Noé-Stupía: una amistad auténtica de muchos años

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El pasado 7 de Julio se inauguró en el Centro Cultural Borges la muestra «Me arruinaste el dibujo!» de Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía. Dos baluartes del arte argentino se juntan para discutir y dialogar sobre el dibujo. Realizan ésta conjunción con obras compartidas y realizadas por ambos. De ésta conjunción con obras compartidas y realizadas por ambos. De ésta manera, se da un juego muy simpático con todo el bagaje cultural de éstos dos grandes artístas en un idea y vuelta, produciéndose una batalla intelectual entre dos grandes amigos.

Noé y Stupía son además, los creadores del proyecto «La Línea Piensa» también en el Centro Cultural Borges, que desde 2007 ambos están llevando a cabo para presentar los dibujos de artistas que no están reconocidos en el ambiente cultural del «establishment» y que necesitan un estímulo para difundirlo. Desde sus primeras exposiciones en 1973, Eduardo Stupía (Buenos Aires, 1951), ha realizado una larga trayectoria especializada en el dibujo, que ya cuenta con numerosos reconocimientos. Entre otras distinciones, obtuvo en 1999 el Primer Premio del Salón Municipal de Artes Plásticas, Dibujo, y al año siguiente el Premio Leonardo al artista del año, en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 2006, realizó una retrospectiva consagratoria en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta; en 2007, recibió el Gran Premio Salón Nacional, y su obra ingresó al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), expuso en «Perspectivas in Latín American Art, 1930-2006», donde se presentó una selección de nuevas adquisiciones del arte de la región.

Stupía estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Comenzó a exponer en 1973 en la legendaria galería Lirolay, donde surgieron muchos de nuestros mejores artistas. Refiriéndose a su trayectoria, comentó «... tenía un anclaje bastante figurativo, académico. Luego, me apegué mucho al surrealismo, a los dibujantes pop de la historieta de los 60 y 70, así que mi dibujo era muy fantasioso y muy independiente de cierta iconografía de la época. Eso se fue convirtiendo en un dibujo bastante abigarrado que es típico de mi obra en esa época. Para Stupía es fundamental la técnica entendida como una herramienta a desarrollar hasta superarla como recurso y oficio.» Cuando pasó al lápiz, a la carbonilla y al grafito no es un objetivo meramente técnico sino un salto conceptual, poético. Yo podía seguir con la tinta, que era como pertrecharse en lo seguro. Pero son materiales con una poética distinta. No se trata de agregar un detallito. Es comenzar a trabajar con otros materiales, pasar del grafito al pastel, al óleo y de ahí inmediatamente al esmalte sintético, al acrílico y entonces al color».

Aunque su paleta proviene del blanco y negro, Stupía reconoce su afinidad conceptual con Noé: «Mi afinidad con él responde a un lenguaje no representativo, el lenguaje en sí mismo y las tensiones fuertes dentro de la tela. Yo no trabajo una paleta con alteraciones y convulsiones tan grandes. Mi paleta proviene del blanco y negro». La angustia, la pasión por la existencia y el ritmo de una vitalidad en permanente transformación, son rasgos distintivos de la obra de Luis Felipe Noé (1933), quien polemiza con la historia a través de formas barrocas, gamas de color encendido, y espacios de contienda visual. El devenir vital del artista, su abandono y recuperación de la pintura como forma de expresión, su encuentro con el caos y su profundización en el mismo son momentos en la producción de artista tan apasionado como reflexivo, autor de libros como Antiestética, 1965, La sociedad colonial avanzada, 1971.

«Mi tema es el caos», ha repetido una y otra vez, proclamando siempre la insoslayable necesidad de asumirlo. Sin embargo, demuestra que asumir el caos no es disolverlo sino acrecentarlo, pero que solamente acrecentándolo puede ser asumido. Porque se trata de un proceso cultural de rechazo de un orden y búsqueda de otro, y es por lo tanto un proceso continuo, sinuoso y abierto, donde alternan el azar y la necesidad, la duda y la certeza, el ansia y el prejuicio. Coincide con la formación del grupo de la Nueva Figuración, que comparte con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega.

Según Noé: «(...) Otra figuración no es otra vez figuración (...) el hombre de hoy no está guardado detrás de su propia imagen. Está en permanente relación existencial con sus semejantes y las cosas. (...) Las cosas no se confunden en sí sino que se confunden entre sí. Creo en el caos como valor.

Dentro de ese caos la figura no es en mi obra un elemento casual ni circunstancial. Creo en la revalorización de la figura humana, no en el retorno a la figuración (...)»
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En 1963, el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido por Jorge Romero Brest, organizó una muestra exclusiva y consagratoria para el arte de este grupo de osados jóvenes representantes de un arte poco convencional y agresivo para con las tradiciones. Noé se lanza entonces a derribar límites para alcanzar la «visión quebrada».

Para el artista dibujar es un pensamiento lineal: «Una línea lleva a otra línea. Así como cada uno conoce lo que piensa en la medida que lo está pensando, uno sabe lo que dibuja en la medida que está dibujando. (...) Dibujar es desenrollar una madeja tirar de un hilo, o sea de una línea», señaló a fines de los setenta en Aproximaciones al dibujo. Como lo mencionamos anteriormente Noé, junto a Stupía, dirige la curaduría de «La Línea Piensa», un programa de exposiciones en el Centro Cultural Borges, un proyecto que apoya propuestas vinculadas con el lenguaje de la línea como forma de búsqueda, pero abiertas a retóricas diferentes, líricas, satíricas o políticas: todas en torno al dibujo.

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