Hace 10 años el politólogo Samuel Phillips Huntington, presentó su estudio "¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense" donde señalaba la amenaza de la irrupción latinoamericana en los Estados Unidos. Hoy la primera minoría. Huntington explicaba que "el crecimiento de la latinoamericanos en el territorio era claramente opuesta a la identidad estadounidense y podía dividir el país en dos pueblos, dos culturas, dos lenguajes". Sostenía que los latinoamericanos tienen falta de ambición, aceptan la pobreza como una virtud que abre la puerta del cielo, tienen numerosos hijos, hablan inglés en la calle y mantienen su idioma en la casa, no les interesa la ética protestante del trabajo, atentan contra los ideales del "sueño americano", el proyecto WASP (white anglo-saxon protestant) que hizo grande a EE.UU. Esas ideas están en la base de esta novela, que si bien tiene mucho de thriller, no trata de un Miami sangriento, sino de un Miami donde los "anglos" han pasado a ser minoría de minorías, donde se trata de "Volver a la sangre" (el título original es "Back to Blood"), rótulo que se puede entender de diversas maneras, sin dejar de lado las implicancias raciales.
Wolfe afirma que Miami "es la ciudad donde el futuro ha llegado primero" y "un ejemplo perfecto del único sitio en donde una población de origen extranjero, de otra lengua y una cultura diferente, por votación democrática, después de afincarse en el territorio, se ha adueñado del poder político". En las primeras páginas por el estacionamiento de autos hay un choque entre una pareja de clase alta wasp, totalmente chic, con dos chicas latinas dueñas de una Ferrari, tan sexies y millonarias como grasas, que cuando le piden que hablen en inglés, le contestan con una sonrisa burlona: "¡cállate, estás en Mi-ah-mii!"
Edwad Topping IV, miembro de una pequeña dinastía wasp, es enviado por el Loop Syndicate a reconvertir el "Miami Herald" de diario en papel a periódico digital y lanzarlo como "El Nuevo Herald" para las masas latinas. "El término latina o latino", dice al pasar Wolfe, "sólo existe en EE.UU.". Y si bien se habla de afro-americanos, no se dice latino-americanos. A partir de ese instante la novela se vuelve coral, aunque tiene un par de protagonistas principales, fundamentalmente el policía cubano-americano Néstor Camacho, que busca hacer las cosas bien y se pone en contra a la "comunidad cubana" militantemente anticastrista. También hay un joven y ambicioso periodista; la ex de Camacho, que es amante de un psiquiatra que cura adictos al sexo y que tiene como paciente a un millonario desesperado onanista fanático de la pornografía; y un magnate ruso, supuesto mecenas artístico y real mafioso que trafica cuadros falsos de grandes pintores, etcétera.
Es un cóctel que se bebe bien, pasando de los sarcasmos al mundo del arte a las orgías en los yates (todo es muy poco si alguna vez se vio la serie "Nik / Pot"). La prosa chispeante de Wolfe, las ironías de tradición periodística, el ritmo que impulsa a pasar páginas, lleva a una lectura adenalínica, aunque a pesar de lo que se ha dicho nada tiene que ver con la historia de Sherman MCoy, famoso protagonista de "La hoguera de las vanidades". Tampoco con las de los protagonistas de "Todo un hombre" o "Soy Charlotte Simmons", dos fracasos para el listón de best sellers de Wolfe. Con "Bloody Miami", cuyos derechos vendió en 7 millones de dólares a una nueva editorial, ha buscado recuperar la gloria de los tiempos de hogueras y vanidades.
| M.S. |


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