por un lado, y por otro, afrontar el pasado con valentía, con espíritu crítico, con honestidad. Sacar los miles de muertos de las fosas comunes, darles sepultura para que los suyos les vayan a rezar, a homenajear. Y ver que no todas las víctimas son tan víctimas, ni los héroes tan héroes. Enfrentar el pasado con todas las de la ley. Eso no se hizo, y no se hizo en parte porque se hizo una cosa partidista. La izquierda decía que quería hacerlo, o decía eso, y la derecha se negaba a hacerlo. El resultado es que ahí están los cadáveres en las cunetas, las víctimas sin ser resarcidas, en pie los monumentos fascistas, ahí sigue todo absolutamente igual. La derecha no quería hacerlo, pero la izquierda tampoco, quiere usarlo, vio en ello un instrumento para beneficiarse, una forma de explotación, de obtener réditos no sólo económicos, aunque también lo sean, sino beneficios morales, simbólicos, como los obtuvo Marco, el impostor.
P.: ¿En qué está ahora?
J.C.: En un ciclo de conferencias que voy a dar en Oxford, con las que haré el libro de ensayos "Punto ciego". Luego me pondré a trabajar en la historia más antigua que quiero escribir, que es muy difícil.
Entrevista de Máximo Soto


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