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Mussi, un PJ clásico, se suma al staff K: pago al conurbano
Cristina de Kirchner le tomará hoy juramento a Juan José Mussi como secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, cargo del que desplazó a Homero Bibiloni.
Jurará hoy en una ceremonia que, en horas prolíficas en rumores y versiones, nadie se atreve a determinar si marca el inicio o el fin de los cambios en el gabinete K. Otro interrogante permite respuestas más simples: con Mussi, la Casa Rosada le paga al PJ del conurbano.
Peronista ortodoxo, intendente multirreelecto, ganador empedernido -en 2005, fue el único alcalde que derrotó en el plano local a la boleta de Cristina de Kirchner-, asoma como una compensación menor frente al protagonismo transversal de los últimos enroques.
Anoche, en Gobierno, en un despacho «pejotista», bromeaban con ese factor. «Veníamos muy mal para nosotros -decían en referencia a Garré-; por suerte con Mussi terminamos mejor». La ironía se completaba con la persistente sangría que padeció Aníbal Fernández.
La caída de Homero Bibiloni, un platense proto-K, referenciado en Carlos Kunkel, de histórico vínculo con los Kirchner, no debe anotarse como otro revés del quilmeño. Es más: el jefe de Gabinete operó, en los últimos meses, para remover al secretario de Ambiente.
Mussi, que delega el municipio en su hijo Juan Patricio, es cabeza de playa del peronismo del conurbano, de añeja amistad con Fernández, pero aterriza en el cargo por una doble recomendación pingüina: De Vido y Alicia K. El que pone no saca, advierte el refrán.
Aníbal Fernández fue el encargado de avisarle a Bibiloni que debía dejar la secretaría y se esforzó por transmitirle -«dice la Presidenta»- que no respondía ni a un descontento respecto de la gestión ni a un malestar individual con el funcionario.
Así y todo, lo abruman con varios reproches: que desatendió su tarea por enfrascarse en una incierta postulación platense y que minimizó la dimensión de un expediente ambiental, el Riachuelo, que genera conflictos periódicos al Gobierno y puede, un día, estallar.
«Necesito un hacedor, alguien que haga política y un militante», prologó la Presidente la oferta a Mussi. Llega, el de Berazategui, con la prioridad de darle visibilidad a un área que pareció dormida mientras todo lo ocupaba Botnia, pero de impacto diario.
Bibiloni fue, incluso, sancionado por la Justicia por incumplir disposiciones respecto del Riachuelo. El juez Julio Armella -que en estos días llevó la causa por el corte de vías que derivó en los incidentes de Constitución- castiga, cada tanto, en ese frente.
Armella -que condenó a Bibiloni a pagar 4 mil pesos diarios por no sanear el Riachuelo- arrastra una antigua disputa con los caciques del conurbano, cuota parte en el operativo de limpieza de la cuenca Matanza-Riachuelo, para la que se montó un organismo específico, ACUMAR, dotado de jugosos fondos de organismos internacionales.
Esa oficina, con sus recursos, fue uno de los múltiples corrales donde se enfrentaron, siempre con sigilo, De Vido y Aníbal Fernández. Ese duelo sigue vigente. Y en las últimas pulseadas, el ministro de Planificación se anotó varias victorias. Sin embargo, mientras sobre los funcionarios sobrevuela el temor a ser las víctimas de un futuro movimiento, en sectores del kirchnerismo circula la hipótesis de que, en marzo o abril, Cristina de Kirchner dispondría un cambio de figuras en su gabinete.
Se cita una anécdota. Antes de asumir, Cristina, Kirchner y Alberto Fernández cenaron en Olivos con el senador chileno Carlos Ominami, quien habló del mal comienzo de Michelle Bachelet, que atribuyó a una decisión: remover a todo el gabinete de Ricardo Lagos.
Por entonces, la Presidente electa exploraba la alternativa de desplazar a los dos ministros más poderosos que heredaba de su marido: De Vido y Alberto F. Pero el relato de Ominami, y su argumentación sobre los riesgos de desintegrar gabinetes, la hicieron dar marcha atrás.
En estos días, aquel episodio de la historia doméstica del kirchnerismo, volvió a escena. Aunque los ojos se posan, esencialmente, sobre Aníbal Fernández, esa hipótesis amplía la eventual razzia ministerial también a Julio De Vido.
Mussi -con terminal en la FAM que conduce Julio Pereyra- admite no ser un experto en temas ambientales pero, en simultáneo, desempolva su CV para recordar que fue, ocho años, ministro de Salud bonaerense, área que abarcaba lo que, por entonces, se llamaba Medio Ambiente. «Soy un político y allí hay muchos técnicos», dijo Mussi sobre su nueva función.
Bibiloni juró en la secretaría en tiempos en que Sergio Massa era jefe de Gabinete, para cubrir la vacante que había dejado Romina Picolotti, caída en desgracia luego de la salida del Gobierno de su padrino, el Fernández porteño.


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