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Nisman: hoy torneo Fein-Arroyo (y la causa sigue en stand-by)
Viviana Fein
Ayer Arroyo Salgado envió a su abogado a requerir la nulidad de una pesquisa programada para el martes próximo, en el departamento de la torre Le Parc. Este movimiento contribuye a la idea de Palmaghini de que las constantes observaciones de la jueza de San Isidro dificultan la instrucción. El primer antecedente que enervó a la jueza fue cuando, apenas iniciada la pesquisa sobre la computadora de Nisman, Arroyó Salgado solicitó que ésta se interrumpiera ante la supuesta novedad de que el aparato se había encendido tras la muerte del fiscal.
La relación con Fein tampoco es la mejor porque Palmaghini descree de ciertos métodos que utiliza la fiscal en sus pesquisas. Esas observaciones no son reprobatorias sino que por momentos consideran el accionar de la fiscalía como "anticuado". Casi desde el segundo día del caso ambas se comunican a diario. Son contactos concretos en los cuales la jueza da su punto de vista y propone medidas. Por lo general a los pocos minutos de esa llamada diaria Fein recibe por escrito las recomendaciones de la jueza, quien al día siguiente repasa ese documento y vuelve a contactar a la fiscal para conocer el estado de sus recomendaciones. Una burocracia agotadora que se complementa con la cantidad de información documental y con otros datos sensibles: no por nada Palmaghini sólo le pidió a Ricardo Lorenzetti que le envíe una caja fuerte para su juzgado.
Palmaghini ya respaldó una vez a Fein. La jueza entiende que los planteos de Arroyo están mal formulados y que para remover a un funcionario se debe alegar concretamente un temor de parcialidad fundado. Si Arroyo Salgado discrepa con la pesquisa, debería formular otro tipo de pedido.
La relación de Arroyo Salgado con Fein habría registrado su primera hostilidad luego de que la jueza interpretara que Fein no cumplió con su palabra cuando interrogó al espía Antonio "Jaime" Stiuso. Supuestamente Arroyo Salgado podría presenciar ese interrogatorio al exgerente de la clandestinidad. Si bien Fein tiene sus dudas respecto de la relación de la jueza con su exmarido, tiene muy claro el vínculo de ésta con el espía, especialmente desde que Stiuso le confirmara, en ese interrogatorio, su participación en episodios de la vida familiar del matrimonio. Mientras, Arroyo Salgado insiste con que sólo conocía a Stiuso en el plano de lo social.
La Corte Suprema observa la trama a una distancia calculada, más aún desde que las denuncias de Arroyo Salgado corrieron el eje hacia el accionar de los peritos del Poder Judicial, que dependen del máximo tribunal. En esas alturas se escucharon cuestionamientos a la decisión de la jueza de exponer a su equipo de peritos en un teatro del Gran Buenos Aires así como también del pedido a la titular de la Defensoría General, Stella Maris Martínez (Justicia Legítima), para convocar observadores internacionales.
El oficialismo, por su parte, está pendiente de la audiencia de hoy a la espera de que el caso mantenga el ritmo actual, sin sobresaltos ni giros que obstruyan el camino hacia la carrera presidencial. Si bien Fein ha sido fustigada en las mañanas por funcionarios del Gobierno, nunca dejó de ser recibida por las tardes por Alejandra Gils Carbó.
El oficialismo además está abocado a los otros desencadenantes, como la denuncia de Nisman contra Cristina de Kirchner y funcionarios de su administración que la Cámara Federal desestimó. El fiscal general Germán Moldes observa el almanaque para calcular si su planteo para que ese caso reviva tiene chance. Según su pálpito precisa que el caso llegue a la Casación Penal federal en el mes de mayo, único atajo para eludir al fiscal Javier De Luca (que difícilmente sostenga su apelación) y a la fiscal Gabriela Baigún. Por cierto: Baigún ayer definió que ella sostiene la posición de la defensa para remover a Claudio Bonadío del affaire Hotesur. Una doctrina de la Casación sostiene que si la defensa y la fiscalía de Cámara coinciden, ya no es necesario abrir debate y se debe remover al juez. Definirá la Sala I que integran Luis Cabral y Ana María Figueroa, los mismos camaristas que tienen que fallar sobre la legalidad del pacto con Irán. En tanto, desde el oficialismo, se intensifican las negociaciones.


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