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Oposición debate pacto para sesionar en 2011
Elisa Carrió
Pero como el instinto de supervivencia a veces puede más, los bloques opositores idearon un nuevo acuerdo en Diputados para iniciar las sesiones desde marzo: se estableció un compromiso entre el macrismo, la Coalición Cívica, el radicalismo, el socialismo y el Peronismo Federal, de sesionar al menos dos veces por mes para debatir proyectos consensuados y dejar los temas en conflicto para sesiones especiales donde la suerte quedaría echada a conseguir o no el quórum. A esa estrategia de alguna forma también podía aportar el kichnerismo.
Hasta hace un mes, ese acuerdo opositor parecía evitar que la sociedad de los bloques opositores siguiera desgranándose y un funcionamiento civilizado del Congreso. La única condición sería, entonces, que se respetara una agenda de temas acordados por encima de las peleas en temas como el INDEC o la derogación de los superpoderes, guerras que quedarían reservadas para las sesiones especiales.
Pero con la denuncia de Elisa Carrió sobre las supuestas negociaciones del radicalismo con el Gobierno para aliviar la presión en la frustrada votación del Presupuesto 2011, el panorama comenzó a cambiar.
En realidad, los recelos dentro de la oposición no desaparecieron desde ese día. Los cambios en la conducción de la UCR en el bloque de Diputados tampoco ayudaron. La salida de Oscar Aguad, cobista y con un perfil más duro contra el Gobierno, de la conducción y su reemplazo por Ricardo Gil Lavedra, dejó en suspenso algunas definiciones.
Desde el macrismo y el Peronismo Federal reconocen que recién ahora detectan que Gil Lavedra comenzó a tomar un perfil más duro contra el oficialismo, cuando al principio le asignaban un rol más dialoguista.
No ayudó a esa imagen el hecho de que el recambio en el bloque se hubiera producido justo el mismo día de la denuncia de Carrió y con un presidente de bloque saliente que se negaba a colaborar con el quórum por otro, seguidor de Ricardo Alfonsín, que sostenía la necesidad de bajar a debatir el Presupuesto 2011.
Con ese escenario, los bloques opositores arrancarán el 1 de marzo, cuando comiencen las sesiones ordinarias, y deberán soportar presiones variadas desde el Gobierno. Por ejemplo, los pedidos que llegarán desde la Casa Rosada para que se habiliten las autorizaciones al Poder Ejecutivo para contraer deuda, un trámite necesario al no haber aprobado el Presupuesto.


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