11 de enero 2016 - 00:00

Ola de vandalismo obliga a Merkel a dar marcha atrás en política de asilo

El movimiento de ultraderecha Pegida, opuesto a la supuesta “islamización de Occidente”, salió a la calle ayer en Colonia para pedir la renuncia de Angela Merkel. Esa ciudad sigue impactada por la ola de agresiones sexuales de fin de año.
El movimiento de ultraderecha Pegida, opuesto a la supuesta “islamización de Occidente”, salió a la calle ayer en Colonia para pedir la renuncia de Angela Merkel. Esa ciudad sigue impactada por la ola de agresiones sexuales de fin de año.
 Berlín - Angela Merkel se veo obligada a restringir su política de apertura a los refugiados ante la conmoción en Alemania por las agresiones de fin de año, que amenaza con poner a la opinión pública en su contra.

"Colonia lo cambió todo, la gente duda", resumió Volker Bouffier, uno de los líderes del partido conservador CDU de la canciller.

Por su parte, el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, declaró al popular diario Bild en su edición de ayer que "cuando semejante horda se junta para infringir la ley, parece que fue algo planificado de una u otra manera. Nadie me hará creer que esto no fue coordinado o preparado".

La Policía de Colonia (oeste de Alemania) indicó ayer que el número de denuncias por agresiones ocurridas en la noche del 31 de diciembre aumentó a 516, de las cuales alrededor del 40% corresponden a ataques de índole sexual. Por el momento se identificó a 19 sospechosos, precisó la Policía.

Mientras tanto, en Hamburgo se registraron al menos 133 denuncias por agresiones similares ese mismo día.

La opinión pública cuestiona las decisiones de la canciller porque, aunque por ahora no se determinó la responsabilidad de los refugiados en lo ocurrido, la Policía de Colonia reveló el sábado que los sospechosos de las agresiones sexuales a mujeres eran "en gran parte" refugiados e inmigrantes ilegales del norte de África.

En el congreso anual de diciembre, Merkel había logrado apaciguar los ánimos en su partido, enardecidos por la política aplicada, pero ahora tiene que ceder a los partidarios de una mayor firmeza.

El último fin de semana anunció un endurecimiento del régimen de expulsiones de los solicitantes de asilo o de los refugiados condenados por la Justicia, aunque sea a penas en suspenso, e insistió en su "deber de integración".

Su ministro del Interior, Thomas de Maizière, quiere reforzar la presencia policial en las calles y aumentar las cámaras de videovigilancia. Incluso entre los socialdemócratas, el principal socio de la coalición gubernamental, hay partidarios de endurecer el arsenal legislativo contra los solicitantes de asilo que infrinjan la ley.

"No es prematuro hablar de giro", declaró Andreas Rödder, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Maguncia.

El Gobierno alemán sigue negándose a cerrar las fronteras o a limitar arbitrariamente el número de migrantes autorizados a entrar, pero en las últimas semanas recortó el derecho de asilo.

Su objetivo es hacerlo menos atractivo para los candidatos de Medio Oriente, Afganistán o el norte de África, y descartar a los procedentes de países considerados seguros.

Desde las agresiones de Colonia, el lema "lo lograremos" de la canciller dio paso a declaraciones más duras. "Después del período de brazos abiertos es hora quizá de cambiar de rumbo. Ahora se trata de expulsión, de endurecimiento de la ley. Lo ocurrido en Colonia tiene una dimensión realmente política", declaró Tilman Mayer, politólogo de la Universidad de Bonn, a la televisión pública Phoenix.

Agencias AFP y ANSA

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