México DF - Después de casi dos semanas de ansiedad y varios días de encierro obligado por la epidemia de la gripe A, México dio ayer un nuevo paso hacia la normalidad con la reanudación de las clases universitarias y la reapertura de museos y centros deportivos.
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Aunque las autoridades advierten una y otra vez de que es muy pronto para «cantar victoria», como señaló el miércoles el presidente Felipe Calderón después de flexibilizar las medidas preventivas, el país parece haber recuperado casi totalmente su cara habitual, con la excepción de los barbijos. Especialmente la capital, el principal foco de la epidemia, cuyas calles volvieron a hervir de tráfico por el regreso a clases, que se extenderá a partir del lunes a las escuelas de primaria y secundaria.
La circulación de vehículos, habitualmente frenética, fue más intensa que en la víspera, cuando comenzó la paulatina normalización de las actividades.
En la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), decenas de miles de estudiantes llenaron a la mañana el campus del sur de la ciudad, después de que equipos de limpieza desinfectaran las aulas, donde no faltan los barbijos, ni los mensajes aleccionadores de los profesores.
Además, al entrar en cada facultad, empleados de la UNAM entregan a los estudiantes un tríptico informativo, un cuestionario sobre su salud, gel antibacteriano y pastillas de jabón.
Algo parecido sucedió en los 112 museos administrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde además de las recomendaciones, se exige a los visitantes mantener una distancia de 1,5 metro entre sí y que no se congreguen más de veinte en una sola sala.
La progresiva vuelta a la normalidad ha sido posible también, por la decisión de la alcaldía de la capital de bajar la alerta sanitaria del color «naranja» (elevado) al «amarillo» (medio).
Esto significa que desde ayer pueden reabrir al público estadios e instalaciones deportivas, plazas de toros, cines y discotecas, aunque con restricciones.
Entre las normas que deberán observar los estadios de fútbol y de otros deportes, se encuentran la entrada ordenada de los espectadores para evitar aglomeraciones y la separación en las tribunas por grupos de familiares o amigos, con lo cual la capacidad se verá limitada.
Estos centros recreativos se suman a los 35.000 restoranes de la urbe, que después de sufrir pérdidas estimadas en 87 millones de dólares, funcionan ya a plenitud y no al 50% de su capacidad, como sucedió el miércoles, cuando abrieron sus puertas.
En el resto del país, que ha sufrido en menor grado la crisis sanitaria, las actividades se mantienen prácticamente normales, salvo en los centros turísticos del Caribe y del Pacífico, que funcionan a medias por la salida de turistas extranjeros y las cancelaciones.
Recuperar la imagen perdida a nivel internacional será ahora una de las tareas de las autoridades y de la sociedad mexicana, sin bajar la guardia ante la epidemia que, aunque se supere, muchos ciudadanos tardarán en olvidar.
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